Belarús-Rusia: Hermandad eslava

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Belarús-Rusia: Hermandad eslava
Fecha de publicación: 
19 Septiembre 2020
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El presidente de Bielorrusia, Alexandr Lukashenko y su homólogo en Rusia, Vladímir Putin

No había pasado ni una hora de la reunión en que el presidente de Belarús (Bielorrusia), Alexandr Lukashenko, y el de Rusia, Vladimir Putin, sellaban la solidaridad de Moscú luego del fracaso de la intentona fascista para derribar al gobierno de Minsk, y ya el Consejo Europeo dictaba sanciones contra la nación belarrusa, reiteraba su no reconocimiento a los comicios en que Lukashenko ganó limpia y abrumadoramente su reelección, y subrayaba su apoyo a los intentos contrarrevolucionarios para derribarlo.

Rusia dará un préstamo sin intereses de 1 500 millones de dólares, destacó su respaldo a Lukashenko y al resultado de los comicios y envió tropas a la frontera de Belarús con naciones fronterizas nada amigas para efectuar maniobras que, se aclaró, no eran contra terceros países, sino antiterroristas que, en definitiva, son los métodos que utilizan los enemigos de los pueblos con el fin de lograr malsanos propósitos.

En el caso personal de Lukashenko, este tuvo hace algunos años roces con Moscú en cuanto al paso por territorio belarús del gas y petróleo ruso hacia el Oeste, así como que el mandatario cometió la ingenuidad de confiar en Occidente en cuanto a la recuperación económica del país, cuestión ya zanjada y que le sirvió de experiencia.

En las acciones relativas a las protestas por los resultados electorales, con el desborde de calle de manifestantes y actividades violentas, eran parte de un plan preparado desde hace años para lograr la incorporación de Belarús al grupo de naciones fronterizas con Rusia con gobiernos adversos.

En ese sentido, se sabía que Lukashenko iba a ganar, por lo cual grupos opositores preparados en el exterior ingresaron al país, con el fin de preparare las acciones para derribar al gobierno constitucional, y para ello tenían (tienen) el respaldo de las autoridades de Ucrania, Polonia y Lituania, países fronterizos, así como las de la República Checa.

Ahora se conoce que Estados Unimos contribuyó con 20 millones de dólares y una suma mayor fue aportada por naciones aliadas europeas, lo cual, ligado a la actitud de los gobiernos citados, debía lograr el triunfo de esa falsa revolución de colores que tanto ha servido al imperialismo.

Pero fracasó en toda la línea esta conspiración internacional para revocar a Lukashenko y obligar a nuevas elecciones con la “bendición” occidental, debido al inobjetable apoyo de la mayoría del pueblo al mandatario reelecto, una policía que no se dejó confundir, un ejército dispuesto a enfrentar cualquier agresión del exterior y el firme apoyo de Rusia.

En el caso de los comicios NO hubo control por entidad internacional, porque las invitaciones hechas por Minsk a organismos europeos fueron rechazadas, con el fin de no tener que informar acerca de la correcta votación.

Lukashenko pudiera ser o no popular, pero sigue siendo la mejor opción para una nación donde hay un gobierno que sí se preocupa por el bienestar de la población, hace que la educación llegue a todos y la salud esté garantizada, y más en estos tiempos de enfrentamiento a la epidemia del nuevo coronavirus. En este sentido, Putin anunció que Belarús será el primer país al que se le enviará la nueva vacuna rusa contra la COVID-19.

Hay que apuntar que la principal contendiente del Presidente no aceptó la derrota y viajó enseguida a Lituania, donde le ofrecieron apoyo de todo tipo, mientras se ponía en marcha el “consenso” imperialista para rechazar los resultados de los comicios.

RECORDANDO UCRANIA

Empero, el método imperialista para deponer a gobiernos molestos, sí tuvo éxito en Ucrania, donde el Imperio empleó 5 000 millones de dólares para comprar voluntades, crear grupos mercenarios y apoyar a declarados agentes nazis, quienes, entre otras cuestiones denigrantes, encerraron en un edificio a más de 90 opositores, a quienes asesinaron mediante el fuego; al mismo tiempo que iniciaban bombardeos contra regiones fronterizas con mayoría de población de habla rusa.

El complot de Estados Unidos, la Organización del Tratado del Atlántico Norte y la Unión Europea para derribar el gobierno de Viktor Yanukóvich y empotrar un régimen neonazi en Kiev, hizo gala de la combinación de una serie de elementos entrelazados que deben ser analizados.

La ofensiva geopolítica que fue puesta en marcha en Ucrania para remodelar el orden internacional -aparte de sus peligros, costos y desenlace final- dejó al descubierto dos líneas relevantes interrelacionadas: instauración de un régimen/laboratorio neonazi en Kiev; y una gran crisis energética en especial del gas y el petróleo.

La particular situación geopolítica de comienzos del siglo XXI revivió y dio un nuevo impulso y valor funcional a la región euroasiática como segmento espacial a controlar para dominar el mundo, lo cual choca frontalmente con la alianza chino-rusa de revivir la Ruta de la Seda. 

Este nuevo impulso en Occidente proviene de las pretensiones imperiales delineadas desde la época donde se desenvolvía el estratega de seguridad de EE.UU. Zbigniew Brzezinski, quien enfatizó que el Estado que domine Eurasia de hecho controlaría dos de las tres regiones económicas más productivas y avanzadas del mundo, subordinaría a África y tornaría el hemisferio occidental y Oceanía geopolíticamente periféricos. 

En Eurasia, vive el 75% de la población mundial y están depositadas tres cuartas partes de las fuentes de energía conocidas en todo el mundo. Y más en concreto afirmó entonces que “Rusia sin Ucrania deja de ser un imperio, pero Rusia con Ucrania sobornada y luego subordinada, automáticamente se convierte en un imperio”. 

Estos parámetros expuestos muestran por qué el Imperio estuvo dispuesto a jugar la aventura bélica en Ucrania; y, además, explica que, para alcanzar sus metas de dominio y control de Eurasia, no existe parámetros de ninguna especie que le impida acudir a los métodos y alianzas execrables, como el apoyo a grupos neonazis y extremistas violentos de derecha.

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