Rita Montaner, "La Única", encarnó el temperamento de esta isla

Foto: tomada de radio26.cu
Cuba perdió el 17 de abril de 1958 una de las voces que mejor la representaban.
El fallecimiento de Rita Montaner supuso la pérdida de un modelo de interpretación integral, capaz de fusionar la exigencia de la técnica académica con la espontaneidad del arte popular.
Su ausencia dejó un estándar de versatilidad que obliga a la historiografía musical a revisar constantemente cómo una sola artista pudo dominar registros tan diversos con tal nivel de eficacia comunicativa.
La versatilidad de "La Única" sigue siendo un caso de estudio para quienes analizan la evolución de la música cubana. Pocas figuras han logrado transitar con tal naturalidad entre el rigor de la zarzuela y la picardía del pregón callejero, convirtiendo cada género en un territorio propio.
Su voz de soprano no se limitó a las salas de concierto, bajó al solar y subió al olimpo de la cultura universal con una autoridad que no admitía réplicas.
Más allá del canto, Rita se impuso como una artista total que dominó con maestría el cine, la radio y la incipiente televisión de mediados de siglo.
Fue pionera en el uso de los medios de comunicación para proyectar una imagen de cubanía, sin perder nunca el anclaje en las raíces más profundas de la nación.
Su paso por los estudios de filmación en México y Estados Unidos solo confirmó que su talento desbordaba cualquier frontera geográfica.
Utilizó el micrófono también para fustigar la corrupción de la era republicana. A través de sus intervenciones radiales, especialmente con su personaje "Lengualisa" y el icónico estribillo «mejor que me calle», la artista desnudó las carencias del gobierno de turno y las injusticias que asolaban al pueblo cubano.
Fue por eso que su programa radial, que se hizo inmensamente popular en la década de 1940 a través de la emisora RHC Cadena Azul –años después trasladado a la TV-, sufrió suspensiones oficiales y ella misma enfrentó amenazas que marcaron su vida personal, demostrando que su compromiso iba mucho más allá del aplauso estético.
No se puede hablar de la identidad sonora de Cuba sin mencionar la fuerza telúrica que Rita imprimía a cada nota y a cada uno de sus enunciados. Por eso, recordarla hoy es un ejercicio de justicia profesional, rigor histórico y de cubanía.
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