Mustelier, más allá de la imitación

Mustelier, más allá de la imitación
Fecha de publicación: 
8 Enero 2021
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Carisma y jovialidad pueden ser dos de los rasgos distintivos de Ramón Mustelier, actor a quien conocimos y aplaudimos por su gran facilidad para imitar voces; no obstante, esas aptitudes le han permitido desarrollar su trabajo hasta lograr una singular relación con el espectador a través de espectáculos unipersonales donde la sátira y la parodia adquieren en él especial matiz.

Pero justamente como la imitación fue la primera puerta que felizmente cruzó, sobre ello iniciamos esta conversación: “El arte de la imitación está en deuda con el humor cubano y esto es una realidad no solo privativa de Cuba, por el contrario, es un fenómeno bastante global. Sucede que la imitación es un quehacer limitado porque, por una parte, no todas las personas poseen las condiciones y dotes histriónicas necesarias para ello.

“Por otra parte, la imitación contempla una gama muy amplia de posibilidades: se logra imitar animales, sonidos, voces de intérpretes y otras no cantadas, o sea, que la realidad misma impone las exigencias, y el solo hecho de hacerlo ya contiene un hecho humorístico. Ahora, si además se logra incluir otros ingredientes como el chiste, el absurdo, a fin de lograr la parodia, pues resulta entonces mucho más entretenido y complejo el acto de imitar”.

La imitación es uno de los elementos nucleares del espacio El motor de arranque, y es la sección que corre a tu cargo. ¿Cómo es la relación con las personas que se presentan en ella?

–Ante todo me satisface estar cerca de los imitadores porque sé cuán difícil resulta hacer reír desde esa arista del humorismo, pues te quedas frente a una línea muy frágil que, de no cruzarla con cuidado, del otro lado te espera con los brazos abiertos el ridículo para hacer el ridículo. Sin embargo, cuando se logra hacerlo con dignidad es de los actos de humor que más rápido arrancan la sonrisa.

“En este caso, en El motor… la relación con las personas que se presentan es muy sencilla, siempre digo: cuando estoy junto a los imitadores debo darles la oportunidad porque se están iniciando. Mustellier, en ese caso, solo es un modulador entre ellos, pues el objetivo es darlos a conocer, que la gente pueda apreciar la carrera que muchos comienzan y ojalá continúen. En ese camino que es como todo en el arte, una aventura yo estaré allí para ayudarlos”.

Siguiendo por el rumbo de El motor de arranque, ¿cómo asumes el regreso de este espacio luego de una década?

–Cualquier proyecto es especial, aun cuando lo hayamos realizado, en el caso del programa El motor de arranque ya existió en un primer momento en el Canal Habana, pero ahora llega para transmitirse en un canal estelar como Cubavisión, con un mejor aparataje tecnológico, más preparación de guiones, de dirección y de trabajo cohesionado entre las especialidades. Es también diferente en cuanto a ambientación, y todo esto exige una calidad de realización mayor porque ya tenemos una experiencia anterior, no obstante, es importante destacar que la esencia de divertimento del programa se mantiene como eje central.

“El motor de arranque es un programa-locura en la que nosotros somos parte de esa gran parodia. Constantemente nos estamos midiendo ante la reacción a cada situación. Existe un guion cuya esencia se respeta, pero todos tenemos la posibilidad y la responsabilidad de asumir la improvisación como ejercicio de comunicación, o sea, que El motor… es una propuesta loca cuerdamente pensada”.

Y pensados también están algunos proyectos por venir para el incansable Muste, como cariñosamente se le conoce: “proyectos siempre hay, por ejemplo, en la más reciente programación de verano hice un programa de Roberto Arada que conducía Marino Luzardo por el Canal Educativo, y donde todo no era imitación. La pasamos muy bien, queremos retomarlo para la próxima temporada estival, así que nos prepararíamos para otro paquete de él, porque en lo particular no soy muy dado a los espacios habituales. Los prefiero así, una entrega, terminamos, nos damos una refrescada y nos preparamos mejor para el venidero encuentro con el público.

“Es que el humor, imagino que igual ocurra con otras manifestaciones del arte, pero en particular el arte de hacer reír, necesita mucho tiempo de preparación y todo el tiempo de ocupación. En lo particular, es para mí el medio más eficaz y eficiente para satirizar, dar ideas o ayudar a mejorar ciertas cosas serias que comparto a la vez que provoco una sana sonrisa”.

 

 

 

 

 

 

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