Pequeño ensayo sobre la infladera universitaria

Pequeño ensayo sobre la infladera universitaria
Fecha de publicación: 
24 Diciembre 2013
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En una búsqueda por conceptualizarla atiné a desempolvar el mataburro en el librero. Según la página 416 de mi diccionario Cervantes, inflar, significa 1/Hinchar con gases. 2/r. fig. Ensoberbecerse, engreírse.

 

No son pocas las veces en que escucho las numerosas aprehensiones en torno al vocablo. El bichito de la curiosidad me atrapó camino a la Universidad en el acordeón de un P-11/medio de transporte para el cubano sin dinero para carro/.

 

Cuando un estudiante de la enseñanza media superior le decía a su compañero: -Mañana voy a decirle que me gusta, tú vas a ver, y su interlocutor con una mueca le respondía –Papi, no infles más, eres tremendo inflador.  Desde ese entonces asumí la expresión en contra de las personas 1/Especuladoras o mentirosas.  2/Que dicen mucho; pero al final no hacen.

 

Más adelante descubrí tras un seminario de clases en la carrera de Periodismo, algo similar, aunque más alarmante. Una alumna comentaba alegremente con uno de sus amigos -¡Oye, qué bien salimos sin estudiar!, y a su vez le contestaron –Somos buenos infladores, estamos escapa'o. Estos son los nuevos aires del finalismo universitario. Ahora el buen “inteligente” solo reproduce notas de clases. Ya que para algunos, curiosear en un libro es cosa del pasado.

 

Parece que inflar es una manera de andar a “la moda”, y en esa infladera inconsciente oxigenamos nuestra cultura de manera superficial y deformada. Una práctica que luego contaminará nuestros espacios laborales, alejándonos de la realidad social y la ética profesional.

 

En cierta ocasión Raúl Roa, el canciller de la dignidad, consideró que los jóvenes siguen siendo los mismos, lo cambiante son los tiempos. Esto es real. Hoy las aulas lucen como oficinas de Etecsa con celulares de otra galaxia, tabletas u ordenadores en función del entretenimiento y no de las clases.

 

Si la generación de los 80' dista de la de los 90', qué dejaremos para el siglo XXI ¿seguir sacando nuestras propias conclusiones?

 

Recuerdo que ese mismo día sesionó en la facultad una conferencia de Fidel Díaz Castro, director de la revista El Caimán Barbudo. Publicación fundada en 1966 con el propósito de problematizar en las zonas jóvenes del arte y del pensamiento a través de la literatura y otras acciones.

 

Fidelito, no vino a inflar como suelen hacer los filósofos del reggaetón en sus multitudinarios conciertos. Sin embargo, no contó con una aguzada participación por más que los líderes de opinión de la facultad trataran de cautivar a los pasilladores.

 

No obstante, el también trovador, conversó con el diezmado auditórium. Su línea discursiva, además de la presentación de su revista, giró sobre una crítica a algunos de los problemas éticos que se dan al interior de los medios de comunicación y de las malas prácticas culturales adquiridas por los jóvenes.

 

«En la actualidad –señala- existen dos tipos de mal periodistas. Unos son los croqueteros, los más conformistas. Eso son los que van a las actividades a ver que hay de bufet, y después escriben lo primero que escuchan de la persona recomendada por el jefe de la edición a entrevistar. Por otra parte, están los que cortan y clavan que son los que copian y pegan, y emiten pocos criterios».

 

Lamentablemente esos son los profesionales facilistas que se auto-deforman, tal vez inconscientemente desde la primera infladera en un seminario. Pero aún más grave es que inflan a costa de los demás sin los más mínimos principios éticos y caen en la desvergüenza del fraude.

 

La vorágine del mundo moderno impide a las personas pensar. Hay quienes consideran que San Google secará todas las lagunas o en el peor de los casos San Wikipedia, y se limitan a exponer sus criterios. Los que viven así seguirán inflando y darán los teques comprometidos a conveniencia de las fuentes de información.

 

Los comunicadores somos galenos en una sala de partos, vestidos de batas blancas e instrumentos esterilizados, con un compromiso social y bien público. Somos dadores de vida de la public opinion.

 

En opinión de Fidelito «Un teque comprometido te hace un tonto. Hay que crecer en forma y espíritu. Es necesario agenciarse toda la mayor cultura posible. Un comunicador debe saber distinguir cual es el conocimiento real de entre los diferentes formatos culturales».

 

Ciertamente, los espacios para adquirir cultura o un adecuado lenguaje están creados. Aunque no vale solamente asistir a un Festival de Cine, un Mayo Teatral o una Feria del Libro, si después no somos consecuentes en las acciones del día a día. Es tiempo de elegir entre ser un Quijote o un Matías Pérez. No perdamos un minuto más haciendo globos. Un minuto es mucho, mucho tiempo.

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