Rollo para arqueólogos cubanos del porvenir

Rollo para arqueólogos cubanos del porvenir
Fecha de publicación: 
14 Mayo 2018
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Una expedición científica encontró restos humanos de más de 2 000 años en el asentamiento de Playa El Mango, Río Cauto, y por los residuos orgánicos hallados en sus dientes concluyeron que “esos antepasados sembraron maíz, boniato y otros cultivos.

Es "algo que podemos saber por el estudio de residuos orgánicos adheridos al sarro de una selección de dientes extraídos de los restos humanos encontrados hace algún tiempo en este yacimiento arqueológico, considerado uno de los más importantes del Caribe insular", expresó el doctor Ulises González Herrera, del Departamento de Arqueología del Instituto Cubano de Antropología, al frente de la expedición.

Me pregunto qué conclusión sacarán cuando 2 000 años después algún arqueólogo del futuro se ponga a escarbar residuos orgánicos adheridos a dientes de los cubanos de estos tiempos.

Es probable que, por una parte, se repitan conclusiones como “Esos antepasados sembraron maíz, boniato y otros cultivos”. Podrían decirlo por algún resto de rosita de maíz, por un pedazo de boniatico frito y sabe dios si por cierto trocito de tomate o pepino... -un poco asquerosilla la fuente del estudio, pero la ciencia tiene que moverse más de una vez en esas aguas.

El problema se armará cuando bajo el potente microscopio ubiquen trazas del “picadillo de población” aferradas a algún tozudo canino. También se les harán difíciles las conclusiones si se tropiezan con algún residuo del pan de la libreta.

En este último caso es probable que se les forme tremendo rollo al datar el descubrimiento porque el residuo de pan encontrado sobre todo se asemejaría al casabe aborigen. Claro, un casabe hecho por un aborigen desganado, sin consideración por sus congéneres y quizás hasta en pique con el cacique.

A los investigadores del porvenir una interrogante se les prenderá al cocote atenazándoles cada intento de descanso: ¿Cómo si estos pobladores vivían en una Isla, rodeados de mar, no hemos encontrado en su dieta ni un resto de pescado? ¿Habrán emigrado de tierras continentales –los pobladores, que no los peces?

Sí que se las van a ver complicado los arqueólogos del futuro ante los restos disecados de nuestra alimentación, adosados a fragmentos de dientes –de alguien que, obviamente, no mantenía una buena higiene bucal.

Esa, por supuesto, consistirá en una de las conclusiones a que obligatoriamente arriben los expertos. Pero otra, contradicciones, confusiones y despistes aparte, será sobre el buen humor de los nativos de estos tiempos porque, aun sin comer pescado o desayunando con casabe del XXI, llevaban una inconfundible sonrisa adosada a los restos de mandíbula.

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