Bayern campeón: El peso del buen fútbol, la historia y los récords

Bayern campeón: El peso del buen fútbol, la historia y los récords
Fecha de publicación: 
23 Agosto 2020
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Los alemanes alzaron su sexta orejona, y se verán las caras con el Sevilla por el título de la Súper copa de Europa.

Me senté al televisor con la marcialidad de un imberbe que cursa su primer día en el ejército, o de un niño que viste su kimono por primera vez ante un sensei en extremo exigente.

Además del orgullo herido por degustar un Bayern-PSG en lugar de ver al Barcelona en la final de la Champions, pero con la certeza de que vería un excelente partido de fútbol, digno de una definición.

El fútbol es impredecible, pero los dioses del más universal fueron justos esta vez, al dejar que abrazaran la sexta orejones los imperiales bávaros del Bayern Münich, en su segunda campaña merecedora de un triplete de títulos, y la primera a golpe de récords y contundencia arrolladora.

Ese Cáliz futbolero del que todo club quiere beber lo alzaron los alemanes, en una demostración de poderío sin precedentes, pues a su sexto cetro de la competición (por detrás de los 13 del Real Madrid y los siete del Milán AC.), añadieron el hecho de hacerlo de una manera considerablemente arrolladora: 11 victorias en igual cantidad de partidos, con 43 goles, igualmente marca impuesta, para una envidiable media de 3.90 por acto, independientemente de solo haber necesitado uno este domingo. Eso sí, premio justo al juego colectivo.

A un bloque de ataque engranado hasta la médula, con carrileros de la talla del canadiense Alphonso Davies, por cierto, primer futbolista de su nación en ganar una Champions, y Josha Kimmich, un artillero de centros teledirigidos milimétricamente exactos, autor de la asistencia en pase dibujado a Kingsley Coman, y protagonista por ese concepto en tres de los últimos cuatro tantos del Bayern en la competición.

El choque empezó como una de esas peleas de boxeo por el fajín Mundial.

Estudio de ambos rivales, mucha presión en el medio sector, los nervios encarnando protagonismo, e intervenciones salvadoras de Enmanuel Neuer y Keylor Navas.

Fueron 15 minutos iniciales de poder a poder, Neymar la tuvo y Neuer se la negó, Lewandowski mandó al palo su segundo contacto con la estrellada…

Hasta que poco a poco el Bayern se fue apoderando de la pelota, y con ellas demostrando su accionar más compacto, fundamentalmente por las bandas, donde Coman justificó su titularidad con creces en la definición, marcando de cabeza incluso, algo poco habitual en él.

Abro un paréntesis para elogiar la campaña de Lewandowski. El Ariete polaco no solo culminó con el liderazgo en la Champions gracias a sus 15 dianas, también lo hizo en la Bundesliga y en la Copa alemana, para establecer una marca sin precedentes de alzarse con el triplete siendo pichichi en los tres escenarios.

De los legendarios, Müller, alaba y Neuer repitieron el néctar del triunfo múltiple conseguido en la temporada 2013.

Del otro lado de la cancha, tuvieron los parisinos sus destellos. Solo que los jugadores llamados a cargar con el equipo se diluyeron en un encuentro gris, entiéndase Neymar y Kilian Mbappé. Uno de los más incisivo fue el argentino Ángel Di María, demostrando que aún tiene clase, fútbol y ganas.

Las mega estrellas, multi-costosas para el PSG no se comportaron a la altura ni de su calidad ni del monto de euros desembolsados por ellos, por lo que los hinchas parisinos, deberán seguir esperando por esa anhelada primera orejona.

De vuelta al partido, con el gol se abrió un poco más la cancha y se liberó un tanto la congestión en el medio campo, aunque siguieron aportando los teutones las ocasiones más claras de gol.

Corría el reloj y, mientras la banca del Bayern se subía en una barda lista para desatar la euforia del festejo, los rostros y las cabezas de los parisinos comenzaban a simular la “danza del avestruz”.

Les inyectaron nuevos bríos a los bávaros los cambios de Perisic por Coman, y el brasileño Coutinho, pero no hizo falta desdoble excesivo, pues ya el mal estaba hecho, tanto en la pizarra, como en lo anímico.

Intentaron los galos construir par de ocasiones con el asedio del cronómetro, pero en definitiva no cuajaron.

Vuelvo a donde todo comenzó. El cetro para un justo campeón, demostrando que en este minuto son los del Bayern, el acercamiento más fiel al denominado fútbol total, no sin alguna leve fisura en su zaga, que en la fecha dominical no fue puesta en evidencia.

Para Hans-Dieter Flick, un DT sin ese recorrido de pedigrí como pudiera necesitar un Club de la prestancia del Bayern, los guió hasta el cénit de Europa, con el aval de un único revés en más de una treintena de partidos.

Sencillo: los alemanes se comportaron como en la defensa del Reich, solo que cambiaron, a fuerza del empuje de sus botines, el curso de la historia en este caso.

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