Milei se muerde la cola

La motosierra como instrumento y como símbolo resolvió el problema que se propuso resolver: redujo el desequilibrio fiscal nominal. Pero generó un conjunto de desequilibrios secundarios
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Milei, Trump
Fuente:
CubaSí

La tarifada y mediatizada prensa de derecha se ha hecho eco de los más recientes alardes del melenudo presidente de Argentina, Javier Milei, acerca de que ha hecho disminuir la pobreza y la inflación, ocultando cuanto sufrimiento está haciendo pasar al pueblo, principalmente a los más vulnerables, para complacer intereses de la oligarquía y el capital foráneo, así como resguardarse de  cualquier decisión judicial por negocios espurios.

Milei dice que la pobreza ha caído del 52% a menos del 29%, pero esto no se refleja en la situación de la familia y, al respecto, especialistas coinciden en señalar que la situación socioeconómica de los hogares no refleja una mejora sustancial, por lo que  tal declive debe interpretarse cautelosamente.

El especialista de la Universidad Católica Argentina, Agustín Salvia, remarcó que la percepción social no coincide con los números, porque “la gente no está sintiendo en el bolsillo que tiene más capacidad de consumo que hace un año.

Por el contrario, se te bajan los consumos de lácteos, de yerba, cae el consumo general”. En ese sentido,  el gasto en servicios básicos absorbe una mayor proporción del ingreso. “La luz, el agua, el gas, el transporte y la comunicación ocupan una parte importante del gasto, y el componente disponible para otros consumos baja significativamente”, explicó.

Para algunos el “truco” oficial es utilizar una canasta de consumo que data del 2004, combinada con el índice de precios completamente desactualizado, lo cual genera una caída de la pobreza que parece extraordinaria, pero no refleja la situación real. Salvia reconoció un componente genuino vinculado a la desaceleración de la inflación en alimentos: “La caída de la indigencia es más realista que la caída de la pobreza”.

En cuanto a la caída de la inflación hasta analistas de derecha dudan de que sea así realmente, y apuntan que todo va subiendo de precio, como los alquileres. Durante el primer trimestre, los valores subieron 9,6%, con un incremento del 3% solo en marzo, consolidando una tendencia alcista tras la desaceleración observada a lo largo del 2025.

El repunte se da en un contexto de cambios estructurales en el mercado. Tras la derogación de la Ley de Alquileres, los precios de los nuevos contratos se desaceleraron inicialmente, pero luego retomaron al alza. Hoy acumulan un aumento interanual del 34,7%, por encima de la inflación.

Mientras el 70% de las pymes o pequeñas empresas se ahogan, algunos vaticinan que, como la tasa de inflación mensual no es la anunciada por Milei, porque ahora viene en ascenso  y la guerra de agresión iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán en el Medio Oriente hizo crecer el precio de la energía, en el 1° semestre del 2026 los precios de la Canasta Básica Total (CBT) van a superar a los salarios informales. Esto implica que la pobreza va a volver a subir. Pero poco porque pasó a los salarios informales.

En fin, para que la pobreza baje, los pobres dejen de correr con salarios informales y pasen a formales. Pero para esto se necesita que la economía crezca sostenidamente para multiplicar la creación de empleos formales y que mejore sustancialmente la calidad de la educación, pero esto no lo tiene aún en cuenta el régimen neoliberal de Milei.

Por último, los informes coinciden en que el crecimiento será moderado y desigual. Proyectan una expansión de entre 3% y 3,2% en el 2026, por debajo del 4,4% del año pasado, con un desempeño dispar entre sectores: fuerte en actividades ligadas a commodities (materias primas), pero débil en industria, construcción y consumo. En ese marco, el gobierno enfrenta un dilema con las tasas de interés: mantenerlas altas para contener la inflación y el dólar, o bajarlas para no profundizar la debilidad de la actividad y el crédito.

DEL TÍTULO

El perro que se muerde la cola: caída de actividad industrial, caída de recaudación, mayor ajuste y vuelta al inicio.

La motosierra como instrumento y como símbolo resolvió el problema que se propuso resolver: redujo el desequilibrio fiscal nominal. Pero generó un conjunto de desequilibrios secundarios que ahora presionan sobre el resultado fiscal desde el lado de los ingresos, forzando un ciclo adicional de ajuste que reproduce el mismo mecanismo.

La recaudación tributaria de marzo totalizó 16 billones de pesos argentinos con un alza nominal del 26,2% interanual — por debajo de la inflación estimada, lo que implica una contracción real superior al 4%. Simultáneamente, la manufactura cayó 3,2% interanual y los datos adelantados anticipan -3% adicional.

La capacidad instalada industrial opera al 53-54% y el empleo no registra variación neta en doce meses. Los tres indicadores no son datos aislados: son los componentes de un círculo vicioso que la motosierra del libertario melenudo no puede cortar, porque ella misma lo está alimentando.

La recaudación tributaria de marzo y los datos industriales no son indicadores independientes. Son los dos nodos visibles de un mecanismo de retroalimentación negativa que tiene una lógica interna precisa y que los datos de la semana permiten documentar con exactitud aritmética:

¡DESTRUCCIÓN!

Destrucción de capacidad productiva: La apertura comercial sin política industrial de transición, el encarecimiento en dólares libres del 28,5% interanual y la ausencia de crédito industrial de largo plazo generan el cierre de más de 22 000 empresas desde fines del 2023 y el estancamiento de la producción manufacturera en niveles 10% por debajo del 2022.

Contracción de la base: Menos empresas activas y menor actividad industrial producen menos masa salarial registrada, menos facturación empresarial, menos importaciones de insumos y menor volumen de transacciones. El resultado directo es una base imponible estructuralmente más estrecha que la del 2022-2023, independientemente de la tasa impositiva aplicada.

Caída de la recaudación: Ganancias creció apenas 17,1% nominal en marzo contra una inflación estimada del 36,6% interanual: caída real de aproximadamente ocho puntos porcentuales. Los derechos de exportación cayeron -14,6% en términos nominales —caída real de más del 40%— golpeados por la reducción de alícuotas para soja, trigo y maíz y por la menor liquidación relativa. El IVA aduanero creció apenas 19,1%, reflejo directo del menor volumen de importaciones industriales. La recaudación total creció 26,2% nominal contra una inflación del 36,6%: contracción real superior al 4% en el mes y al 6% en el acumulado del primer trimestre.

Presión sobre el resultado fiscal: Una recaudación que cae en términos reales comprime el superávit primario desde el lado de los ingresos. Para mantener el equilibrio fiscal en ese contexto, el único instrumento disponible dentro del marco ideológico vigente es la reducción adicional del gasto: más ajuste sobre infraestructura, inversión pública, ciencia y transferencias productivas. 
Exactamente los componentes del gasto con mayor efecto multiplicador sobre la actividad y el empleo.

Profundización del deterioro productivo: Menos inversión pública en infraestructura reduce la demanda de insumos industriales. Menos transferencias productivas reducen el crédito disponible para las pymes. Menos gasto en ciencia y tecnología reduce la capacidad de innovación del sector privado. El círculo vuelve al Paso 1 con una base productiva más estrecha que en el ciclo anterior.

CONCLUSIÓN

La motosierra como instrumento y como símbolo resolvió el problema que se propuso resolver: redujo el desequilibrio fiscal nominal. Pero generó un conjunto de desequilibrios secundarios —destrucción de capacidad productiva, contracción de la base imponible, encarecimiento en dólares, estancamiento del empleo— que ahora presionan sobre el resultado fiscal desde el lado de los ingresos, forzando un ciclo adicional de ajuste que reproduce el mismo mecanismo.

La recaudación que cae 4% real en marzo no es un dato aislado. Es la señal contable de que la destrucción de capacidad productiva industrial que los datos oficiales documentan desde hace cinco trimestres ya está impactando en la base tributaria del Estado. Y que sin una segunda fase del programa económico orientada a la reconstrucción del tejido productivo —con política industrial activa, crédito de largo plazo para los sectores con mayor potencial de encadenamiento y criterios de complejidad exportadora como objetivo de política pública— el círculo se cierra sobre sí mismo con cada trimestre que pasa.

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