Un año después no se ve cambio en voly (f) cubano
El brasileño Luizomar de Moura al frente del equipo femenino de voleibol de Cuba
Quienes siguen esta página recordarán que fui uno de los más entusiastas con el arribo del técnico sudamericano, primer extranjero como jefe principal de una escuadra nacional en muchos años, pero lo cierto es que hubo más ruidos que nueces.
El plan era claro: intentar recuperar el nivel que en su día tuvieron las Espectaculares Morenas del Caribe, lo cual ha sido imposible en las dos últimas décadas, pero con el entrenador auriverde nada se vio en las competencias recientes.
Evidentemente, no se le pueden pedir milagros, pero voy un poco más allá, porque me parece errónea la filosofía de tener a un preparador para que solamente se ocupe del seleccionado principal, sobre todo cuando este no tiene el nivel como para estar en la elite del mundo.
En estos momentos, solamente el voleibol masculino y el béisbol (con todos sus problemas) son los que tienen material humano suficiente como para de verdad codearse con los ocho mejores del planeta, por ejemplo.
Por tanto, tratar de conseguir algo importante con el voly femenino parece una quimera, y más si solamente se centra la labor en los mayores y no se potencian las categorías inferiores.
A mi juicio, cuando se va a contratar a un adiestrador foráneo es para que deje al menos los cimientos sólidos para que cuando finalice su labor, exista por lo menos una metodología moderna.
No estoy al tanto de los detalles del contrato, pero visto lo visto, no tiene mucho sentido que De Moura o quien sea esté dos meses en suelo cubano y el resto del tiempo en su país.
No quiero parecer pesado, pero cuando realmente funcionó una experiencia similar fue con el peruano Miguel Company al frente del combinado nacional de fútbol, y tuvimos los mejores resultados de nuestra historia reciente.
Pero Company no viajaba desde Perú para “chocar” con sus pupilos durante unos pocos entrenamientos, vivía en Cuba, sabía las circunstancias particulares de cada uno de sus futbolistas, recorría el país en busca de talentos en las provincias y, quizás lo más importante, compartía sus conocimientos con un grupo reducido de entrenadores locales que luego tomaron su relevo y lo hicieron bastante bien.
Dicho esto, el notable palmarés de cualquier DT queda detrás, porque para rehacer la estructura desde la base y dejar un legado pasa inevitablemente por entender lo que pasa por la mente de sus pupilas, y para eso hay que sufrir junto a ellas la cruda realidad que enfrentan diariamente.
De lo contrario estamos tratando de construir el edificio por la azotea y no por la zapata.
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