Qué dejó la gira de Zelenski por Europa
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El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, regresó a varios países europeos y las señales que arrojan estos encuentros parecen distar mucho de la paz entre Ucrania y Rusia. Esta gira, que incluyó a Turquía, ha dejado declaraciones e intenciones de fortalecer a Kiev en medio de una escandalosa ola de corrupción, cuestionada por varios países del viejo continente, pero que no ha impedido que las instituciones del bloque comunitario sigan empleando a Ucrania como punta de lanza para presionar a Moscú.
Durante su reunión con el presidente de Francia, Emmanuel Macron, el pasado día 17, las partes anunciaron un acuerdo que incluye la compra por parte de Ucrania de 100 aviones Rafale. Previo a este acuerdo, el mandatario galo presentó a su homólogo los misiles de defensa antiaérea SAMP/T NG y Aster 30 B NT, radares GF 300 y drones, estos últimos considerados piezas claves en la estrategia de Kiev contra tropas, posiciones e instalaciones rusas.
Pero la cosa no termina ahí. Fiel a su postura como uno de los líderes europeos que más ha defendido la idea de que la paz aún está muy lejos, Macron expresó: “Esta es una nueva etapa en la integración con la industria armamentística de Ucrania, que está en primera línea de la defensa de Europa”. Y sin ocultar de dónde pretenden sacar el dinero para pagar este equipamiento y las municiones, agregó que se deben usar rápidamente los activos rusos congelados en entidades bancarias europeas para financiar el apoyo a Kiev.
Estas declaraciones se suman a las hechas por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, días atrás, en las que manejó la idea de utilizar los activos en cuestión para la reparación de Ucrania.
Justo un día después de este encuentro, Zelenski arribó a Madrid, donde se reunió con el presidente de España, Pedro Sánchez, quien en un mensaje en X escribió: “España movilizará 817 millones de euros para reforzar la defensa de Ucrania y acelerar su reconstrucción. Así se defiende la soberanía europea. Y así se demuestra el compromiso y la coherencia del pueblo español”.
Esto demuestra que Europa está cada vez más alineada con la política de Washington, esa que pasó de la promesa de Trump de restablecer la paz entre Ucrania y Rusia en apenas tres meses —como si realmente pudiera haberlo hecho— a adoptar una política hostil, caracterizada por el habitual estira y encoge de la actual administración, pero que sigue, al menos públicamente, pretendiendo alcanzar la paz, lo que ahora mediante presiones a Moscú.
Por lo tanto, esta postura europea, arreciada en las últimas semanas, junto con la no llegada a Turquía del enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, tras el anuncio de importantes medios de que en ese país —último visitado por Zelenski durante esta gira— se encontraría con el presidente ucraniano para hablar de la paz, son otros mecanismos de presión de Washington para que Moscú haga concesiones y acepte la propuesta de paz de Trump.
No es casual que en medio de todos estos anuncios, en el diario The New York Times, una fuente anónima del gobierno de Estados Unidos —un recurso muy empleado para probar el impacto de algunas políticas sin comprometer directamente a las instituciones— revelara importantes detalles del plan de paz de Trump y lo inviable que sería para Ucrania.
En el mismo texto se recuerda que legisladores estadounidenses están redactando un proyecto de ley que sancionaría a los países que compren petróleo y gas rusos, con el objetivo de ahogar la principal fuente de ingresos de Moscú en un momento en que las negociaciones de paz siguen estancadas. Esto hace referencia a anuncios realizados en julio último, cuando a través de una iniciativa bipartidista en el Senado se buscaba imponer aranceles de hasta el 50 % a los países que compraran hidrocarburos al país más grande del mundo.
Recordemos que el mes pasado, el Departamento del Tesoro de EE. UU. anunció sanciones directas contra Rosneft y Lukoil, las dos mayores petroleras rusas.
Y para no quedarse atrás, el “ilustre” Secretario de Estado Marco Rubio posteó en X que “seguirá desarrollando una lista de posibles ideas para poner fin a esta guerra basándose en las aportaciones de ambas partes del conflicto. Lograr una paz duradera requerirá que ambas partes acuerden concesiones difíciles pero necesarias”.
Seguramente serán más sanciones, retomar la oferta de misiles Tomahawk a Ucrania —eso que despertó el entusiasmo de Zelenski y que, como era de esperar, nunca salió de las bases estadounidenses— y cualquier otra idea que tense las relaciones con los rusos. Para eso, Rubio sí es muy hábil: sus “grandes ideas” siempre buscan hacer daño.
Pero volviendo al tema, los europeos, que siguen prestándose para este peligroso juego que, de salirse de control, los perjudicaría más a ellos que a Estados Unidos, continúan reclamando un espacio en cualquier negociación. Lo exigen porque en todas las ocasiones en que Estados Unidos y Rusia han hablado del tema, lo han hecho a espaldas del bloque comunitario, como es lógico y normal: son dos potencias que para ponerse de acuerdo no necesitan de nadie más, por mucho que algunos se disparen en el pie para hacerse notar.
Mientras tanto, en el jardín europeo se apuesta por el garrote, y las flores se mueven según los vientos que soplan del otro lado del Atlántico, tratando siempre de llenar los bolsillos de diversas empresas, sobre todos del sector armamentístico.












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