Juan Pablo I proclamado beato

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Juan Pablo I proclamado beato
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Fecha de publicación: 
4 Septiembre 2022
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El papa Francisco beatificó hoy a Juan Pablo I, Albino Luciani, en una multitudinaria misa en la Plaza San Pedro, en la que dijo que el nuevo beato vivió "en la alegría del Evangelio, sin compromisos, amando hasta el extremo".
   
Un gran aplauso se elevó entre la multitud de fieles -unos 25 mil, según la prensa vaticana- cuando el pontífice pronunció la fórmula para la beatificación y mientras se develaba el tapiz en la fachada de la Basílica de San Pedro con el retrato de Luciani realizado sobre el cuadro del artista hiperrealista chino Yan Zhang.
   
La fiesta del nuevo Beato será el 26 de agosto, día de la elección, en 1978, del Papa Juan Pablo I.
   
Tras la petición de beatificación realizada por el obispo de Belluno-Feltre, monseñor Renato Marangoni, y la biografía del nuevo beato leída por el postulador de la causa, el cardenal Beniamino Stella, el Papa pronunció, en latín: "Nosotros, aceptando el deseo de nuestro hermano Renato Marangoni, obispo de Belluno-Feltre, de muchos otros hermanos en el Episcopado y de muchos fieles, después de haber recibido la opinión del Dicasterio de las Causas de los Santos, con nuestra autoridad apostólica concedemos que el venerable siervo de Dios Juan Pablo I, Papa, sea llamado desde ahora Beato y que se celebre cada año en los lugares y según las reglas establecidas por la ley, el 26 de agosto. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo".
   
Francisco sostuvo que Luciani "encarnó la pobreza del discípulo, que no es sólo desligarse de los bienes materiales, sino sobre todo vencer la tentación de ponerse en el centro uno mismo y buscar la propia gloria".
   
Al contrario, "siguiendo el ejemplo de Jesús, fue un pastor manso y humilde. Se consideró a sí mismo como el polvo sobre el que Dios se dignó escribir", subrayó.
   
Después de la proclamación, la reliquia de Juan Pablo I fue llevada al altar en el cementerio del Vaticano, un escrito autografiado por él. Se trata de una hoja blanca que data de 1956 (9,3 x 15,3 cm), en el que hay un esbozo de reflexión espiritual sobre las tres virtudes teologales -fe, esperanza y caridad- que recuerda el Magisterio de las audiencias generales de los días 13, 20 y 27 de septiembre de 1978. La reliquia procede del Archivo Privado Albino Luciani, patrimonio de la Fundación Vaticana Juan Pablo I.
   
El relicario (32 x 40 cm) es una obra concebida y realizada por el escultor Franco Murer. Consta de una base de piedra procedente de Canale d'Agordo (Belluno), ciudad natal de Juan Pablo I. La piedra está rematada por una cruz tallada en madera de nogal derribada por el temporal "Vaia" en la noche del 29 al 30 de octubre de 2018.
   
La sobrina del Papa Luciani, Lina Petri, llevó la reliquia al altar, mientras otros miembros de la familia y personas cercanas a él agregaron velas encendidas.
   
Tras la ceremonia, Jorge Bergoglio saludó a las delegaciones oficiales presentes en el homenaje, entre quienes se encontraba el presidente italiano, Sergio Mattarella.
   
"Saludo a las delegaciones oficiales reunidas aquí para rendir homenaje al nuevo beato. Mi saludo deferente se dirige al Presidente de la República Italiana y al Primer Ministro del Principado de Mónaco", expresó.
   
Tras la beatificación, el Papa volvió a pedir una plegaria por la paz, una cuestión en la que insiste cada vez que recita el Angelus.
   
"Y ahora nos dirigimos en oración a la Virgen, para que obtenga el don de la paz en todo el mundo, especialmente en la atormentada Ucrania", dijo.
   
Luego, advirtió contra quienes se presentan como "salvadores" y pidió seguir siempre el camino de Dios.
   
"Se puede ir en pos del Señor por varios motivos y algunos, hay que admitirlo, son mundanos: detrás de una perfecta apariencia religiosa se esconde la mera satisfacción de las propias necesidades, la búsqueda del prestigio personal, el deseo de desempeñar un papel, de ocupar las cosas bajo control, el deseo de ocupar espacios y obtener privilegios, la aspiración a recibir reconocimiento y más. Esto sucede hoy, entre los cristianos. Uno puede llegar a explotar a Dios para todo esto.
   
Pero no es el estilo de Jesús. Y no puede ser el estilo del discípulo y de la Iglesia", advirtió.
   
En ese sentido, exhortó a una Iglesia "con el rostro alegre, el rostro sereno y sonriente, el que nunca cierra las puertas, el que no agria el corazón, el que no se queja y no alberga rencores, el que no se enfada ni se impacienta, el que no se presenta de forma sombría, el que no sufre de la nostalgia del pasado, cayendo en el 'atraso'".
   
"Oremos a este padre y hermano nuestro, pidámosle que obtenga 'la sonrisa del alma', la transparente, la que no engaña; pidamos, con sus palabras, lo que él mismo solía pedir: 'Señor, tómame como soy, con mis defectos, con mis faltas, pero haz que sea como tú quieres'", concluyó, citando la audiencia general del Papa Luciani del 13 de septiembre de 1978. 

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