Reflexiones que motivó mi estancia dentro de la Zona Roja

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Reflexiones que motivó mi estancia dentro de la Zona Roja
Fecha de publicación: 
18 Febrero 2021
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Antes de referirme a los temas que deseo abordar debo aclarar que, baso mi escrito en vivencias personales dentro de la zona roja. Mi intención no es presentar un funcionamiento perfecto del Sistema Salud, faltaría a la verdad, pero no enfatizaré en sus deficiencias porque palidecen antes sus logros y no las voy a magnificar como hacen los hipercríticos que, las resaltan por encima de los resultados que obtiene en la preservación de la salud y la vida nuestro pueblo y desconocen el sacrificio de quienes lo integran.

El Sistema de Salud cubano es como un Sol y cuando el Sol ilumina y calienta la tierra, propiciando la vida su brillo no deja ver sus manchas.      

El 17 de enero se me informó que  era positivo a la Covid 19,  y en horas de la madrugada del 18 fui trasladado al Hospital Salvador Allende (La Covadonga). A la llegada  me entrevistaron dos médicos y se me realizaron  análisis de sangre, placa de los pulmones y electrocardiograma, todo muy rápido. Luego en una ambulancia se me trasladó a la sala donde se me ingresó en un cuarto junto con otro enfermo.

Ninguna pregunta sobre mi capacidad financiera o seguro médico. Tampoco información sobre los posibles gastos.

Me entregaron sabanas y piyama limpios, se me instruyó sobre la disciplina a seguir que incluía la prohibición de salir del cuarto.  Vino el médico se informó de los síntomas. Me inyectaron la primera dosis de Interferón junto con Benadrilina como medida de precaución para prevenir una reacción adversa del medicamento, comunicándoseme  que posteriormente se adicionarían otros los cuales  decidirían un grupo de expertos después de evaluar los resultados de los exámenes que se me habían practicado.

La atención.

Diariamente temprano en la mañana la enfermera tomaba la temperatura, medía la presión arterial y suministraba los medicamentos. También se nos calentaba agua para que nos bañáramos, (teníamos un baño para los dos que estábamos en el cuarto). Los médicos más tarde pasaban visita. Por la noche la enfermera volvía a pasar y administraba medicamentos.

La sala es la de Ictus y las condiciones del cuarto eran las siguientes: todo enchapado en azulejos verdes limpios, un closet con marquetería de aluminio para cada enfermo y el baño con tasa sanitaria moderna con todos sus herrajes, el lavamanos rodeado de mármol gris.

La higiene.

El trabajo del personal fundamentalmente joven encargado de esta tarea se caracterizaba por su calidad. Cumplían sus tareas diariamente con responsabilidad y sin mostrar temor, entraban, hacían su faena y se retiran con humildad. Fui testigo de su esfuerzo y dedicación. Pienso que se debe hablar más de ellos. 

La alimentación.

El desayuno: podía ser leche, yogurt, refresco o jugo acompañados de un pan con algo. A media mañana merienda con iguales componentes. El almuerzo: plato fuerte podía ser pollo, carne de cerdo, huevo hervido o algún tipo de embutido acompañados de ensalada, arroz, potaje o un caldo y mermelada de naranja como postre. A media tarde otra merienda iguales componentes que la anterior. La comida parecido módulo al del almuerzo y por la noche otra merienda.

No creo que a nadie se le pueda ocurrir exigir que la comida de un hospital sea igual a la de un restaurante. Lo más importante es que, con los alimentos que se nos daban se garantizaba una correcta nutrición, algo que me explicó posteriormente una especialista amiga.

El personal y su trato.

No tengo quejas que hacer, nunca experimenté un mal trato o se dejó de atender una preocupación mía, solo puedo agradecer. No hay conque pagar el sacrificio que está haciendo todo el personal de salud.

Vi rostros cansados, pero no vi temor o desanimo.

He detallado todo este proceso hospitalario para que se tenga una idea aproximada de lo que está implicando la pandemia para nuestro Sistema de Salud y su personal y por ende para el Estado. Estas experiencias me llevaron a preguntarme.

¿Cuántos recursos materiales, financieros e insumos, se necesitan para mantener la logística y la vitalidad de los hospitales dedicados a la atención de pacientes con Covid-19, y de los centros de aislamiento?

Las cifras sin duda son muy elevadas, pues no son solos los costos de la alimentación de pacientes, sospechosos y contactos ingresados que suman en su conjunto mucho más de 2 mil, además de la del personal médico, de laboratorio y de apoyo, sino también los de los medicamentos, del transporte de enfermos, así como los de los diferentes insumos, entre otros.

A pesar de ello, como ya expliqué, no se me preguntó por seguro médico, ni luego de mi alta hospitalaria me llegó una factura con los gastos que generó mi atención médica, a los que habría que agregar traslado al hospital y el de regreso a casa. Además del seguimiento médico ya en ingreso domiciliario y el realizado a mi esposa, así como los PCR que se nos hicieron a ambos, en su caso para definir si se había contagiado con la enfermedad, los cuales fueron negativos.

En un intercambio con una internauta española, se interesó en conocer a cuanto ascendía el costo del tratamiento y de toda la atención recibida, le respondí que no lo conocía, pues eran gratis, se sorprendió.

Algunos desconocen a conciencia este colosal esfuerzo del país por salvar vidas y andan a la caza de los lunares.

De este tipo de personas diría el apóstol: “Unos tienen ojos para los lunares, y cuando ven cosa bella, airados de que lo sea, buscan coléricos la mancha o defecto y gozan cuando la hallan –que son las almas ruines”.

Es cierto que hay grandes colas para adquirir productos de primera necesidad, pero no hay ninguna para ingresar a un hospital o en espera de atención médica, la cual todos los cubanos tenemos garantizada sin distinciones de ninguna índole.

No es ocioso repetir que, la falta de abastecimientos y las carencias que enfrentamos, no tienen como causa la ineficiencia o corrupción del gobierno. La principal, el criminal bloqueo económico comercial y financiero que mantiene Estados Unidos contra Cuba que, califica como un acto de genocidio.

En este contexto los precios han subido, en no pocos casos de manera desmedida, realidad de la que el gobierno no se desatiende y busca soluciones, mientras combate los precios abusivos y especulativos, y protege a los que menos tienen para responder a un escenario como este.

Pero ni la subida de precios en el mercado interno, ni la experimentada en el internacional por los alimentos, medicamentos e insumos utilizados en los Hospitales, afectan las posibilidades de ningún cubano de acceder a los servicios de salud.

Su prestación gratuita, mantenida aún en la compleja y tensa situación económica que atraviesa el país, evita que cualquier factor externo limite ese acceso, lo que de hecho se convierte para cada ciudadano en un ingreso adicional considerable, es decir, a nuestros salarios (ahora incrementados) hay que agregarle todo lo que dejamos de pagar al hacer uso de ese servicio, sin mencionar la tranquilidad que representa no tener que preocuparnos por ello.

En Cuba la atención médica no es un negocio, sino un derecho.

Hay que recordar que, sus elevados costos en otros países tornan inaccesible ese servicio para millones de personas, ante la mirada indolente de sus gobernantes. Pero para suerte nuestra la Revolución bajo la conducción de Fidel se preocupó y ocupó desde sus inicios de crear un Sistema de Salud fuerte que diera cobertura a toda la población de manera gratuita, haber logrado eso nos ha permitido hoy enfrentar con éxito la pandemia.

Si la Revolución no existiera una gran mayoría de los que hemos superado la Covid-19 tampoco existiríamos.   

Por otra parte, aunque no todos los que enfermamos de Covid-19 lo hemos hecho por irresponsabilidad o por violar las normas sanitarias y de distanciamiento social, no es menos cierto que, en buena medida ese tipo de comportamientos ha tenido una apreciable influencia en el fuerte rebrote que estamos enfrentando.

Quizás alguien diga que, las colas se encuentran entre los factores que han incidido en el desfavorable comportamiento de la pandemia; pero no son las colas en sí, sino las violaciones de lo establecido que se cometen en ellas las que propician los contagios.

También han influido en esta situación los eventos generados en instituciones estatales, algo a lo que se han referido los dirigentes del país de manera transparente y crítica.

Esos eventos no lo podemos ver como un problema solo del Estado  porque tanto en las entidades afectadas como en el conjunto de ellas, laboramos muchos de nosotros o familiares nuestros, eso nos los acerca y nos impone el deber de contribuir a que no ocurran.

Pensemos como país y en el país.

Para evitar confusiones o manipulaciones no estoy acusando o responsabilizando a todos, de lo que es responsabilidad individual de unos cuantos.

Ahora bien:

¿Cuántas toneladas más de alimentos y artículos de primera necesidad pudieron haberse comprado con los recursos financieros que ha sido necesario invertir a causa de ese tipo de conductas?

Obviamente no serían pocas, ni pocos y llamo la atención sobre esto con la intención de mover a la reflexión de, que si actuamos con responsabilidad y cumplimos con lo que nos toca, estaremos contribuyendo a mejorar la situación no solo de la pandemia, sino la del país en general que es decir la de nosotros mismos.

Las bondades de nuestro sistema social tenemos la obligación de preservarlas, desarrollarlas y defenderlas de la maldad enemiga que pretende desacreditarlas.

Miremos las duras realidades que predominan en el mundo y comprenderemos mejor lo que ellas significan.

Tomado de Postcuba

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