Botar alimentos: un ultraje

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Botar alimentos: un ultraje
Fecha de publicación: 
29 Septiembre 2020
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Por primera vez, convocado por la ONU, el mundo celebra este 29 de septiembre el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos. Ningún momento más oportuno que este de pandemia para llamar la atención sobre tan grave tema.

Cada segundo se desperdician más de 50 toneladas de comida en el planeta, sumando cerca de mil 600 millones de toneladas anuales, y ahora, ello ocurre en medio de esta crisis global causada por la Covid-19, entre cuyos inmensos desafíos se inscribe el abastecimiento alimentario de no pocos países.

La suspensión temporal o el cierre de puestos de trabajo, la interrupción de cadenas de suministros internos y externos -estos últimos condicionados por la paralización de transportes aéreos y marítimos-, golpean hoy duramente a productores, distribuidores y también a consumidores.

Como resultado, actualmente a nivel mundial un 14 % del total de los alimentos que se producen, equivalentes a más de 400.000 millones de dólares cada año, no llegan nunca a la mesa del comedor.

En consecuencia con tan terrible estado de cosas, el Secretario general de la ONU, en su mensaje a propósito de este día, asegura que “La pérdida y el desperdicio de alimentos es un ultraje ético. En un mundo con alimentos suficientes para dar de comer a todos sus habitantes, 690 millones de personas siguen pasando hambre y 3.000 millones no pueden permitirse una dieta saludable”. 

 


Foto: Carlos Rivero Collado

“La pandemia de enfermedad por coronavirus (COVID-19) ha puesto de manifiesto la fragilidad de nuestros sistemas alimentarios, y ha empeorado la pérdida y el desperdicio de alimentos en muchos países. Necesitamos nuevos enfoques y soluciones”. 

Esto agrega en su mensaje la máxima figura de la ONU y entre las soluciones habla de alianzas entre los sectores público y privado para promover y ampliar la innovación y las tecnologías, , y sobre todo insiste en “papel clave” de los consumidores: “Individualmente, las personas podemos comprar con cuidado, almacenar los alimentos correctamente y hacer buen uso de las sobras”.

De otras alternativas de solución habla, pero la palabra solidaridad no aparece en su mensaje; solidaridad, que no caridad para “hacer buen uso de las sobras”.

Sin embargo, solo acercarse a las estadísticas de cuántos habitantes de este planeta padecen de desnutrición y mueren de hambre provoca espanto, y esa sensación se acrecienta aún más al contrastar tanta penuria con que se pierde o desperdicia en el mundo cerca de la tercera parte de los alimentos que se producen anualmente.

Sí se recuperara una cuarta parte de lo desperdiciado, habría suficiente comida como para acabar con el hambre en la Tierra, asegura la FAO.

Solo en España, por ejemplo, el Centro Mundial de Valencia para la Alimentación Urbana y Sostenible estima que en esa nación europea van al vertedero cada año mil.300 millones de kilogramos de  alimentos, lo que equivale a un  tercio de toda la producción alimentaria generada. 

La FAO detalla diferencias entre pérdida y desperdicio de alimentos. La primera alude a los que se pierden en la cadena que va de la producción hasta el mercado, ya sea a causa de plagas, por dificultades en la recolección, procesamiento, almacenamiento, empaquetado o transporte, falta de infraestructuras y mercados. No son pocas las cosechan completas que se han tirado como solución para evitar que bajen los precios de esos alimentos en el mercado.

El segundo caso, alimentos desperdiciados, se refiere a aquellos que son descartados o desviados a la dieta animales aun siendo nutritivos y aptos para el consumo humano. En ese caso están los alimentos, indica la FAO, que no cumplen ciertos requisitos para su venta, como es el caso de frutos y verduras frescos, atendiendo al tamaño, color, grado de maduración, etc. Se desperdician también otros alimentos que ya están próximos a su fecha de caducidad o ya la han alcanzado.

Pero ya sean alimentos perdidos o desperdiciados, las definiciones pasan a un segundo plano cuando el hambre grita retuerce el estómago del mundo. En esencia, el asunto debería recibirse como un puñetazo en pleno rostro porque una de cada nueve personas en el mundo pasa hambre.

Ello, por no hablar de otros muchos impactos que botar alimentos causa en el orden de la sobrevivencia, de sus consecuencias sociales, económicas y también medioambientales, porque no debería olvidarse que en el 30 por ciento de la tierra agrícola de este planeta Tierra se siembran alimentos que nunca llegan a quienes los necesitan.

 


Foto: FAO

En una entrevista concedida a radiotelevisión española, hace ya diez años, el grande Eduardo Galeano recordaba que "América Latina es la región que más alimentos produce y es una de las que más hambrientos tiene".

Argumentaba: "se crece hacia afuera, para abastecer necesidades ajenas, no las propias". "Los países exitosos lo son porque se han comido a otros países, tienen la panza llena".

 


Galeano, que este 3 de septiembre hubiera cumplido 80 años, aseguraba que "Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos."

Ahora que las venas abiertas no son solo las de Latinoamérica, sino del planeta todo que se desangra de muertes y angustia por la Covid-19 y por esas desigualdades varias que duelen hoy todavía más, bien nos vale el recordatorio de ese gigantesco uruguayo: "No es que todos seamos culpables del mundo tal cual es, pero todos tenemos una responsabilidad para cambiarlo." 

Comentarios

Comida botada y derrochada basta ya.
javierhdez2.capri171@gmail.com

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