Quema de basura, problema ambiental de alto impacto

Imagen tomada del perfil de Facebook de Naturaleza Secreta
El problema de la basura en cada esquina es un asunto preocupante hace demasiado tiempo ya. Las causas las conocemos: poca fuerza laboral, la indisponibilidad de recursos para recogerla, la indisciplina social que no respeta horarios y destruye y hurta los contenedores, y así, en resumen, es lo que provoca que cada basurero se convierta en un pantano de desperdicios de todo tipo y su permanencia solo trae enfermedad porque es el hábitat perfecto para alimañas que, como nunca, han proliferado en nuestra ciudad.
Esto no es más que una deficiente, sino ausente, política ambiental tanto para el Estado como en la población que, de manera general, posee cero consciencia, y, al contrario, solo genera suciedad, incluso, cuando ha tenido infraestructura para organizar los desechos. Digo esto porque ¿cuántas veces no vemos a alguien tirando por la ventanilla del auto, o mientras camina, una lata, un cucurucho de maní? Cada papelito cuenta para la sanidad.
He visto personas con tal comportamiento cerca de una papelera, evidentemente no les importa la limpieza. Si esto era visible cuando existían cestos en las calles ¡imagínese ahora que vivimos esta crisis que abraza cada aspecto de nuestras vidas! La educación ambiental es fundamental para la humanidad, para nuestra salud y para vivir en armonía con la naturaleza. Sin embargo, noto que la mayoría es indiferente a perjudicar el entorno, que es dañarse a sí mismo.
Ya no se trata de la fetidez constante, insoportable, es el exceso de mosquitos, moscas, ratones y demás bichos que solo traen infección. Ahora, como si no fuera suficiente, cada vez más seguido y cada vez más cerca, la quema de basura. Al principio ni cuenta me di a pesar de mi alergia crónica que se expresa con lagrimeo persistente, congestión nasal, disnea, ardor y hormigueo por toda la cara y en garganta, más ese estado inquieto que, últimamente, ni se alivia con los antihistamínicos.
Al ser tan molesto aun con la vigilancia de las medidas habituales que tomo en mi círculo cercano y que sé me mantienen con la enfermedad controlada más que los medicamentos, me impuse investigar, buscar dónde se escondía el alérgeno. Una noche sentí un ligero olor a humo, muy sutil, y enseguida supe que ese era el motivo y que nada puedo hacer porque, en principio, creí que eran mis vecinos cocinando con carbón porque coincidió con falla simultanea de gas y electricidad.
Ante esa casualidad nada puedo hacer más que aumentar medidas usuales como cerrar puertas y ventanas y usar nasobuco, pero solo es un paliativo porque el humo se cuela por la rendija más estrecha. Luego cada noche el humo se hacía más intenso y, de repente, también durante los días. Hasta que vi un basurero enorme arder y comprendí que la situación es peor aun que inventar una cocina rústica en patio o parterre. Se trata de un fenómeno muy complejo de desobediencia civil, quizás, de protesta o ignorancia, de desespero y necesidad imperativa de encontrar salida para los basureros perennes con los que convivimos.
Cualquiera de esas es la respuesta, tal vez todas al mismo tiempo. Pero me pregunto si quienes inician el fuego sabrán la magnitud del daño no solo para alérgicos y asmáticos que apenas podemos respirar.
Quemar basura está prohibido, no es orientación de ningún ministerio como dicen, es un error garrafal que también se nos puede ir de las manos. No pocas veces hechos de este tipo han terminado en incendios de casas y tendidos eléctricos porque al estar en plena ciudad es muy fácil que se descontrole por el propio contenido inflamable que posee.
Más que nunca necesitamos acciones gubernamentales, aunque no sé cómo porque este siempre ha sido un tema polémico, no de ahora que en realidad son mínimas las existencias de combustibles para abastecer el parque automotor encargado de la recogida, que es básico. ¿Dónde está el desacierto? ¿Por qué es una cuestión que no hemos podido resolver?
Ya que las autoridades no han podido satisfacer la demanda ni con apoyo de fuerzas alternativas, ¿cómo es posible que tampoco surja un emprendimiento que se encargue de esta tarea y que los resultados se vean más allá de la cuadra sino que cambie la imagen urbana de forma radical? Puede ser una fuente empleo y no son extraordinarios los capitales que necesita, pero si requiere voluntad, inventiva, y todo esto acompañado de real educación ambiental desde la primera infancia para que aprendamos a valorar la higiene y a cómo colaborar desde nuestro hogar.
Recuerdo que antes, durante el periodo especial, la basura en algunas zonas se recogía con tracción animal. Fue iniciativa en áreas cercanas a vertederos oficiales porque, lógicamente, un caballo no es capaz de recorrer diario kilómetros de distancia y para ello sería necesario caballadas enteras y todo lo que lleva su mantenimiento. Pero remediaba. Ya entonces era arduo clasificar desechos y darle el camino adecuado con el menor daño atmosférico. Por eso durante décadas se acumularon montañas y montañas de basura, como ocurre en el habanero “botadero de 100”, como le dicen, que ardía por las noches y ahora es muy visible desde las avenidas.
En este momento vivimos con la masiva quema de basura en nuestros propios barrios. Es una decisión extendida y desmedida de unos cuantos que actúan bajo el desconocimiento —espero que no sea ex profeso— pero aun cuando las intenciones sean genuinas para acabar con un problema de sanidad, el resultado es muchísimo peor y jamás será la solución.
Quemar basura es altamente nocivo y no importa que se haga distante de zonas urbanas, lejos de nuestra respiración, imagine si es en la misma esquina de donde vivimos. No es solo que el humo nos resulte molesto, al querer incinerar todo tipo de inmundicia se liberan partículas finas que quedan suspendidas en el aire y al mismo tiempo gases y compuestos cancerígenos. Es un cóctel molotov que afecta a todas las especies del planeta y también a la atmósfera, lo cual acelera el cambio climático.
Esta actividad en condiciones no controladas es muy peligrosa. No es como quemar madera. La basura no catalogada contiene materiales modernos como plásticos, electrónicos, pilas y telas sintéticas que, cuando se calcinan se convierten en mejunje de metales pesados como plomo y mercurio, dioxinas y furanos (de los compuestos químicos más potentes), gases asfixiantes como el monóxido de carbono y el cianuro de hidrógeno.
Los principales efectos son dificultades respiratorias, cardiovasculares, neurológicas y de desarrollo, cáncer e irritación en ojos y piel. La lista es larga.
Es devastador. Esta no puede ser una práctica porfiada porque estaremos acabando con nuestra fortaleza y toda existencia en el mundo pues no solo se contamina el aire, también suelo y agua porque cuando llueve todas esas sustancias son arrastradas hasta niveles subterráneos. Debemos divulgar las alternativas responsables, seguras y sostenibles para gestionar los residuos porque todavía se encuentran puntos de acopio para aquellos materiales reciclables como papel, cartón, vidrio y metales, mientras que con los restos orgánicos podemos hacer composta para abonar cultivos de manera natural. Para los residuos peligrosos debería haber sitio de recolección que los reciban para que le den el camino preciso.
En resumen, la basura doméstica contiene más restos de comida y desechos reciclables, no es tan difícil tarea deshacerse de ella. Tiene remedio, y con lo demás lo mejor será siempre reducir y reutilizar, jamás quemar a cielo abierto porque genera una crisis silenciosa de salud pública y degradación ambiental por la combinación de diversos contaminantes que no se quedan solo en el lugar de incineración sino que se elevan con el viento y pueden recorrer kilómetros de distancia. Nadie escapa, ni siquiera las personas con salud de hierro.
Este problema requiere acción colectiva.
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