Nostalgia sobre la red
especiales

Morenas del Caribe, imborrable legado.
Hubo un tiempo en que el voleibol femenino en el mundo tenía marcado acento cubano. Los saltos, remates y bloqueos de las Espectaculares Morenas del Caribe formaban parte del plan de entrenamiento de las chicas en todos los rincones del planeta.
Las canchas de gimnasios y arenas reverberaban al ritmo de un grupo de jugadoras que más que un equipo, eran una leyenda viviente, haciendo realidad los sueños de millones de seguidores dentro y fuera de su país, admirados no solo por su enorme talento, sino por su coraje, destreza, gracia y entrega, porque se convirtieron en un paradigma de excelencia.
Sin embargo, luego del retiro de Yumilka Ruiz la camagüeyana parece haberse llevado con ella toda esa magia, y el deporte de la malla alta vive un letargo que duele, no solo por los pobres resultados, sino porque ha sido muy poco el talento visto después.
Acabamos de vivir otra actuación pobre en el torneo continental sub-17 que todavía se disputa en Costa Rica, una presentación tan gris como las que llevamos sufriendo en las dos últimas décadas, en las que muy pocos rayos de esperanza han acompañado al voly femenino cubano.
Otrora cuajado de calidad, en estos últimos 20 años hemos visto brillar a Melissa Vargas y poco más. Lo poco bueno se ha perdido por el camino, y lo peor es que no se ve la luz al final del túnel.
Los responsables no se han cruzado de brazos y probaron con todo lo posible, desde abrir el abanico de las contrataciones en clubes foráneos hasta dejar a las propias Morenas en diferentes puestos de dirección para que irradiaran su ejemplo, pero nada ha funcionado.
Ahora apostamos por un entrenador extranjero, y ojalá sea ese el paso correcto, pero además de que llevará tiempo de trabajo, no se ve realmente el material para trabajar con él y forjar un relevo digno de esas generaciones doradas que se reúnen a cada rato para rememoran viejas glorias.
Cuánto quisiera que el motivo fuera festejar un nuevo triunfo y no solo evocar con nostalgia sus tiempos de gloria, pero de momento es lo que hay.
Extraño en los rectángulos esas miradas decididas, esos brincos que desafiaban la gravedad, cuando un simple remate podía hacer temblar el suelo y cada golpe de balón resonaba como un canto, un himno de fuerza y determinación labrado a base de sacrificio y disciplina.
Ya las rivales no sienten el impacto de esas Morenas, que cada vez que se alineaban para un partido dejaban una sombra de respeto y miedo sobre el equipo contrario. Sabían que estaban a punto de enfrentarse a un fenómeno cultural, a un estilo de juego que desbordaba pasión, porque en esos momentos el voleibol se convertía en un arte y cada set era una obra maestra.
¡Cuánta nostalgia sobre la red!












Añadir nuevo comentario