Los felices 80 de Loipa Araújo

Los felices 80 de Loipa Araújo
Fecha de publicación: 
27 Mayo 2021
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Fotos: Archivo personal de la artista.

Loipa Araújo cumple este jueves 80 años. Y los celebra en la más luminosa plenitud. Los celebra trabajando en lo que sabe y ama: formando bailarines, impartiendo clases, tomando ensayos, estudiando y reflexionando sobre un arte al que ella ha entregado mucho. Y todavía tiene mucho que ofrecerle.

Ella, que fue una excelente bailarina, de proyección internacional, es ahora una de las más importantes maestras del mundo del ballet. Es respetada y admirada por grandes bailarines, coreógrafos, críticos y profesores. Célebres compañías reclaman su presencia. Estrellas internacionales le agradecen sus consejos. Y ella, a todas luces, es una mujer realizada. Probablemente extrañe los escenarios, pero su vínculo permanente con la danza la mantiene activa, creativa, expectante.

En su larga y pródiga carrera Loipa protagonizó las principales obras de la gran tradición del ballet, los clásicos de toda la vida, a los que sumó roles esenciales del repertorio cubano e internacional del siglo XX. Era una bailarina de amplísimo espectro. Y esa versatilidad, en una artista de un exquisito dominio estilístico —su caso—, es una gran virtud. Loipa nunca asumió la danza por estancos.

Tiene que ver con una vocación integradora, cosmopolita, que la ha definido siempre. Cuestión de sensibilidad, de curiosidad intelectual, de inquietudes... Bailó sobre puntas y con los pies descalzos. Se ciñó a las pautas estrictas de una técnica, "fluyó" por los cauces de una escuela... y también se "contaminó" con otros referentes.

Ella se formó con los grandes maestros del ballet cubano. Gran privilegio, por ejemplo, el de tomar la misma clase de Alicia Alonso, impartida por Fernando. Escuchando a Alberto o a Fernando, viendo a Alicia, compartiendo con otros maestros y con sus compañeros se fue sedimentando un patrimonio.

Pero ella no se conformó con esa herencia. En un momento buscó nuevas experiencias, se desafió, se arriesgó... Con Roland Pétit y Maurice Béjart afloraron nuevos matices de esa extraodinaria personalidad escénica. Desde las románticas evocaciones del Grand Pas de Quatre (que tantas veces bailó junto a Mirta, Josefina y Aurora, joyas las cuatro del ballet en Cuba), pasando por el lirismo de la princesa cisne o por la picardía de una muchacha que se hace pasar por muñeca, hasta la poesía raigal de Las intermitencias del corazón... Loipa brilló sobre los escenarios. Como ahora brilla en los salones de las grandes capitales de la danza mundial. Sin ella no se puede escribir la historia del ballet en Cuba, en América. Ella es historia viva.

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