MIRAR(NOS): Su majestad la tristeza llega por invitación

MIRAR(NOS): Su majestad la tristeza llega por invitación
Fecha de publicación: 
19 Febrero 2016
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 Cuidado con la tristeza. Es un vicio.

Gustave Flaubert

 

A estas alturas, prefiero pensar en la tristeza como un estado del alma, un momento que vuelve tantas veces durante la vida, sin dudas para recordarnos de la forma más cruel nuestra condición humana. Hay que entender a la melancolía, esa señora del tiempo.

 

Nunca estamos aptos del todo para sacar sobresaliente en cada experiencia. Intérpretes como somos, reinventamos el mismo cuento todos los días y nos reinventamos a nosotros en el fallido intento de esquivar las nuevas contradicciones que seguirán, por los siglos de los siglos, poniendo a prueba nuestro carácter.

 

Pero una vez al mes, si bien no necesariamente en la misma fecha, muchas mujeres del mundo atraviesan por un estado absolutamente humano, y tan natural como respirar o estar vivas. Ese proceso fisiológico se llama menstruación y ocurre porque el óvulo, expulsado del ovario, no fue fertilizado.  

 

Así, por ejemplo, el filósofo romano Plinio llegó a describirla como un veneno fatal «que corrompe y descompone la orina, hace perder las semillas de fecundidad y marchita las flores del jardín».

 

Lo que no sabía Plinio y ya no va a enterarse, pues no habrá quien le lea esta columna, es que si alguna cosa se descompone durante el período, en todo caso resulta nuestra autoestima, aparejada al aumento in extremis de la sensibilidad.

 

Si bien no es justificación para llegadas tarde, incluso porque nadie se atrevería a esgrimirla, se derrumban castillos de naipe en esos días del mes que todas señalamos en los calendarios del subconsciente, sigilosas y acechantes ante la proximidad de su irreversible llegada.

 

Aún más crítico y complejo deviene el asunto cuando ocurre de manera impuntual. Pareciera un simulacro de crimen, porque asusta en la misma medida, aunque los resultados difieran en su concepto.

 

Conozco a más de una que opta por seguir el curso normal de sus jornadas. Las más optimistas entre quienes me leen, acotarán que la regla no es ninguna enfermedad que exonere de culpabilidad ante incumplimientos. Mal que me pese, debo coincidir.

 

Deportistas, bailarinas y periodistas que descubro en mi cotidianeidad se enfrentan a lo adverso cuando de vez en mes, con su acuarela, pintan girones de ciruela que van a dar hasta el colchón. Mi respeto y admiración va para ellas.

 

En cuanto a los hombres que me leen, no crean que esta vez se fueron ilesos. Mucha atención deben prestar cuando su cónyuge pase con facilidad asombrosa de la irritabilidad al letargo y sea recurrente la labilidad emocional, manifiesta en la mayoría de los casos a partir de la hostilidad, la confusión, y sí, también la depresión.

 

Quizás usted opte por desaparecer, so pena de morir en el intento de colaborar en la búsqueda infructuosa de algo que nos alegre. Sepa entonces que no hay nada de malo en prodigar un poquito más de atención cuando proponemos «huelga de hambre» y los XY abogan por un poquito más de espectro en nuestro imaginario, antes con tanta recurrencia prolífero, que ya pierdo la cuenta.

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