Recordando y Confesiones desde la verdad
especiales

Recordando a..., la nueva sección televisiva de Aurelio Prieto Alemán, complementa su Confesiones de Grandes y demuestra el amor sostenido por la historia, tan necesaria siempre y ahora más en tiempos tan difíciles en el planeta, fustigadores de nuestra patria también. El autor no se anuda a la pintoresco, expresa su verdad y la de los protagonistas que no tienen por qué coincidir.
Lo conocí cuando daba sus primeros pasos en la profesión escogida. Mostraba interés, talento, entrega. De sus escritos de entonces, jamás olvidaré el que vio la luz en Tribuna de La Habana, rotativo en el cual yo ejercía la jefatura de la página de deportes. El texto armó cierto alboroto al pedirle la bola a uno de los más grandes peloteros cubanos de todos los tiempos: Braudilio Vinent. Llamadas telefónicas, hasta misivas que ponían en solfa “...a ese muchachito que no sé de dónde salió que se atreve a retirar a una estrella”.
Precisamente el novel comentarista reflexionaba para que la estrella no terminara opacado, al agregar números negativos a su excelente hoja de servicios. Igual le había pasado a Babe Ruth y le ocurriría a Emilio Correa. Hablando de boxeo; lo peor en cualquier profesión es la baja en el último round: suele adueñarse de las mentes. No retirarse a tiempo conduce al ridículo y proporciona el nocao material y espiritual.
El otro valor en Prieto Alemán desde sus inicios es algo imprescindible en un ser humano: poseer opinión propia en cualquier aspecto de la existencia y no esconderla, aunque choque con una roca. Claro, debe estar basada en pruebas, en hechos, en pensamientos a partir de ellos y no en el ensueño, alejada de un estudio profundo. En Confesiones… jamás cortó los planteamientos de los entrevistados, doliera a quien le doliera. Es más: fue a la interpretación. Algunos individuos le acusaron de dañar. Los invitó a manifestarlo en una entrevista por TV. Nunca acudieron.
Han pasado muchos años. Sin embargo, un amigo mío se preocupó ante las palabras de Ariel Hernández, doble campeón olímpico en los 75 kilos de Barcelona 1992 y Atlanta 1996, en relación con Alcides Sagarra. Ya las había expuesto en Confesiones. “¿Por qué las reiteró ahora?”, me señaló.” Era necesario. Esconder las realidades, aun los criterios, aunque no estemos de acuerdo plenamente es igual a ocultar la suciedad debajo de una alfombra. Un día surgen convertidas en un monstruo arrasador”, le respondí.
En cuanto a las personalidades, como en la cuestión atlética de referencia, aunque debe estar presente en cualquier sector, Martí traza una línea: prohibido agregar cualidades a los famosos. Hasta pedía el cadalso a quien lo realizara. Uno de sus grandes alumnos no en balde aprendió a leer en La Edad de Oro, el héroe internacionalista Pablo de la Torriente Brau, señalaba que el ser humano perfecto no existe. El púgil admiraba a Alcides como creador de la Escuela Nacional de Boxeo, pero señalaba que con él se equivocó al no dejarlo pasar a la división inmediata superior. “Yo podía darle a Cuba otras medallas de oro olímpicas en los 81 kilos”. Fíjense que expresa darle a Cuba nuevas glorias y no se queda en lo personal.
Voy a opinar sobre el caso: el magnífico entrenador se equivocó y lo voy a definir en una próxima edición.












Añadir nuevo comentario