Fayad Jamís en la memoria (+ OBRAS Y POEMAS)

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Fayad Jamís en la memoria (+ OBRAS Y POEMAS)
Fecha de publicación: 
27 Octubre 2020
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En Fayad Jamís confluyeron disímiles culturas: madre mexicana, padre cubano libanés. Él mismo nació en México, pero vino a Cuba siendo niño y cubano se supo y se sintió toda la vida. Ahora en todas sus biografías se puede leer: poeta, pintor, diseñador, periodista y traductor cubano.

Noventa años se cumplen del nacimiento de este artista múltiple, un hombre que falleció en su plenitud creativa y que fue protagonista de momentos esenciales de la cultura cubana en Revolución.

Y de antes, incluso. Egresado de la Academia de San Alejandro, integró grupos que renovaron en buena medida las artes visuales en el país. Fue, de hecho, un referente del arte abstracto en Cuba.

Grandes figuras se identificaron con su obra, es el caso del escritor André Bretón, que fue un gran admirador en los tiempos en que Jamís vivió en Francia durante la década de los cincuenta.

Pero como a muchos, la Revolución lo atrajo como imán. En 1959 regresó a Cuba y se enroló en un movimiento cultural sin precedentes. Escribió poemas, diseñó carteles, pintó y expuso, hizo periodismo en importantes publicaciones, y fue maestro de varias promociones de artistas.

Casa de las Américas fue uno de sus templos. Y allí se atesora una importante colección de su obra.

Algunos de sus versos se hicieron célebres, como aquel: «Con cuantos palos que te dio la vida...» Fayad Jamís es uno de los más completos intelectuales cubanos de la segunda mitad del siglo XX. Cuba le ha rendido homenaje merecidísimo a noventa años de su nacimiento. Su obra lo ubica entre los imprescindibles.

 

TRES  POEMAS

 

CON TANTOS PALOS QUE TE DIO LA VIDA

Con tantos palos que te dio la vida
y aún sigues dándole a la vida sueños.
Eres un loco que jamás se cansa
de abrir ventanas y sembrar luceros.

Con tantos palos que te dio la noche
tanta crueldad y frío y tanto miedo
eres un loco de mirada triste
que sólo sabe amar con todo el pecho.

Construir papalotes y poemas
y otras patrañas que se lleva el viento.

Eres un loco de mirada triste
que siente cómo nace un mundo nuevo.

Con tantos palos que te dio la vida
y aún no te cansas de decir: te quiero. 

POR ESTA LIBERTAD

Por esta libertad de canción bajo la lluvia
habrá que darlo todo

Por esta libertad de estar estrechamente atados
a la firme y dulce entraña del pueblo
habrá que darlo todo
Por esta libertad de girasol abierto en el alba de fábricas
encendidas y escuelas iluminadas
y de esta tierra que cruje y niño que despierta
habrá que darlo todo
No hay alternativa sino la libertad
No hay más camino que la libertad
No hay otra patria que la libertad
No habrá más poema sin la violenta música de la libertad

Por esta libertad que es el terror
de los que siempre la violaron
en nombre de fastuosas miserias
Por esta libertad que es la noche de los opresores
y el alba definitiva de todo el pueblo ya invencible.
Por esta libertad que alumbra las pupilas hundidas
los pies descalzos
los techos agujereados
y los ojos de los niños que deambulan en el polvo
Por esta libertad que es el imperio de la juventud
Por esta libertad
bella como la vida
habrá que darlo todo
si fuere necesario
hasta la sombra
y nunca será suficiente.

ABRÍ LA VERJA DE HIERRO

Abrí la verja de hierro,
Sentí como chirriaba, tropecé en algún tronco
y miré una ventana encendida, pero la madrugada
devoraba las hojas y tú no estabas allí diciéndome
que el mundo está roto y oxidado. Entré,
subí en silencio las escaleras, abrí otra puerta,
me quité el saco, me senté, me dije estoy sudando,
comencé a golpear mi pobre máquina de hablar,
de roncar y de morir (tú dormías, tú duermes, tú no sabes
cuánto te amo), me quité la corbata y la camisa,
me puse el alma nueva que me hiciste esta tarde,
seguí tecleando y maldiciendo, amándote y mordiéndome
los puños. Y de pronto llegaron hasta mí otras voces:
iban cantando cosas imposibles y bellas, iban
encendiendo
la mañana, recordaban besos que se pudrieron en el río,
labios que destruyó la ausencia.

Y yo no quise decir nada
más: no quiero hablar, acaso en el chirrido
de la verja rompí cruelmente el aire de tu sueño.
Qué importa entrar o salir o desnacer.
Me quito los zapatos
y los lanzo ciego, amorosamente, contra el mundo.

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