Seamos felices

Centrémonos en metas reales porque la luna solo es objetivo para los poetas. Recordemos siempre que la maravilla está en el viaje, no cerremos los ojos.
Fuente:
CubaSí

Como hay un día internacional para todo no podía faltar uno para celebrar la felicidad, y es cada 20 de marzo. ¿Casual su elección alrededor del equinoccio de primavera que da paso a esa estación que significa esplendor, florecimiento y jornadas de sol que asociamos con alegría después de una temporada invernal? Pues no.

Es solo un día señalado, simbólico para reflexionar, pero en realidad la felicidad está en nosotros, en la manera de afrontar la vida cada minuto que respiremos, en cómo aceptamos lo que venga, en lo que hacemos para estar mejor. Fácil es dejarse llevar por la inercia, valioso es revolucionar lo elemental porque ser feliz es un acto de rebeldía en un momento complicado de crisis económica y existencial.

El mundo no se detiene el 20 de marzo para que seamos felices, no obstante, en tiempos de ruido, dificultad y prisas que parecen no terminar, hablar de este tema no puede sonar lujo o utopía, sino una herramienta para la salud mental porque nos han vendido la idea de que la felicidad es un destino lejano, que se alcanzará cuando resolvamos todos los problemas, tengamos eso o seamos aquello.

Sin embargo, esa búsqueda constante e inalcanzable puede dar al traste con el verdadero secreto: la felicidad no se encuentra, se construye; y no necesariamente precisa de lo supremo, aunque, como es lógico, cada quien tiene sus propias expectativas, y soñar está bien, pero la felicidad es un concepto abstracto y subjetivo que a menudo puede alimentarse de pequeñeces, de aspectos humildes y hermosos del día a día.

No es ser conformista. Hoy, más que nunca, necesitamos esa revolución interior. No una de hazañas y sacrificios, sino una que centre la mirada en la belleza de lo cotidiano, en lo que puede ser, en apariencia, pequeño y común, pero que en realidad tan solo es así por la forma en que tenemos de mirar. Por eso, se trata de entrenar el foco y descubrir lo que esconde lo simple porque quizás, ahí, reside una fuerza capaz de sostenernos en cualquier tormenta.

Detengámonos un momento, pausemos esto que se llama vida agitada que nos lleva de la mano y corriendo, miremos alrededor, con seguridad habrá lindura explícita o figurada.

¿Por qué los niños son felices con tan poco? A veces los vemos en su inocencia admirando un rayo de sol que se cuela por la ventana, los dibujos del humo danzante de una taza de café o cigarro, o la lluvia que se convierte en río por las calles empinadas. Aprendamos de ellos. La felicidad, desde la metáfora, es también eso, es encontrar placer en hechos como terminar el libro que llevas años queriendo leer, es tropezar de casualidad con el amigo de la infancia y recordar etapas remotas.

Encontrar divinidad en lo simple es un acto de profundo optimismo, es cierto. No es ingenuidad, es resistencia. Es una forma de decirle al caos "estás ahí y no me paralizas".

¿Se puede ser optimista con los pies en la tierra en la actualidad? Vivir tiempos difíciles nos dice que la felicidad no es la ausencia de problemas, sino la capacidad de encontrar, a pesar de ellos, refugios de paz y asombro. Es saber que, aunque el mundo se tambalee, existen universos de satisfacción concentrados en instantes que, sumados, dan sentido a todo lo demás.

Apreciemos la vida, que es tan efímera, busquemos espacios para enajenarnos, proyectemos a largo y corto plazo, centrémonos en metas reales porque la luna solo es objetivo para los poetas, y recordemos siempre que la maravilla está en el viaje, no cerremos los ojos, seamos felices.

Añadir nuevo comentario