La Lipoescultura en Cuba: otra cara de una moda peligrosa

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La Lipoescultura en Cuba: otra cara de una moda peligrosa
Fecha de publicación: 
21 Junio 2016
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  Hace unos días, el periódico Adelante, de la provincia de Camagüey, publicó un amplio reportaje sobre una cirugía cosmética que ha ganado gran popularidad entre las mujeres de este territorio: la lipoescultura, que combina a la liposucción con la inyección de la grasa en otras zonas del cuerpo como los glúteos.

 

   Como sucede con cualquier operación electiva, ese proceder se realiza luego de que los especialistas en Cirugía Estética y Caumatología, del Hospital Universitario Manuel Ascunce Domenech, evalúan a las pacientes mediante criterios de inclusión, entre ellos la edad, y ordenan exámenes complementarios.

 

   Las féminas –en mayoría, aunque también acuden hombres- no pueden padecer enfermedades crónicas ni fumar, y además hasta 40 años es la edad aconsejable para hacerlo.

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   El acercamiento del semanario al tema acalló un pernicioso rumor que se extendía sobre la ocurrencia de fallecimientos por mala praxis, pues el prestigioso equipo médico a cargo del proceder aclaró que apenas se reporta un 0,05 por ciento de mortalidad dentro del quirófano, entre las más de ocho mil operadas.

   Los datos publicados por Adelante aseguran que esa ínfima cifra está relacionada con complicaciones descritas en el consentimiento informado que el paciente firma antes, y que existe la garantía de un buen equipamiento, esterilización y la destreza de los cirujanos estéticos implicados.

 

   Sin embargo, los riesgos de tal intervención, además ambulatoria, no concluyen con una salida satisfactoria de la mesa de operaciones, aunque la reconocida seguridad y calidad del sistema de salud en Cuba, y su gratuidad aún en estas cirugías de alto costo en el mundo entero, eleven la confianza de quienes las eligen.

 

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   Tal vez la cantidad no sea alarmante, pero sí es cierto que han fallecido mujeres tras someterse a la operación, no solo en el quirófano, también en los posteriores días de difícil recuperación.

   Y cuando a la estadística se le pone el rostro humano y el dolor de la familia que vea partir innecesariamente a madres, hijas, sobrinas, en la plenitud de la vida, por una decisión motivada por un problema estético, una sola muerte puede parecer un millón.

 

¿Vale la pena el riesgo?

   Por eso, el asunto requiere un poco más de luz, sobre todo hacia los motivos que llevan a las féminas, y en menor número a hombres también, a elegir la mesa quirúrgica como atajo para moldearse, y no otras vías más seguras como los ejercicios o la dieta saludable.

   Si bien hay quienes acuden por deformidades patológicas, muchos más lo hacen puramente por estética, impulsados por modelos de belleza implantados a fuerza de concursos foráneos que, como se sabe, son patrocinados por las mismas empresas que cobran miles de dólares por una cirugía plástica.

   A los inconformes con lo brindado por la naturaleza, pueden resultarles indiferentes el dolor de los masajes reductores posteriores, o el 23,1 por ciento de probabilidades de fallecer por una tromboembolia pulmonar, la complicación más frecuente y de mayor mortalidad en las liposucciones y sus derivados, según pesquisas del Censo de Cirujanos Cosméticos de Estados Unidos, disponibles en Internet.

La magia desaparece

   Pero, ¿qué sucede a largo plazo con el efecto potenciado? Una operación de dos o tres horas, tres meses de recuperación con faja reductora, y cualquier otro susto posible, quizás valdrían la pena para un resultado de largo alcance, mas se calcula que en unos tres años… la magia desaparece.

   La nutricionista Teresita Alzate Yepes, de la Universidad de Valencia, España, muestra en el artículo Cuerpo tirano y tiranizado, imágenes de mujeres que al cabo de ese tiempo están insatisfechas y con efectos más incómodos que los que trataron de extirpar a golpe de jeringas y bisturís.

   Muchas veces la grasa se vuelve a acumular en otros sitios del cuerpo, referencia por su parte la revista Mundo Natural, pues se cree que estructuras como vasos y nervios se destruyen durante la liposucción y el organismo “redirecciona” esa sustancia.

   Si el atajo al final resulta un callejón sin salida, sobre todo porque luego no se acompaña de otras prácticas saludables para mantener la figura lograda, y porque el paso del tiempo a nadie le es indiferente, más valdrían entonces esfuerzos por cultivar la propia autoestima.

   Aunque no lo creamos, no es la imagen devuelta por el espejo la que nos incomoda, sino la reinterpretación que de ella hacen nuestros ojos.

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