Proceder suicida

Proceder suicida
Fecha de publicación: 
27 Septiembre 2012
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Las ansias de ganancias ilimitadas a costa del sudor ajeno en aras de un controvertido desarrollo, sin importar la miseria que ello acarrea, entrelazan la denominada crisis económica y financiera con la ecológica, otra que puede acarrear la muerte del planeta antes de que se produzca cualquier fenómeno físico, como se vaticina por científicos.
                                                                                                           
Confieso que nunca he sido partidario de las centrales nucleares, aunque reconozco que son beneficiosas para la economía y los pueblos siempre que se manejen adecuadamente y la eliminación de los desperdicios radiactivos sea efectiva.

Por esto, considero plausible la decisión japonesa de eliminar sus centenares de centrales nucleares para el 2030, luego de la catástrofe de Fukushima, antecedida en su dimensión por la de Chernobil (Ucrania) y Three Island Miles (EE.UU.), esta casi nada divulgada.

También es magnífica la decisión nipona de ayudar a naciones subdesarrolladas, como Cuba, en el desarrollo de la energía eólica y otras, como también lo ha hecho China.
                                             
Asimismo, hay experimentos para «capturar» el CO2 de la atmósfera, en el que participan científicos norteamericanos, aunque el apoyo oficial del principal depredador y emisor de dioxina no es suficiente.

Y es que estamos ante algo más que un desarreglo de los mercados, con la crisis financiera y de alimentos por doquier, porque no hay planeta suficiente que mantenga el ritmo de vida que las clases acomodadas llevan, con las graves consecuencias sociales que constituyen la amplia brecha entre explotados y explotadores.

Repito, el afán de superganancias a costa de un planeta con recursos finitos y la obligada subsistencia de quienes resultan víctimas de la explotación derivada de ello están llevando a la Tierra al colapso.
 
Un aumento de sus vaivenes naturales debido a los inevitables movimientos tectónicos, el desajuste y ajuste de las placas terrestres, hacen surgir desde continentes hasta volcanes que ayudan a envenenar la atmósfera, como también los pueden hacer desaparecer. Pero es la mano del hombre, mal o bien intencionada, la que está limitando su propia vida.

María Novo, titular de la Cátedra de Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia y la Cultura (UNESCO), acierta cuando dice que «no podremos salir de la crisis con el mismo modelo que nos trajo a ella. El mercado global, tal y como existe actualmente, es el gran enemigo de la sostenibilidad. Si algo nos ha conducido a esta situación, es la búsqueda de un crecimiento económico ilimitado. La economía es un subsistema del sistema Tierra y no puede crecer indefinidamente en su interior sin comportarse como un cáncer».

La guerra y el calentamiento global son sus símbolos. La primera se extiende lentamente sin otro enemigo real que el terror y terrorismo que ella misma sustenta. Y el segundo pone de manifiesto elementos de la irracionalidad material de la actual civilización.

La cuestión se agrava ante sucesivos fracasos de eventos mundiales sobre cambio climático, una verdadera burla al Protocolo de Kyoto, que limitaba las acciones de los gases de efecto invernadero hasta el 2012, así como a la creación de las bases para una reducción del 25% en el 2020.

El secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, en una visita al Círculo Polar Ártico, donde las temperaturas están aumentando más rápidamente que en otro sitio, dijo que su preservación es un compromiso de los dirigentes mundiales, para evitar que se desintegre totalmente en las próximas cuatro décadas.

No muy lejos de allí habían surgido dos pequeñas islas, producto del derretimiento de los casquetes polares, y otras más en las cercanías de Groenlandia y Canadá.

Al mismo tiempo, la Federación de Micronesia, además de Tuvalu, Fiji y Kiribati, y las turísticas Maldivas y Seychelles, eran amenazadas por la devastadora subida del mar, por lo que podrían seguir el destino de la isla de Loachara, situada en la desembocadura del río Ganges, la cual había estado habitada por 10 000 personas.
                                                                                                          
A ello seguiría la desaparición de algunos islotes del archipiélago indonesio, cuyos dirigentes instaron a los países industrializados a financiar la lucha contra los efectos del cambio climático en los mares de las naciones en vías de desarrollo, porque «tienen los recursos y son los responsables de la situación medioambiental del mundo».
                                                                                                                   
De acuerdo con datos de la Unión Europea, el 75% de los gases que provocan el efecto invernadero acumulados en la atmósfera ha sido emitido por países industrializados.

En este contexto, las naciones en vías de desarrollo, encabezadas por las naciones africanas, intentaron incluir en la declaración de la Conferencia Mundial de los Océanos, en Manado, Indonesia, la necesidad de tener acceso a financiación y tecnología de las economías avanzadas, pero el otro bando, liderado por Estados Unidos, se opuso.
                                                                                                     
De todas maneras, hay que vencer no solo barreras políticas, sino egoístas, de aquellos, reitero, que lucran con el sudor ajeno, sin tener en cuenta que su actuación suicida puede provocar la destrucción de la Tierra.

 

 

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