Irán: Otro golpe traicionero de Trump

El ataque estadounidense‑israelí contra Irán corre el riesgo de sumir al mundo en el caos. Los hechos no dejan lugar a dudas: se trata de una guerra ilegal, tanto según la legislación estadounidense como los estatutos internacionales.
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quema de banderas Estados Unidos Israel en turkia

Partidarios del gobierno iraní queman banderas estadounidenses e israelíes durante una manifestación a favor del gobierno iraní celebrada frente al consulado de Irán en Estambul, Turquía, el 18 de enero de 2026.

Fuente:
CubaSí

Mientras el canciller trumpista de lamentable origen cubano, Marco Rubio, anunciaba un próximo viaje a Tel Aviv para que, según filtraciones intencionales, aceptara Israel un acuerdo de Estados Unidos e Irán acerca del problema nuclear, se producía la agresión armada de ambos entes reaccionarios poseedores de armas atómicas contra la nación persa, urdida desde hacía dos semanas antes, según confiesa el genocida Netanyahu.

La agresión tiene entre sus fines propiciar un cambio de régimen, que incluye el asesinato de sus principales líderes, por lo cual Trump ha incitado al efecto a una población a la que ha estado masacrando con un poderoso armamento, causante de la muerte de miles de civiles, entre ellos 148 niñas de una escuela destruida por las bombas norteamericanas, así como del líder supremo Ali Jamenei y cuatro de sus familiares.

Teherán ha contrarrestado la agresión con ataques no sólo a Israel, sino a bases militares norteamericanas en la región, además de cerrar el estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% del comercio petrolero mundial.

Mientras un mundo occidental que baila al compás de Estados Unidos aplaude la ignominia contra el pueblo iraní, el resto de las naciones denuncian el hecho y, al igual que con la agresión militar ordenada por Trump contra Venezuela y el secuestro de su presidente, llaman a la solidaridad con el agredido y, hasta ahora, nada más.

Un mundo occidental que aplaude al mesiánico personaje de la Casa Blanca, impertérrito ante la posibilidad de convertir a toda una nación en cenizas, bajo el pretexto de evitar que pueda fabricar una bomba nuclear; es decir, se admite que no la tiene, en medio de conversaciones que, por primera vez, iban por buen cauce, pero lo que parecía un sueño, Trump y sus amiguitos lo convirtieron en pesadilla.

Una vileza del millonario presidente que no contó con la aprobación del Congreso u otro organismo -como acostumbra- en medio de impactantes denuncias que lo ligan a un  desviado sexual que se “suicidó” después de su aprehensión, con denuncias de que las páginas de un diario al respecto que involucraban claramente al narcisista mandatario, han desaparecido.

RIESGO MUNDIAL

El ataque estadounidense‑israelí contra Irán corre el riesgo de sumir al mundo en el caos. Los hechos no dejan lugar a dudas: se trata de una guerra ilegal, tanto según la legislación estadounidense como los estatutos internacionales.

El presidente estadounidense ha afirmado en repetidas ocasiones que no se puede permitir que Irán desarrolle un arma nuclear. El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, declaró tras la última ronda de negociaciones que se estaban realizando “buenos progresos” en un acuerdo para limitar el programa nuclear de Irán a cambio del levantamiento de las sanciones.

La actual intervención en Irán es el punto final de una larga campaña de la derecha estadounidense e israelí para remodelar Oriente Medio y el mundo musulmán a punta de pistola.

Se trata de otra intervención más en una larga historia de desastrosas acciones exteriores que han desestabilizado el país desde que Gran Bretaña y la Unión Soviética derrocaron a Reza Shah Pahlavi en 1941, y la CIA y el MI6 orquestaron un golpe de Estado para derrocar al primer ministro iraní elegido democráticamente, Mohammad Mossadegh, en 1953.

Las consecuencias de este ataque probablemente serán nefastas para la región, pero también para el resto el mundo. Irán ya ha tomado represalias atacando bases estadounidenses en Kuwait, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y Baréin. Ya están apareciendo los primeros informes de víctimas, y parece poco probable que Irán se contenga. Está claro que la República Islámica considera esto como una amenaza existencial.

Teherán recurrirá a sus aliados: los hutíes en Yemen, las Fuerzas de Movilización Popular en Irak y Hezbolá en el Líbano, que, a pesar de haber sido debilitados durante dos años de ataques por parte de Israel, con la ayuda y la complicidad de Estados Unidos, tienen capacidad suficiente para expandir el conflicto por toda la región.

Irán ya cerró el estrecho de Ormuz, por el que transita alrededor de una cuarta parte del petróleo mundial y un tercio del gas natural licuado. Como consecuencia, los precios del petróleo se dispararán y la economía mundial se verá afectada.

Esta guerra de agresión también tiene un componente cultural: Israel y Estados Unidos están llevándola a cabo durante el mes del Ramadán. Los musulmanes de todo el mundo están ayunando.

Para miles de millones de ellos, este es el mes de la espiritualidad, la paz y la solidaridad.
Las imágenes de musulmanes iraníes asesinados por las bombas israelíes y estadounidenses podrían avivar la narrativa del choque de civilizaciones que enfrenta al mundo judeocristiano con el islam.

Los musulmanes de las capitales europeas, junto con los activistas contra la guerra, verán esta contienda como lo que es: una clara agresión de Estados Unidos e Israel. La opinión pública mundial no se dejará influir fácilmente en la dirección que Trump y Netanyahu desearían.

CONSECUENCIAS

Por lo tanto, el ataque de Trump y Netanyahu contra Irán tiene el potencial de sumir al mundo en una profunda crisis. Cabe esperar más refugiados, más agitación económica, más traumas, más muerte y destrucción. La única esperanza ahora es que prevalezcan las mentes más sensatas entre los líderes mundiales para contener este conflicto y limitar las acciones de Trump y Netanyahu.

En el momento de publicar este artículo, no cesan de caer bombas sobre varias ciudades de Irán. La tragedia parece inevitable y muchos inocentes sufrirán. ¿Es el asunto nuclear el motivo del ataque? Atendiendo a las declaraciones del presidente de Estados Unidos, el objetivo ha pasado de intentar llegar a un acuerdo nuclear a forzar un cambio de régimen.

Por lo tanto, hay que dar prioridad a la diplomacia. Intentar forzar un cambio de régimen lanzando una guerra ilegal es una temeridad. Si Irán se desestabiliza aún más, todo Oriente Medio se verá sumido en una agitación total. A partir de ahí, el resultado para el mundo entero es peligrosamente incierto, principalmente por los golpes traicioneros de Trump.

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