EN FOTOS: Volar en parapente

EN FOTOS: Volar en parapente
Fecha de publicación: 
1 Junio 2016
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 «Una vez hayas probado el vuelo, siempre caminarás por la Tierra con la vista mirando al Cielo, porque ya has estado allí y allí siempre desearás volver».

Leonardo da Vinci

Esta aventura comienza en la Isla de la Juventud, en la casa de Andrius, piloto admirado y reconocido por todos en el Club de parapente, para de ahí caminar algunos kilómetros hasta la zona de despegue y luego, al fin, volar y volar... Esta fotorreportera, que permaneció en el aire por más de 30 minutos, les cuenta en imágenes esta maravillosa experiencia.

El parapente (del francés parapente, acrónimo de parachute, paracaídas, y pente, pendiente) es un deporte nacido a fines del siglo XX por la inventiva de montañeros que querían bajar volando mediante un paracaídas desde las cimas que habían ascendido. El peso de todo el equipo suele rondar los 25-30 kg. El piloto y el pasajero de parapente están protegidos con cascos y paracaídas de emergencia.

 

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Fotos: Annaly Sánchez/CubaSí

 

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Es necesario caminar casi dos kilómetros desde el reparto Delio Chacón hasta la loma del Presidio Modelo, donde los miembros del club han creado un espacio al que llaman «Despegue».

 

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Algún escritor se ha referido a los pilotos de parapentes como «mochilas con piernas».

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Al pie de la loma acostumbran a sentarse y esperar por otros pilotos, o a que el viento cambie, pero ciertamente hacen estancia junto a una mata de mango, casi como una tradición.

 

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El camino de subida, aunque arreglado por ellos mismos para que el marabú y el guao no sean una amenaza, es escabroso y extenso, a lo que se suma el peso de las mochilas.

 

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La vista desde «El despegue» vale cada gota de sudor y fatiga.

 

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La preparación para volar es meticulosa y requiere de entrenamiento y conocimientos de meteorología. Solo se puede pilotear una vela luego de ciertos cursos y horas de vuelo como copiloto.

 

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altCuando te encuentras en el aire, realmente te das cuenta de que no solo la vista desde la loma vale la pena, sino que la sensación de volar no tiene comparación y, como dijo da Vinci, «...caminarás por la Tierra con la vista mirando al Cielo, porque ya has estado allí y allí siempre desearás volver».

 

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Para cuando aterrices, ya todo el cuerpo estará inundado de adrenalina y solo pensarás en volver a volar, una y otra vez...

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