De mi padre lo aprendí, un regalo musical de Zaida del Río

De mi padre lo aprendí, un regalo musical de Zaida del Río
Fecha de publicación: 
20 Junio 2021
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Imagen principal: 
Fotos tomadas del Facebook de Cristhian González - Téllez del Río

Y bien que lo merece, porque si usted y yo tenemos hoy estas mujeres pájaros donde posar los ojos ávidos de belleza, si Garciandía pudo pintarnos a todos y todas All you need is love, si Zaida del Río es un nombre en la historia del arte cubano, se lo debemos en parte al guajiro que la llevó a caballo a hacer las pruebas de la escuela de arte.

La historia ella la ha hecho una y otra vez, pero no se cansa de repetirla , en la presentación del fonograma De mi padre lo aprendí, en el que nos encontramos a la Zaida cantora, parecía imposible dejar de evocar aquel día en que fueron juntos para que la hija se presentara a exámenes de canto, sin embargo, solo se ofertaba la especialidad de artes plásticas y él le dijo: "pues haces eso mismo, que no podemos perder el viaje".

Pero el cuento no acaba ahí, por supuesto aprobó, porque la que es artista, es artista, pero de regreso a casa le vienen a la mente la madre revolviendo los frijoles sobre el carbón y tratando de entender de qué se trataba por fin lo que iba a estudiar su hija, la prima preocupada porque tendría que tener siempre las manos llenas de fango y el padre... sabio, que le había dejado muy claro algo: tienes que salir del pueblo y estudiar.

Gracias a la determinación del "viejo", la muchacha que nunca ha dejado de ser Zaida, evoca desde La Habana "aquel bohío, sin luz eléctrica, en aquel lugar de donde he recibido tanta belleza, tanta imaginación y que me han ayudado a ser quién soy, a mi creatividad y a mi figuración".

Y también a convertirse en la cantora que vuelve a sus tradiciones desde y con todos los sentidos:

"Esto es un sueño, porque soy una artista de la plástica y he dedicado prácticamente mi vida a pintar y a hacer todo lo que tiene que ver con las artes plásticas, aunque también tengo muchos libros de poesía publicados, pero realmente era un sueño grabar un disco con esas canciones hermosas que yo escuchaba en mi provincia cuando era una niña, en los guateques, en la radio. Como saben yo soy un campo por allá, cerca de Remedios...".

De mi padre lo aprendí cuenta con la producción musical de Lázaro Horta y el impulso del cantautor cubano Silvio Rodríguez lo llevó hasta el sello Colibrí de Producciones Abdala que supuso algunos desafíos para Zaida:

"Para mí ha sido un reto poder cantar al piano y con orquesta, cosas que yo nunca me imaginé, porque siempre había cantado con el Septeto Habanero, con tríos, con otros formatos que me daban la entrada para yo cantar..."

Sin embargo, salió airosa esta "mujer pájaro montada a caballo por los campos de Cuba" que nos invita a imaginarnos el periodista y musicólogo Oni Acosta LLerena en sus notas discográficas, donde comenta:

"Desde el amanecer, el rocío, el gallo que no cesa de cantarnos, la siembra o el convite espontáneo de juglares cada noche, Zaida recrea su raíz guajira desde su voz no curtida, no moldeada, no académica, pero auténtica. Su canto es la rebeldía que nos lleva a creer en el arte puro sin edulcorantes, lo cáustico sobre la irrelevancia de volver siempre a donde perteneces. por eso el bolero, la canción y la guajira son parte fundamental de este divertimento musical asombroso que nos da claras señales referenciales, y que no reniegan el firme lugar pictórico de la artista. Autores como Radeunda Lima, Eusebio Delfín o Manuel Corona o González Aullé -entre otros- son arropados por Zaida con una contemporaneidad extraordinaria, al punto de conformar una sólida propuesta donde la producción musical de Lázaro Horta cobra matiz digno de ponderar".

El álbum tiene diez temas interpretados por Zaida y abre con uno dedicado especialmente a su padre, José del Río, pero el legado familiar crece con la participación del nieto de José, Cristhian González - Téllez del Río, quien tuvo a su cargo la fotografía.

Y así llega, gracias a la fe de muchos y la capacidad de ir tras los sueños que Zaida aprendió de su padre, este regalo cubanísimo en junio, justo a tiempo para la fiesta del tercer domingo.

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