Nada extraño: Estados DesUnidos
Cuando el hoy presidente de Prensa Latina, Jorge Legañoa, presentaba hace unos días en Cubavisión la película La Guerra Civil, se rumoreaba que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se presentaría a un tercer mandato en el 2028, “dejándoselo en los callos” a las aspiraciones de Vance y la manía de grandeza de Marco Rubio, tal era el convencimiento republicano que podía hacer y deshacer a su antojo.
Pero la actual realidad presenta otro panorama con un poder republicano que ya no controla internamente al país, con divisiones cada vez más profundas entre y dentro de los estados, dando lugar a un panorama parecido al que presenta La Guerra Civil.
SINOPSIS
En un futuro próximo, vuelve a ocurrir otra guerra civil en Estados Unidos, librada entre el gobierno federal encabezado por un presidente autoritario que ya está en su tercer mandato, y el país sumido en varios movimientos secesionistas. A pesar de un discurso televisado del presidente de que la victoria está cerca, se sabe ampliamente que Washington D. C. pronto será atacado por las “Fuerzas Occidentales”, una alianza militar formada por Texas y California. La veterana fotógrafa de guerra Lee Smith (Kirsten Dunst) y su colega periodista Joel (Wagner Moura) quedan atrapados en un atentado suicida mientras intentan cubrir el creciente desorden civil en la ciudad de Nueva York, junto con la joven aspirante a fotógrafa Jessie Cullen (Cailee Spaeny), que idolatra el trabajo de Lee.
Sobreviviendo al incidente, los dos periodistas comparten bebidas con su mentor Sammy (Stephen McKinley Henderson) y le revelan su plan de dirigirse a Washington, D. C. e intentar entrevistar al presidente cada vez más aislado antes de que el grupo secesionista más fuerte puedan hacerse con la capital. A pesar de intentar disuadir a la pareja, a Sammy, con la aprobación de Lee, se le permite unirse a ellos para poder dirigirse al frente actual en Charlottesville, Virginia. A la mañana siguiente, Lee descubre que Jessie ha convencido a Joel para que la deje unirse al trío, una petición a la que Lee accede.
En los primeros días del viaje, el grupo presencia y documenta una gasolinera donde los propietarios armados están torturando a personas que afirman ser saqueadores, combates entre milicias secesionistas y fuerzas leales donde se ejecuta a los soldados que se rinden, campos de refugiados para los desplazados por los combates en curso, una ciudad aparentemente idílica bajo guardia vigilante donde los residentes intentan ignorar la guerra por completo y una batalla de francotiradores donde los participantes se burlan de los intentos de Joel de determinar a favor o en contra de qué parte están luchando.
Mientras viajan por la carretera, los cuatro creen que los están siguiendo solo para descubrir que el vehículo detrás de ellos es Tony (Nelson Lee), el amigo de Lee y Joel, y su colega Bohai (Evan Lai), un par de reporteros de Hong Kong. Después de algunos viajes en auto, Bohai desaparece mientras conduce con Jessie en el auto con él y los demás los alcanzan y encuentran a ambos apuntados con pistola por milicias uniformadas desconocidas que están enterrando a civiles en una fosa común. En contra de la objeción de Sammy, los otros tres intentan negociar su liberación, pero el líder de la milicia ejecuta tanto a Bohai como a Tony por no ser “estadounidenses”. Los demás son salvados por Sammy después de que embiste con el camión del grupo a miembros de la milicia, pero resulta mortalmente herido al hacerlo y muere tiempo después durante el viaje.
Traumatizados por los acontecimientos del día anterior, los tres restantes llegan a la base de operaciones avanzada de las Fuerzas Occidentales en Charlottesville, donde se revela que la mayor parte de los leales restantes se han rendido, dejando a Washington, D. C. en gran medida indefensa fuera de los restos de las fuerzas armadas y el Servicio Secreto.
El trío se une a las Fuerzas Occidentales mientras asaltan Washington, D. C., donde Jessie se expone repetidamente durante la pelea para capturar fotografías mientras Lee lucha contra el trastorno de estrés postraumático. Después de que las Fuerzas Occidentales traspasan el perímetro fortificado de la Casa Blanca, los tres encuentran el edificio prácticamente abandonado. Los soldados a los que siguen se enzarzan en un tiroteo con los pocos agentes del Servicio Secreto que aún custodian al presidente. Lee muere protegiendo a Jessie de los disparos, quien captura la fotografía de la muerte de Lee antes de continuar.
Al entrar a la Oficina Oval, la pareja observa cómo los soldados sacan a rastras al encogido presidente de debajo de su escritorio y se preparan para ejecutarlo sumariamente. Joel los detiene momentáneamente para obtener una cita del presidente, quien responde: “Por favor, no dejen que me maten”. Satisfecho con su respuesta, Joel deja de retrasar a los soldados para que disparen al presidente, mientras Jessie los captura en su fotografía de pie junto a su cuerpo.
LA DESUNIÓN DE HOY
Estados Unidos enfrenta una crisis política creciente, marcada por polarización, desconfianza institucional y violencia. La radicalización ideológica y el uso de redes sociales agravan el conflicto. La fractura social debilita la cohesión y hay probabilidad de una guerra civil.
Demócratas y republicanos están más alejados que nunca en sus posiciones sobre economía, inmigración, aborto, armas, política exterior, empresas tecnológicas y medioambiente. Las encuestas muestran que el porcentaje de votantes que se identifican como “muy liberales” o “muy conservadores” ha crecido significativamente en la última década, mientras que el centro político se reduce.
No se trata únicamente de desacuerdo en políticas. Existe un rechazo personal hacia el adversario. Cada vez más ciudadanos creen que el partido contrario es una amenaza para el país y que sus seguidores son inmorales o desinformados.
La polarización ha fragmentado el espacio común de diálogo. Las verdades compartidas que antes estructuraban el debate público —confianza en el proceso electoral, respeto a las instituciones, credibilidad de los medios de comunicación— se han debilitado: Dos bloques mediáticos ofrecen versiones radicalmente diferentes de los mismos hechos, alimentando burbujas informativas, La retórica política se ha vuelto más agresiva, con llamados a “salvar el país” de la amenaza que representa el contrario; y crece el número de personas que creen que ciertas opiniones deberían ser censuradas o que justifican el uso de medios no democráticos para evitar que el otro bando gane poder.
Las instituciones políticas y judiciales podrían experimentar niveles históricos de parálisis legislativa y ejecutiva. Los conflictos se trasladan a tribunales, aumentando la percepción de que las cortes actúan como actores partidistas, reduciendo así la confianza hacia actores gubernamentales, tanto políticos como judicial. La polarización alimenta la hostilidad en redes sociales, el boicot económico a empresas nacionales o extranjeras que apoyan causas contrarias y, en casos extremos, la violencia política.
La desconfianza en las instituciones de Estados Unidos es uno de los fenómenos más preocupantes de la última década y actúa como multiplicador de la polarización política. Consultando los últimos registros de las encuestas, previos a la toma de posesión de Donald Trump en su segunda legislatura:
La confianza en el gobierno federal ha caído a niveles cercanos al 20%, el nivel más bajo desde que existen registros. En los años sesenta, más del 70% de los estadounidenses confiaban en que el gobierno “hiciera lo correcto”. Hoy predomina el escepticismo, en parte por escándalos de corrupción, guerras prolongadas y crisis económicas mal gestionadas.
La aprobación del Congreso ronda el 15-20%, reflejando la parálisis legislativa; las decisiones de la Corte Suprema en temas sensibles como aborto y derecho al voto han polarizado a la población. Un 50% de los estadounidenses cree que los medios publican información engañosa con intención política.
Los casos de uso excesivo de la fuerza han deteriorado la relación entre ciudadanía y policía, sobre todo en comunidades afroamericanas y latinas; crece la resistencia a cumplir leyes consideradas injustas, potenciándose la legitimidad percibida para emprender una “revolución”, ya sea pacífica o combativa.
Tras las elecciones del 2020, un gran número de ciudadanos afirmó no reconocer la victoria presidencial, desechando los análisis del proceso electoral, lo cual abre espacio a discursos antisistema y líderes populistas.
El aumento de la violencia política en Estados Unidos es uno de los indicadores más preocupantes de inestabilidad interna. Ya no se trata solo de un fenómeno aislado o de violencia callejera espontánea: la violencia se está profesionalizando, planificando y dirigiendo de forma más selectiva hacia objetivos concretos.
Un tema nada concluso, en el que el Departamento de Seguridad Nacional ha identificado la violencia política doméstica como una de las principales amenazas para la seguridad nacional con un crecimiento sostenido en el número de actos violentos vinculados a extremismo doméstico, con un aumento de ataques planificados y uso de armas de fuego en los últimos cinco años.
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