Elecciones en EEUU. (Primera Parte)
La pregunta del millón, tras la auténtica paliza electoral sufrida por el oficialismo trumpista en EEUU ¿qué es lo cualitativo de este evento? Antes de abordar tan “interesante” interrogante, conviene precisar cuáles son los números porque, cifras al fin, muestran “desapasionadamente” el calibre de la derrota sufrida por la ultra derecha estadounidense.
Al cierre del 6.11.2026, los demócratas obtienen 253 escaños en la Cámara, (157 los republicanos) y 54 sillas en el Senado, que incluye dos independientes (vs 44 republicanos); es decir, mayoría casi absoluta en ambas instituciones. También logran controlar 30 gobernaciones, de 50 posibles, cambiando el mapa político de todo el país a favor de los ganadores, algo no visto desde el 2010.
En el caso de la Cámara, faltan por adjudicar 25 puestos, debido a diferencias mínimas entre los dos candidatos, y por igual motivo, 2 escaños en el Senado; partiendo de una lógica tendencial, la mayoría de estos pendientes deben definirse a favor de los demócratas.
Mención particular merecen aquellos territorios donde desde hace años, incluso décadas, no se veía una victoria demócrata de estas dimensiones; estados como Texas, Georgia, Kansas (primer senador demócrata desde 1932) o Nuevo México, experimentaran por primera vez (hay muchas “primera vez”, ya se verá) un mandato o un representante demócrata, por cierto, en algunos casos con posturas progresistas, todo un tema.
Más allá de la conocida consecuencia institucional de los mencionados resultados, al provocar un extraordinario cambio en el Congreso, estas elecciones han sido un referéndum contra Trump y además, un termómetro de cuales son las ideas, como una gigantesca encuesta real, sobre las preocupaciones que hoy predominan en la opinión publica estadounidense.
De esto último en primer lugar, hasta el propio Trump ha admitido que la “situación de la guerra contra Irán”, cuidándose de no decir lo que es, una derrota de los ejércitos imperiales, impactó negativamente en los electores. De manera que el rechazo de los ciudadanos al involucramiento de EEUU en una guerra, a miles de millas de distancia, es seguramente uno de los asuntos más importantes, con eventuales consecuencias estratégicas, para la suerte del imperio.
Ciertamente no es la primera vez que el pueblo estadounidense está contra alguna de las aventuras bélicas, que hacen precisamente a EEUU un país imperialista.
Recuérdese el síndrome de Vietnam, y más cercano en el tiempo, la derrota sufrida por Bush junior, el alcohólico, también en unas elecciones intermedias, debido a la guerra contra Irak.
Lo impactante ahora es el poquísimo tiempo en que se vuelve mayoritario, el repudio a la invasión a Irán. No es muy fácil medir esto, pero presumiblemente no habían pasado un par de meses, del inicio de dicha guerra, para que creciera como ola tal rechazo y también el cuestionamiento a Israel, que ya venia desde antes, cuando adquirió dimensión universal, la ira popular contra la masacre que aún perpetran los sionistas en Gaza.
Imagínese que el pueblo estadounidense esté ahora en un punto que no quiere saber nada del involucramiento de su país, en una guerra externa. Entonces, ¿cómo hace el complejo militar industrial, si esta realidad conlleva que, cualquier político que inicie o apoye una guerra, está condenado al repudio popular de forma obvia?
Peor, ¿cómo EEUU puede comportarse como un Imperio, sino puede “defender sus intereses”, manu militari mediante, fuera de sus fronteras? Y no solo por su propio y puede decirse que ostensible deterioro, en lo que fue la principal potencia militar del mundo, sino porque ni siquiera los propios estadounidenses quieren saber de eso. De modo que este mensaje en particular, es una de las más notorias consecuencias, que muestran los resultados electorales del 3 de noviembre.
Tradicionalmente se ha dicho que lo que mueve al elector promedio en EEUU, es su situación económica; y esto sigue siendo así, puede decirse que como cualquier elector del resto del mundo. No obstante, tal vez porque es evidente, resulta algo diferente la elevada comprensión que adquirió la población estadounidense, en estos meses, sobre el hecho de que involucrar al país en una guerra externa solo garantiza ganancias a un reducido grupo de personas, incluido impresentables intereses externos (los sionistas) y penurias para el resto; la impopularidad entonces se pudo medir en usd y en votos.
Es verdad que la inflación aumentó, en particular el precio de los combustibles, asociado a la guerra contra Irán, pero también había otros indicadores económicos más favorables que en otros momentos como, por ejemplo, el índice de consumo, uno de los más importantes para evaluar el estado de la economía, o incluso, bajos por cientos de desempleo. De modo que, es por lo menos polémico, que sea el tema económico la única razón para la debacle del trumpismo, incluso, quizás ni sea la más importante, más allá de que no se haya racionalizado aún.
Adicional a lo anterior, está la oposición al predominio de “los viejos valores”, que conforman la columna vertebral del trumpismo. Ya se sabe, para ser trumpista “químicamente puro” hay que ser misógino/machista, incluida las mujeres trumpistas, que piden el absurdo que les eliminen su actual derecho al voto, homofóbico, anti estatal a ultranza, cero apoyo a los servicios de salud; y no olvidar, ¡America solo para los anglosajones! es la consigna martillada a viva voz. Y mejor ni hablar de candidatos que asomen “un pelo” de izquierda, o que sean calificados de socialistas. Los resultados electorales muestran, como mínimo, que el grueso de los estadounidenses no comulga con estos “valores”.
Como viajando del futuro, otro asunto emerge eventualmente de forma inesperada, referido a la oposición creciente que enfrentan las llamadas bases de datos, que necesita la IA para operar, la famosa “nube”, que es bien terrestre y que consume millones de wats de electricidad y de metros cúbicos de agua. En estados como Texas por ejemplo, fue un tema de debate electoral y la ganadora a la gobernación demócrata, prometió un riguroso control de estos establecimientos.
Pues bien, apenas habían pasado 48 horas posterior a que se conocieran los resultados, el mercado de valores, ubicado en la calle Wall Street, en el bajo Manhattan, sufrió un derrumbe tsunámico, para emplear una alegoría de moda en este contexto. En unas horas se evaporaron más de 2,24 billones de usd en 38 acciones de IA y chips. La noticia está en pleno desarrollo y sus consecuencias están por ver.
Asociado a lo anterior, y a propósito de valores tradicionales, otra alerta para el sistema. Los llamados jerarcas tecnofeudales, que “brillaron” por su apoyo a Trump, también han recibido una lección en estas elecciones. El caso emblemático, el más poderoso de todo el mundo mundial, Elon Musk, fue humillado, dicen sus detractores con cierta razón, porque gastó casi 500 millones de usd en la campaña trumpista, en particular en Texas, donde reside; ya se sabe que pasó.
Como se expresó, en este sentido las elecciones de medio tiempo, se destacan por varias “primera vez” que pueden asociarse a este aspecto de los “valores”: 4 mujeres electas como gobernadoras, una de ellas negra, en un estado históricamente conservador y racista; otra perteneciente a los pueblos originarios; otros dos gobernadores electos, de origen latino, en estados fronterizos con México, para más seña; un senador declaradamente gay e incluso, “ya ni se sabe que es peor”, siendo irónico, hasta el primer senador de “apellido” y religión musulmana.
En este mismo orden, se aprecia otro sorprendente resultado, si se quiere hasta positivo: las victorias obtenidas, aún discretas según como se le mire, de aquellos que se declaran socialistas, desafiando “el sentido común” imperante en el Imperio. Realmente, cualquiera que valorara esa posibilidad en EEUU, hace apenas 10 años, sería visto como un optimista delirante.
Hasta el momento no menos de 8 representantes a la Cámara admiten públicamente su filiación a los llamados "Demócratas Socialistas de Estados Unidos" (DSA) (antes tenían solo 2). A lo anterior se añade la elección de figuras en otros cargos no legislativos, por ejemplo, Los Angeles tendrán una alcaldesa con estas credenciales; y también en la capital imperial, Washington D.C, una auténtica pesadilla para el inquilino de la Casa Blanca. Por otro lado, los votantes aprobaron propuestas llevadas a consulta en determinados estados, que conforman la plataforma pública de los DSA.
Y aquí viene otro mensaje importante, ¿por qué ganan las elecciones estas personas, auto proclamadas socialistas?. Muy sencillo, prometiendo medidas que eventualmente son en efecto muy progresistas, y en este contexto, hasta socialistas.
Los escogieron porque quieren mejorar los servicios de salud pública y educación, elevar el salario mínimo, como promedio 20 usd/hora, de paso, multiplicar los impuestos a los super rico y, si esto no fuera suficiente, suspender todo tipo de ayuda a Israel y obvio, cero involucramiento en otro conflicto bélico internacional. También tolerancia al diferente, respeto absoluto a la mujer y al inmigrante, entre otros aspectos.
Muy importante, algo que constituye una enseñanza que, bien administrada, puede ser una esperanza de enorme trascendencia política: también a los megamillonarios se les puede derrotar, no siempre se garantiza la victoria en las elecciones, aún cuando se aporte un contenedor de usd, como le pasó al inefable dueño de X, arriba mencionado, algo que por cierto quebranta una vieja tradición en el sistema estadounidense.
Si alguien no entiende que esto supone un cambio cualitativo, en la conciencia de la sociedad estadounidense, se le recomienda estudiar someramente la historia de ese país e incluso, si puede, pasar por la tumba del senador Joseph Raymond McCarthy, ¿se recuerda?, el adalid del anticomunismo del pasado siglo, quien a esta hora debe estar revolviéndose donde depositaron su osamenta.
Evaluando al bando perdedor, pues también hay novedades. Si ahora mismo se pudiera cuantificar cuál es una de las expectativas del momento, pues lo predominante es la pregunta: ¿qué pasará con MAGA? El primer escollo de este sector es su propio jefe, el presidente Trump, quien en estos casi dos años de mandato hizo exactamente lo contrario, no solo de lo prometido, sino de la esencia del propio nombre del grupo, MAGA (Hacer Grande a America Otra vez); y no importa que el tipo lo niegue o no lo entienda.¿Cuántos de esos votos anti Trump, son de renegados MAGA? Tal vez el tiempo aclare esta “curiosidad”.
También como se ha explicado, MAGA, núcleo duro y aglutinador del oficialismo republicano, ha funcionado como especie de cuscuta (cuscuta / dodder), una planta parásita, sin raíces ni hojas, que se enrolla en la planta huésped para absorber su savia, algo así como MAGA-cuscuta, que ha degenerado al Partido Republicano, si es que eso fuera posible, más de lo que ha sido históricamente.
Razonablemente de este proceso pueden derivarse varias dinámicas; por ejemplo que, aunque reducido y eventualmente desmoralizado, igual MAGA continue existiendo. No puede negarse el peso ideológico y los valores, anclados en un pasado que no volvera, presentes en una parte de la sociedad estadounidense.
En cuanto al resto del Partido Republicano, el abanico es más amplio, por la propia magnitud de la derrota electoral. Se verán deserciones, especialmente los que han comprobado que seguir apoyando o cerca de Trump, conlleva su propio ocaso político. Este dato es importante entre otras cosas porque basta conque 7 senadores republicanos se sumen a los demócratas en un proceso de juicio político a Trump para que este proceda; también tales disidencias pueden manifestarse en otros diversos asuntos que serán debatidos en el Congreso.
En cuanto a los demócratas, por ahora no se debería profundizar en sus propias problemáticas, total que celebren tranquilos en estos días. Sin embargo, saltan a la vista las diferencias ideológicas internas, existentes y reveladas en los resultados electorales; véase por ejemplo, lo que sucedió allí donde fue electo senador el mencionado musulmán; su contrincante en las primarias públicamente apoyó al rival republicano, al coincidir en sus apegos al sionismo. ¿Enfrentamientos entre el “tradicional” Partido Demócrata y los emergentes? Se veran cosas.
Los resultados de estas elecciones, en lo que a Cuba se refieren, merecen una observación especifica. Puede esperarse una próxima entrega al respecto.
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