¿Los peores momentos de Trump?

Foto: Gettyimages.ru
Dado por los intereses mezquinos conque suelen manejarse los mandatarios estadounidenses, no importa que digan o crean lo contrario, pues es muy probable que deban enfrentar el rechazo político, incluso el repudio, tanto de su pueblo, como de otros países.
Obviamente unos presidentes han sido más criticados que otros, pero no resulta exagerado afirmar que Trump, en su segundo mandato, tal vez rompió récord de aversión a nivel global, tanto internacionalmente, como también en el espacio doméstico.
¿Acaso atraviesa Trump uno de sus peores momentos? Sin duda alguna, más allá que razonablemente todo se le ponga peor.
Empezar por el hecho de que el anuncio de una probable finalización de la guerra contra Irán, y eventualmente un provechoso proceso negociador, debió haber sido lo mejor que le podía pasar a Trump, al menos desde el fatídico 28 de febrero, cuando iniciaron las hostilidades del Estado Einstein contra los persas.
Pues no, resulta que fue todo lo contrario, en buena medida por las torpezas y las retoricas, que fluyen desde el mandatario estadounidense, así como por la torcida relación que tiene el imperio con el liderazgo sionista, que conduce los destinos de Israel.
El acuerdo de paz entre EEUU e Irán, asumido el 8 de abril pasado, debe ser uno de los más cortos de la historia; era de esperar, las autoridades estadounidenses concurrían a este en “modo derrota no aceptada”, o si se quiere, en estado de conmoción, al borde de un evidente desastre militar. Este extremo se verifica a simple vista cuando, después de la peculiar euforia conque Trump y Pete Hegseth iban relatando los episodios de la guerra, pues resulta que la “maldita” realidad arrojaba cotidianamente, a quien quisiera verlo, que el “ejército más poderoso del mundo” estaba siendo superado.
Pero a pesar de lo abrumador del asunto, aun así apenas comenzando el diálogo en Pakistán, este fue enviado al baúl de los pendientes, sencillamente porque el ente sionista no se sentía aludido en las conversaciones, y continuó masacrando a los libaneses como si nada, siempre fiel a su inclinación a eludir o incumplir lo acordado.
En ese caso, la posición asumida por los sionistas no se debía únicamente a un capricho de su liderazgo. La derrota en materia psicológica y política infringida por Irán a los israelitas, tiene claramente un efecto coyuntural, pero sobre todo estratégico.
Como se conoce, la gran mayoría de los israelitas fueron educados para creer que son el pueblo elegido por cierto dios; pero los contundentes golpes sufridos ha generado una contradictoria reacción, entre la evidente necesidad de que los persas dejen de bombardearlos, casi impunemente tras el ocaso de la cúpula de hierro, lo cual debería tributar a fumar la pipa de la paz, y al unísono, el conflicto existencial de que pueden ser barridos como país, si se impone el enfoque de que son altamente vulnerables.
Sin embargo, sin descartarla, la influencia sionista está eventualmente exagerada, a la hora de entender la implicación de EEUU en este conflicto. Ya se ha explicado, muy probablemente la principal motivación para invadir a Irán, está relacionado con la decadencia del sistema del petrodólar, uno de los principales sostenes, de lo que queda de hegemonía imperial en estos tiempos.
En ese contexto, aparece en escena el cierre del Estrecho de Ormuz, en particular en lo referido a la decisión de Teherán, de cobrar el paso por el Estrecho en monedas encriptadas o chinas, nunca en petrodólares. Hay que insistir en este aspecto porque es primordial. Desde luego que la plutocracia estadounidense esta visceralmente compenetrada con el sionismo, pero aquí concurre un interés de EEUU, o de esa élite mejor dicho, con independencia que exista o no la entidad israelita.
Ante semejante coyuntura, el Jefe Trump queda atrapado de alguna manera en una especie de zugzwang, que es una jugada en el ajedrez según la cual, cualquier pieza que se mueva, empeora la situación de a quien le toca jugar. Así que decide aplicar su propio bloqueo sobre un espacio ya bloqueado; y no es un trabalenguas, es que los US Navy bloquean por la entrada sur, y los persas por el norte.
Con esta decisión, Washington busca evitar que Irán exporte combustible, a pesar de que eso dispara casi automáticamente el precio de la gasolina en EEUU, de allí la comparación ajedrecística. Pero lo peor es que los iraníes, previendo este tipo de acciones, hace más de 45 días que enviaron de forma oculta a otros mares, una buena parte de su flota, cargada de combustible, alrededor de 157,7 millones de barriles, suficiente para responder a sus compromisos al respecto, al menos por los próximos 80 días.
Otro prolegómeno adyacente es algo que ya se hizo evidente, desde el mismo comienzo de la ilegal e ilegítima agresión contra Irán. La pelea la están desarrollando solo, solitos, los EEUU e Israel. Cero apoyo de los tradicionales aliados euroccidentales más Australia, incluso desmovilización, a cuenta de misilazos, de los países árabes que rodean a Irán, desprotegidos ahora, tras el aniquilamiento de unas 13 bases militares estadounidenses ubicadas allí.
Para colmo, los susodichos aliados se han negado, en algunos casos categóricamente, a apoyar cualquier acción que bloquee el Estrecho de Ormuz; a ello se suman otros desaires, como no permitir el trasiego de aviones militares estadounidenses destinados a la agresión, y desde luego lo ya mencionado de no participar. Casi a coro han respondido, “esa no es nuestra guerra”.
La postura de los miembros de la OTAN, a los pedidos de auxilio de Trump ha puesto en dudas, quizás con una intensidad nunca vista hasta la fecha, la existencia misma de esta organización agresiva; y el tema no queda ahí porque algunos de ellos, por caso los más importantes más Canadá y los nórdicos, debaten crear su propia estructura de “defensa” dentro de la OTAN, a la que han llamado “La coalición de los dispuestos”.
No satisfecho con estas broncas, derivadas de una soberbia, que intenta esconder el fracaso del imperio en tiempo récord, en materia militar, pues Trump no tiene mejor idea que abrir un frente de confrontación con el mismísimo Papa, sí, el líder religioso de unos 1 600 millones de católicos, dispersos por todo el mundo, con un “destacado” miembro como el vicepresidente estadounidense Vance, católico confeso según él. Al finalizar el “debate” entre ambas figuras, León XIV emerge con un + 34% de popularidad entre los estadounidenses, contra un – 12% para Trump.
Y en sentido más abarcador, otros datos del actual mes de abril, continúan mostrando la sostenida perdida de aceptación al mandatario, en comparación con igual mes del pasado año. Así por ejemplo, el personaje tiene cifras negativas por todas partes, como un -34% en el tema inflacionario, -22,7% en cuanto a la situación de la economía; y lo que es más llamativo, el manejo de la inmigración, con una caída del -10,4%, siendo este último, uno de los temas que le permitió ganar en el 2024.
En perspectiva , todo lo sucedido ha enviado al sótano la imagen del inquilino de la Casa Blanca, y no solo eso, sino que ha sentado las bases de una arremetida de alto voltaje, por ahora desde la bancada demócrata del Congreso, pero también de la opinión pública, sin distingo partidario, planteándose sostenidamente la destitución del presidente Trump.
Esto último tiene muchas formas de valorarse; alguien podría hasta relativizar su importancia, dado que institucionalmente por ahora, es muy improbable que le apliquen la famosa 25 enmienda, u otra salida donde se requiere de mayorías suficientes en el Congreso.
Pero no hay que confundir lo institucional con lo político. Trump enfrenta una derrota en este terreno, aunque no proceda la destitución y peor si es por una causa, como el rechazo a la verborrea cruel de Trump y en general, a la propia guerra contra Irán. Puede afirmarse que en enero pasado, tras el ataque a Venezuela, a nadie en EEUU se le podría ocurrir, que agredir a Irán tendría semejante costo político y el repudio nacional e internacional. Es otro de los cálculos fallidos que la historia le cobrara a Trump.
Tampoco olvidar el impacto que todo esto va teniendo en las bases MAGA, desde donde califican al mandatario de “lunático genocida”. Ciertamente bastante se ha hablado de este asunto, sobre todo por sus efectos electorales; sin embargo, esto no queda ahí; se trata además del inicio del ocaso de una idea estratégica de dominación de un sector de ultra derecha, que soñaba con modificar las bases mismas del sistema político “democrático burgués”, que consideran superado por las propias contradicciones estructurales del imperialismo, en fase decadente.
Esto no es filosofía abstracta. No se olviden que los mencionados sectores ultra conservadores, asumieron que la única forma de lidiar con la eventual decadencia, era con un gobierno “al estilo Trump”, portador de anti valores, que lo resumen en el absurdo de compararse nada menos que con Cristo. Si, porque la famosa foto publicitada en la red social presidencial, no fue una simple confusión, no, devela una forma de pensar, con fines propagandísticos, de naturaleza hitleriana, de un líder que no se equivoca y se le sigue sin cortapisas.
En resumen apretado, Trump, el “infalible más errático” de las últimas décadas en la historia estadounidense, está en bronca con todo el mundo. Con Irán, que ya sería suficiente, a tenor por los hechos de la mencionada realidad, con los aliados históricos del imperio, con buena parte de la opinión universal, con su propia población, incluido de forma creciente, con su base electoral, y la lista podría ampliarse hasta el más allá, porque de seguro Cristo también lo aborrece.
Es muy valioso desde luego darle seguimiento a esta historia, porque deja lecciones, porque permite predecir, con una claridad que no existía probablemente antes de la invasión a Irán, de cómo se perfila el futuro, tanto en Asia Occidental, como en el resto de un mundo, en franco proceso de reconfiguración; y por su puesto aquí, en el área del Caribe, al sur del estrecho de la Florida, si, otro estrecho, que emerge como un espacio geográfico, símbolo de la derrota militar imperial.
A pesar de la tregua acordada, el peligro inminente sigue como si aquella no existiera, parece más bien un ardid imperial para ganar tiempo, mientras ubican en la región una fuerza expedicionaria calculada en unos 50 mil efectivos, quizás para invadir el territorio iraní, o tal vez, para proteger a Israel de que sea finalmente desarticulado, ante recurrentes noticias de un virtual colapso de las huestes militares sionistas.
En todo caso debe admitirse que este conflicto ya lo ganó Irán, con efecto de largo plazo, para su pueblo, y al menos para el llamado sur global. Y lo más curioso, las guerras contra Iraq y contra Afganistán terminaron en una derrota política para EEUU, evidenciado 20 años después; con Irán bastaron los primeros 20 días, para que lo anterior se volviera crecientemente obvio. Mientras más rápido prospere este desastre del imperio, mejor para todos, en primer lugar, para el propio pueblo estadounidense. Es de esperar que esto se entienda.
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