De mis recuerdos: Pedazos de cielo devorados

De mis recuerdos: Pedazos de cielo devorados
Fecha de publicación: 
2 Diciembre 2021
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Marzo de 1961. Madruga. El yipi va engullendo la carretera. Disparos sobre el vehículo. Rugen los revólveres Colts, varios fusiles, la ametralladora Thompson. Emboscada de una banda de las muchas formadas, armadas y asistidas por los yanquis. El carro escapa. Adentro, un niño de dos meses se desangra. No hay quien lo salve. Reinaldo Muñiz Bueno Machado será la víctima de menor edad del terrorismo organizado desde lo más revuelto del vecino salvaje contra la patria de José Martí.

Porque es justo que el hombre no busque su deleite
en la selva de sangre de la mañana próxima…
Agonía, agonía, sueño, fermento y sueño.
Este es el mundo, amigo, agonía, agonía.
Los muertos se descomponen bajo el reloj de las ciudades,
la guerra pasa llorando con un millón de ratas grises,
los ricos dan a sus queridas pequeños moribundos iluminados
y la vida no es noble, ni buena, ni sagrada.
Federico García Lorca en Poeta en New York.

Uno que mira al hijo, al nieto, como colosos. El enemigo de la bondad puede hacerlos desaparecer de golpe, ametrallados, o le gana el alma, poco a poco: secuestrados por una camisa vistosa con olor divino, escondrijo de cobras y buitres. Los matan con cigarrillos, polvos blancos, piedras especiales, de ensueños que conducen a la pesadilla. Y la otra droga de la propaganda novelada que, desde endulzadas falacias, trae las fieras.

Lo dice el asesinado en Granada:
Yo tenía un hijo que era un gigante:
pero los muertos son más fuertes y saben devorar
pedazos de cielo…

 
UN AÑO DESPUÉS, TAMBIÉN EN MARZO
 
Andrés Rojas Acosta ha cambiado hacia la melancolía, el miedo; los dolores se lo comen. Metido en sí mismo; más bien, escondido. La sonrisa, extraviada. Camina cual ánade. Conversación a monosílabos, a susurros. No le interesa defender la tercera base ni es deleite la quimbumbia o las bolas.

Nacido el 16 de junio de 1948, desde pequeño, labora duro en su tierra nicolareña. Ayuda en el corral de puercos, guataquea. Encima de su caballo transporta el almuerzo a varios de sus familiares y a otros cortadores; estos les dan algunos centavos en el propio cañaveral. Así se busca la vida. Con el nuevo verdor, tiene nueva misión: conducir a la maestra, sobre el potro, desde la finca El Recurso, en la carretera de San Nicolás a Vegas, hasta el bohío habilitado como colegio, distante varios kilómetros.

Los parientes no le arrancan el terrible episodio vivido aquella tarde. Al desmontar de la cabalgadura y comenzar a arreglar las latas donde están los alimentos… Ruidos. Olor. Carreras. Gritos. Llamas que crecen. Waldemar Hernández le ha prendido fuego al cañaveral. Todavía tiene la tea en la mano cuando descubre al adolescente que se marcha apurado. A empujones lo envía frente aVirgilio Caballero Mantilla, jefe de la pandilla contrarrevolucionaria, y su lugarteniente Rodolfo Álvarez. El principal de esos alzados amenaza al muchacho:

“Si dices una palabra de esto, se las arrancamos a ti y a toda tu gente. Oye, si sigues llevando a la maestrica esa a enseñar el comunismo, te la cepillamos”.

Por eso el ceño fruncido, los nervios de punta, el poco comer, hablar, dormir. Sin embargo, continúa cumpliendo con la profesora. Marzo 13 de 1962. “Quiero decirlo todo ¿Qué será de la familia? Estos tipos son capaces de cualquier barbaridad…” sigue el debate en su mente. “Hoy tal vez…” No se atreve. Con furia rompe la única foto que le han tomado. Ya trasladó a la maestra. Se dirige hacia la cochiquera.

No puede comenzar la tarea. Los energúmenos sobre él. Lo arrastran hacia el monte. Puñetazos, patadas, torturas. Waldemar le rodea el cuello con la soga de amarrar la puerca. Aprieta, aprieta… El bandido confiesa el crimen en el juicio que se le sigue después de apresado. El hecho pesa en la sentencia de pena máxima cumplida. Virgilio había muerto días antes entre bejucos y lodo en un encuentro con las fuerzas revolucionarias. Rodolfo Álvarez consiguió escapar y reside en Estados Unidos.

Retorno a García Lorca:

Debajo de las sumas, un río de sangre tierna:
un río que viene cantando
por los dormitorios de los arrabales
y es plata, cemento o brisa
en el alba mentida de New York…
No,no: yo denuncio,
Yo denuncio la conjura
de estas desiertas oficinas
que no radian las agonías
que borran el programa de la selva…
…¡Oh, salvaje Norteamérica, oh,
impúdica!, ¡oh salvaje,
tendida en la frontera de la nieve!

 

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