American curios: No da igual

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American curios: No da igual
Fecha de publicación: 
2 Noviembre 2020
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La policía arrestó ayer a varios asistentes a una manifestación en Nueva York contra el avance de la amenaza neofascista en Estados Unidos. Foto Ap

 

Momentos inéditos en los que no se sabe si se salvará lo que queda de una democracia dañada, si correrá sangre en las calles, si habrá un intento de un autogolpe, o si las policías y las fuerzas armadas intervendrán si estallan "disturbios" –palabra tramposa que oculta quién está detrás de la violencia– o si se sabrá o no quién ganó y quién fue derrotado, y si va a imperar un proyecto con tintes neofascistas que pondrá en peligro no sólo a progresistas, trabajadores, mujeres, a la comunidad gay, a toda minoría, y en particular a todo inmigrante dentro del país, sino al planeta mismo.

Aunque se ha reportado una y otra vez que esta es una elección sin precedente en torno al "presidente más peligroso de la historia", existe una percepción muy curiosa y desafortunada entre algunos sectores progresistas en otras partes del mundo, incluido México, de que da igual quién gane.

Esto no se trata de otra contienda más entre dos partidos que según los mejores críticos estadunidenses, como Gore Vidal, forman un sistema de un solo partido "con dos alas conservadoras", ambos manchados de guerras, golpes de Estado, intervenciones y agendas neoliberales tanto en el extranjero como en su propio país, el cual ha llevado a la mayor concentración de riqueza en un siglo, junto con la violencia sistémica racial, dentro de este país. No es otra elección para escoger quién es la opción menos peor, ni es una para evaluar quién "nos conviene" más.

Para cualquier progresista en cualquier parte del mundo, la amenaza neofascista es un peligro intolerable para todo amante de los principios de justicia, los derechos humanos y la defensa de la libertad de todos. Esto tiene larga historia. Cuando Franco era quien amenazaba con fascismo en España, progresistas en todo el mundo se sumaron a los esfuerzos de solidaridad e incluso a participar en la guerra en las brigadas internacionales (incluidos estadunidenses en las Brigadas Abraham Lincoln), la resistencia antinazi por toda Europa antes y a lo largo de la Segunda Guerra Mundial, el apoyo y solidaridad con luchas de liberación contra dictadores en África, Asia y América Latina, o contra regímenes golpistas, eran parte de la lucha progresista en otros países, no sólo porque había consecuencias, sino por principio. Pinochet no daba igual a otro candidato, sino que era enemigo de todos los que se proclamaban como progresistas en todo el mundo. Es un principio internacionalista de lo más hondo.

Ahora esta misma amenaza enfrenta a Estados Unidos, algo que pocos esperaban pero que algunos advertían desde hace décadas, y eso, por ser la superpotencia, afecta a todos y al planeta mismo. Las palabras "fascismo" y/o "autoritarismo" en este caso no se emplean con propósitos de propaganda política, sino para describir objetivamente aspectos reales del actual gobierno por una amplísima gama de voces, desde conservadores tradicionales como George Will a destacados ex generales y almirantes, ex jefes de inteligencia como figuras de izquierda como Noam Chomsky, Cornel West, Angela Davis y líderes de diversos movimientos sociales.

Algunos, tal vez millones, están preparados para inundar las calles del país si hay un intento de autogolpe, incluyendo agrupaciones nacionales y hasta veteranos de guerra progresistas (About Face, VoteVets, Common Defense). Hay un mosaico multirracial, multi-generacional extraordinario de organizaciones y movimientos que han surgido de luchas recientes –Black Lives, el movimiento ambientalista, el de control de armas, de defensa de inmigrantes–, muchos encabezados por jóvenes que están no sólo pensando en cómo defender sus voces y votos, sino en promover una democratización radical del país.

Todos estos están enfrentando esta amenaza, todos estos son los verdaderos aliados de movimientos y gobiernos progresistas en otras partes del mundo, incluido México.

La lucha para frenar la amenaza neofascista y democratizar a la superpotencia requiere de la solidaridad de los que están librando esa misma lucha en otros países, o por lo menos que no les dé igual.

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