¿Cómo perciben los cubanos la COVID-19?

¿Cómo perciben los cubanos la COVID-19?
Fecha de publicación: 
12 Febrero 2021
1
Imagen principal: 

-“Al que le tocó, le tocó; esto es a suerte y verdad”.

-“Qué exagerada eres con tanta lavadera de manos; al final, no te vas a enfermar de Covid, sino de la mente”.

-“Eso es pa’ los flojos, men; yo estoy unta’o”.

-“Si en mi destino dice que me voy a contagiar, así va a ser por mucho que me cuide”.

Estas cuatro frases han sido escuchadas por la redactora en distintos contextos de la cotidianidad, pronunciadas por personas muy diferentes en cuanto a edad, nivel educacional, raza, sexo y credo religioso.

Quizás otros cubanos hayan oído afirmaciones parecidas. Ocurre que esta pandemia, en particular el rebrote que hoy vivimos, con sobrados motivos es tema obligado de conversación en todas partes, y en todas partes, o casi todas, hay quien ilusamente se cree invulnerable o elegido.


Foto: Carolina Vilches Monzón / Vanguardia

Pero más que recopilar algunas expresiones que evidencian una baja percepción de riesgo -no pocas veces causa de penosos contagios e, incluso, fallecimientos-, estas líneas pretenden compartir, de la mano de las ciencias sociales, cómo es aquí socialmente percibida la COVID-19.

El más reciente número, el No. 25 del 2021, de la Revista Alternativas Cubanas en Psicología, dirigida por el conocido psicólogo Manuel Calviño, incluye los resultados de una interesante investigación sobre ese tema.

Para acercarse a cómo afrontan psicológicamente las personas en su vida cotidiana esta pandemia, enlazaron saberes los doctores en Educación Isaac Irán Cabrera Ruiz y Miguel Ángel Toledo Méndez , de la Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara, junto a la doctora Addys Pérez Fernández, psiquiatra infantil y jefa del Grupo Provincial del Psiquiatría Infantil en Villa Clara, quienes, en la introducción de su estudio, hacen la siguiente e interesante consideración:

“¿Qué falla? Una vez más se pone de manifiesto el papel del factor subjetivo entre las múltiples mediaciones que reproducen la realidad social. No basta la eficiente gestión del gobierno, las inestimables contribuciones de la industria biofarmacéutica y la madurez y sabiduría alcanzada por el personal de salud”.

Para seleccionar la muestra de población a estudiar buscaron una representación socioestructural que incluyó a 62 personas de siete provincias, los cuales respondieron un cuestionario en agosto último.

Del procesamiento de los resultados, se supo que la COVID-19 es percibida socialmente “como una enfermedad pandémica provocada por un virus que causa la muerte y que genera estados emocionales de miedo y peligro, ante lo cual son necesarios comportamientos protectores como el uso del nasobuco y el cuidado". 


Foto: Agustín Borrego / Trabajadores

Asocian a la enfermedad su capacidad de contagio, su impacto en la escasez, el distanciamiento, la higiene, la protección y la responsabilidad; los cuales es necesario combinar con aislamiento, cuarentena. 

“Es una enfermedad que se vive como tragedia y a la cual se asocian malestares de incertidumbre, tristeza, soledad y preocupación”, concluyeron.

Las causas que atribuyen a la situación epidemiológica las asocian al incumplimiento de las medidas de protección, la subestimación del riesgo de enfermar, el manejo de fases, procesos y medidas, así como a los riesgos de las situaciones sociales de vida.

Hasta aquí, es supuestamente lo esperado a partir de las abundantes informaciones ofrecidas sobre el nuevo coronavirus.

Pero, llamativamente, la investigación revela que “predomina en los sujetos una percepción de escasa probabilidad de enfermar de COVID-19, de modo que el 79% valoró el riesgo en opciones menos probable, manifestándose una creencia de invulnerabilidad y subestimación del riesgo de enfermar, la cual se conecta con las causas atribuidas”. 

Los estudiosos afirman que se está configurando una percepción de baja probabilidad de enfermar debido a que se cumplen las medidas orientadas, lo cual subestima los riesgos de las situaciones sociales de vida (21%), las características de la enfermedad y la situación epidemiológica (20%). 

Las personas perciben en sus prácticas de vida más comportamientos protectores que aquellos generadores de riesgo, indica el texto. Ello puede llevar signo positivo y ser resultado de los constantes llamados a la disciplina social, pero igual podría convocar a conductas más relajadas sustentadas en la confianza.


Foto: Cubadebate

Las encuestas revelaron que los comportamientos de riesgo se asocian, sobre todo, al incumplimiento de las medidas de protección en general y específicamente, al uso del nasobuco, y articulan con situaciones como hacer colas y salir de casa. 

Con ellos conectan también comportamientos en situaciones laborales y otros como estar en aglomeraciones, recibir y realizar visitas, así como el no lavarse las manos ni asumir el distanciamiento social o físico.

En el estudio del afrontamiento subjetivo a la COVID-19  se detectan experiencias de malestares psicológicos en la cotidianidad. Estos se expresan en incertidumbres por el acceso a productos de primera necesidad, manifestaciones clínico-psicológicas, preocupación por la salud y, en menor medida, preocupación o duelo por la muerte. 

Amores a distancia

También las subjetividades asumen la pandemia relacionada con la desestructuración de las relaciones interpersonales debido a que disminuye el contacto social y, fundamentalmente, por adoptar el confinamiento como modo de vida.

Los efectos de mayor peso en la subjetividad social son precisamente el no salir de casa, la escasez y desabastecimiento, la ansiedad y no tener contacto con la familia, refiere el análisis.


Caricatura: Osval. Tomado de Cubahora

Ante la gravedad de la situación epidémica, los vínculos son vistos a través del apoyo y la convivencia. Muy relacionadas con estas conductas, los encuestados señalaron aspectos como la búsqueda y conservación de la pareja, indicados por el 22%, así como los cibervínculos, marcados por el 53%.

Para mantener las relaciones interpersonales, la indagación confirma lo que para muchos se ha hecho evidente: el apelar a la Internet como vía de contacto, lo cual no solo ha aumentado el tiempo de conexión, sino el ingreso de nuevos usuarios al ciberespacio.

“Las redes sociales devienen espacio para el trabajo, para conocer personas y ocupar el tiempo en juegos y retos. Entre los vínculos que demandan nuevas rutinas emerge la pareja y la búsqueda de alternativas para pasar tiempo juntos, incluso para conocer personas y comenzar relaciones amorosas”.

Relojes en pandemia

El acercamiento a cómo los cubanos afrontan la situación epidemiológica desde su subjetividad incluye la manera en que es visto el uso del tiempo, que "constituye el principal replanteamiento de los sujetos ante el confinamiento”.


Obra de Salvador Dalí La persistencia de la memoria o Los relojes blandos (1931).

La investigación refleja, en cuanto al uso del tiempo, que entre las actividades más afectadas se apuntan las escolares, así como las relacionadas con la recreación. Se vivencia, en ocasiones, “como un tiempo perdido y aburrido”.

Según la encuesta, las rutinas se reorganizan fundamentalmente en torno al tiempo en familia y el disfrute del tiempo libre a partir de la realidad de quedarse en casa. No obstante, señalan que emergen alternativas como la realización de proyectos y actividades domésticas, así como el trabajo o estudio. 

Es significativo que los encuestados asocian el tiempo en familia a “estar juntos y compartir, a un tiempo de calidad, de disfrute, en casa, de ver juntos la televisión…”

Pudiera interpretarse como ganancia de este período que se reevalúe este tiempo puertas adentro del hogar como importante, ya que es vivido, según señalan los estudiosos, como una recuperación de continuos aplazamientos y postergaciones. 

De acuerdo con el análisis de las respuestas, el tiempo libre se emplea, fundamentalmente, para descansar y dormir; realizar, proponerse proyectos y cumplir metas. También se le ve como tener tiempo personal para leer, ver televisión y para entretenimientos, así como para pensar en el futuro.

Encuestados aseguran que este “es un tiempo que se necesitaba”. En consecuencia, también es utilizado, agrega la indagación, para insertar en la cotidianidad la realización de proyectos como la culminación de la tesis, o como aprender a cocinar, coser, hacer ejercicios, así como en la remodelación, construcción y organización de la vivienda. Es un tiempo de hacer lo pendiente, apuntan.


Foto: Heriberto González

Con relación al uso del tiempo para el trabajo o estudio, los encuestados expresaron, entre otras aristas, que incluyen al teletrabajo, lo posibilidad de aprender nuevos saberes y de estudiar, a la vez que las instituciones laborales o estudiantiles acotan cierto espacio de tiempo. 

Reorganizando la vida

Esta indagación, con un enfoque cualitativo constructivo interpretativo, ratifica que “la vida se reorganiza en torno a cuidar la salud, a cambiar hábitos de vida e higiene, a evitar el contagio y a estar pendiente de la información, reconociéndose la movilización de la sociedad y del gobierno para detener la pandemia, lo cual crea un estado emocional de seguridad como alternativa a los malestares”.

Aun cuando las rutinas se reorganizan, sobre todo en torno al tiempo en familia y al disfrute del llamado tiempo libre, a partir de la realidad de quedarse en casa, uno de los tantos saldos valederos de este intento desde las ciencias es llamar la atención sobre la “ilusión de invulnerabilidad, de control” existente en una buena parte de las personas, aun cuando “son capaces de realizar las acciones que reducen la probabilidad de enfermarse”. 

Y no es una singularidad de los habitantes de esta Isla ese infundado sentimiento de invulnerabilidad. Esa percepción distorsionada, aseguran los propios doctores que llevaron a cabo esta indagación, también se ha detectado en encuestas aplicadas en Francia, Italia, Reino Unido y Suiza.


Foto: Tomada de Prensa Latina

En dichas latitudes, cerca de la mitad de los encuestados consideró que era menos probable que ellos se contagiaran que los otros, es decir, el resto de los pobladores. 

De “optimismo ilusorio” califican los expertos esta percepción, ya que, aunque existe conciencia del riesgo, creen que el peligro solo acecha a los demás porque ellos, como sujetos, cumplen las medidas de protección.

El estudio que ha servido de fuente a estas líneas es, sobre todo, un acercamiento al tema, cuyos resultados son reflejo de un momento y un objeto de estudio determinados. No obstante, sí que puede servir de buena brújula para identificar tendencias en el ámbito de la subjetividad del cubano y, como aseguran sus autores, “…Si las ciencias médicas y el confinamiento ayudan a superar la acción del virus y a solucionar los efectos sanitarios de la COVID-19, la psicología debe ayudar a gestionar la conducta social de la población y a superar el trauma y las secuelas de la pandemia”.

Comentarios

El mismo uso del llamado nasobuco es un generador de falsa sensación del riesgo poco hace la prensa y las autoridades que en los cortos dramáticos llenos de charla floja no repiten y repiten que la mayoría de esos cubre bocas solo contienen tus secreciones no te protegen de las de otro si este no tiene un nasobuco adecuado. Solo las clasificadas ffp2 ó ffp3 son capaces de protegerte y no al ciento por ciento y esas no abundan. También es verdad que el Paiz esta lleno de fatuos con la manito de Orula (u otro guindalejo) como dicen y creen que estas cosas los protegen de todos según su conveniente padrino o madrina.
carlos@uebse.geysel.une.cu

Añadir nuevo comentario

CAPTCHA
Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado.
CAPTCHA de imagen
Introduzca los caracteres mostrados en la imagen.

Video