¿Mamá y a mí cuándo me toca la vacuna?
especiales

Niños que participan en el ensayo clínico de Soberana Pediatría en LaHabana en el Hospital Pediatrico Docente Juan Manuel Marquez.
Mis hijos ya saben que comenzaron los estudios en niños de una de las vacunas cubanas contra la Covid 19. Debaten entre ellos. Yo solo escucho mientras escribo de algún tema en el que no me va la vida y ellos, como siempre, me dan lecciones inigualables.
En algo están de acuerdo: tienen muchas ganas de que les toque el pinchazo. Las motivaciones son diferentes: él para salir a jugar sin preocupaciones, ella para volver a la escuela.
¿Y Naná? La primita de Matanzas que tiene dos años. ¿Y Marcela? La más pequeñita de la familia que aún no cumple el año. Lo tienen muy claro mis sabiondos: a ellas no las inyectarán porque son muy chiquitas, pero ya los adultos están vacunados, cuando ellos igual se protejan del coronavirus, las bebas no tendrían por qué enfermarse "así que cuando nos vacunamos las estamos cuidando también", concluyeron.
Él dice que le asusta un poco, porque es alérgico. Ella le explica que sus alergias no tienen nada que ver porque no son al timerosal, ni está "en crisis" hace rato, pero de todas formas los médicos le preguntarán todo a mamá. Él se muestra más confiado, tiene razones ¿tú sabes cuántas vacunas yo me he puesto desde que nací y nunca me ha pasado nada? Ella lo sabe, lo ha vivido en carne propia, o en hombro propio (se ríen).
Mamá ¿cuando nos toca la vacuna? Ya se tardaban en incluirme en el debate. No sé exactamente cuándo, pero confío en que sea pronto. Les muestro los posts de Facebook sobre los menores de edad que ya forman parte del ensayo clínico en el Hospital Juan Manuel Márquez, les leo parte de una nota de prensa que cuenta cómo los reciben con payasos y mucha alegría, para aliviar los nervios, que son normales.
Pregunto si le tienen miedo al pinchazo. Ellos me juran que no aunque yo sé que sí. Ellos insisten: ¿cuando nos toque tú nos vas a dejar, verdad? Por supuesto, si de algo estoy segura, es de que los niños son el tesoro más preciado de Cuba, pero ahí se detuvo mi discurso motivacional, porque ellos lo saben todo: somos la esperanza mamá, somos lo más sagrado.
Solo me queda darles la razón y mostrarles como argumentos las marcas que llevo en cada hombro y que ellos también completarán, confirmarles que desde recién nacidos comenzaron a beneficiarse de un programa de inmunización que incluye 12 vacunas, varias creadas y producidas en Cuba. No puedo evitar hablarles de Fidel y su amor por los niños y su fe en la ciencia cubana. Entonces aparece otro acuerdo: de eso se trata, de tener fe en la ciencia cubana.












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