De la escuela al celular: así se transformó el acoso

La Organización Panamericana de la Salud presentó un kit con herramientas prácticas para trabajar en la prevención del acoso escolar y el ciberacoso. Las cifras no dejan dudas: uno de cada cuatro adolescentes de entre 13 y 17 años es víctima de ese fenómeno en la región
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Niño siendo víctima de acoso por sus amigos de escuela

Foto: tomada de ranpe.com

Fuente:
CubaSí

El acoso escolar y el ciberacoso dejaron de ser percibidos como simples problemas de convivencia para convertirse en una prioridad de salud pública en las Américas. Así lo considera la Organización Panamericana de la Salud (OPS) que publicó recientemente la guía Qué funciona para prevenir el acoso y el ciberacoso de niños, niñas y adolescentes en las Américas.

El documento  es un recurso que reúne evidencia, recomendaciones y herramientas prácticas en aras de afrontar una violencia que, según datos del organismo, golpea a uno de cada cuatro adolescentes de 13 a 17 años en América Latina y el Caribe.

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Estudiantes de nivel medio en aula

Foto: tomada de radioangulo.cu

La cifra, sin embargo, no tiene un carácter homogéneo en toda el área. Diferentes Encuestas de Salud Escolar revelan que, mientras en naciones de Centroamérica cerca del 23 % de los estudiantes reporta haber sufrido acoso, la proporción en el Caribe llega al 25 % y en América del Sur al 30 %. 

Estas variaciones, basadas en informes recopilados de 2009 a 2019, reflejan la complejidad de un fenómeno que no entiende de fronteras y se manifiesta de manera distinta de acuerdo a los contextos.

Asimismo, adoptan disímiles características que, a menudo, se presentan simultáneamente. En ese caso están el acoso físico, verbal, sexual y social. El carácter difiere según el sexo: el físico tiene mayor prevalencia en varones; n tanto, el social y sexual afecta más a las hembras. 
Cuando la violencia se vuelve digital

El crecimiento exponencial del uso de tecnologías digitales ha transformado la forma en que se refleja la violencia entre pares. El ciberacoso —definido como el hostigamiento, las amenazas o la humillación a través de redes sociales, mensajería instantánea, videojuegos en línea, foros u otras plataformas digitales— viene a añadir una dimensión que amplifica el daño.

A diferencia del acoso presencial, el ciberacoso puede ocurrir en cualquier momento, difundirse de modo rápido y llegar a audiencias masivas. El anonimato de los agresores y la permanencia de los contenidos en internet, consiguen prolongar el sufrimiento de las víctimas de forma indefinida.

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Imagen para ilustrar el ciberacoso escolar

Foto: tomada de gaceta.unam.mx

En algunos países de la región, entre el 7 % y el 27 % de niños y adolescentes reconoce haber experimentado este tipo de acosamiento en los últimos 12 meses. Aunque las prevalencias sistemáticas más elevadas se dan en las niñas.

La OPS https://www.paho.org/es subraya que el ciberacoso no ocurre en entornos aislados. Con frecuencia refleja, amplifica o prolonga dinámicas de violencia que también se producen fuera de internet, especialmente, en el ámbito escolar.
 
Igualmente, suele interactuar con otras formas de intimidación digital, como la difusión de información personal sin consentimiento, la suplantación de identidad o el abuso basado en imágenes.

Consecuencias que van más allá del aula

El kit presentado por la OPS advierte que considerar el acoso únicamente como un problema de convivencia escolar, minimiza sus posibles efectos para la salud. La exposición a estas formas de agresión está asociada con: 

-Depresión, ansiedad y estrés traumático.

-Aislamiento social y trastornos del sueño.

-Autolesiones, ideación suicida e intentos de suicidio.

-Impactos negativos en la trayectoria educativa y social.

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Imagen digital para ilustrar el ciberacoso escolar

Imagen ilustrativa: tomada de conexión.puce.edu.ec

A diferencia de quienes no lo experimentan, los estudios citados muestran que los educandos que sufren de este fenómeno reportan, con mayor frecuencia, sentimientos de soledad, dificultades para dormir e ideación suicida. 

Además de incluir lesiones, síntomas somáticos, dolor crónico y situaciones de coerción o presión sexual.
Tales incidencias demuestran, plantea la OPS, que la respuesta no debe limitarse al ámbito educacional y requiere de la participación activa de los sistemas sanitarios.

De ahí que se incluya en esas orientaciones una lista de señales de alerta para conocimiento de padres, docentes y personal de salud. Cambios repentinos de comportamiento, ansiedad, irritabilidad, aislamiento social, lesiones inexplicables o negativa a asistir a la escuela, pudieran indicar que un niño o adolescente está siendo víctima de persecución.

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Cartel para detener el ciberacoso

Imagen ilustrativa: tomada de pocimasdesalud.es

En el caso específico del ciberacoso, las señales incluyen:
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-Angustia al recibir notificaciones.

-Cierre abrupto de pantallas cuando un adulto se acerca.

-Reticencia a hablar de las actividades en línea.

-Abandono repentino de cuentas digitales previamente activas.

Por lo tanto, la OPS exhorta a los servicios de salud a jugar un rol más activo en la identificación temprana del problema. Durante consultas de rutina, preguntar por experiencias en la escuela y en internet, evaluar posibles impactos en la salud mental y proporcionar apoyo inicial o derivaciones a servicios especializados, serían de mucha ayuda a la hora de identificar un caso de asedio.

Más allá de soluciones aisladas

Con la pertinencia de no limitarse solo a diagnosticar el problema, las estrategias de la OPS, presenta ejemplos concretos de programas efectivos implementados en la región.

En ese caso están Aulas en Paz (Colombia), Programa CONVIVE (Perú), Programa de Competencias Emocionales (México) y Programa Vínculos (Chile). También menciona experiencias internacionales adaptadas localmente: Programa KiVa Antibullying, de Finlandia adaptado en Chile y el Programa Olweus, de Noruega adaptado en Brasil y México.

La realidad muestra que las intervenciones más efectivas no son acciones aisladas, sino recursos integrales y sostenidos. Ellos combinan el aprendizaje socioemocional (empatía, resolución de conflictos), la capacitación docente, la participación activa de las familias, reglas claras de comportamiento en línea y la alfabetización digital.

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Estudiantes cubanos sonrientes

Foto: tomada de lademajagua.cu

De igual modo, pone énfasis en que el acto de prevenir requiere la colaboración compartida por sectores de salud, educación, protección social y las propias plataformas digitales. 

Gobiernos, escuelas, servicios de salud, familias y comunidades, tienen roles que desempeñar en la implementación de medidas basadas en evidencia.

El acoso y el ciberacoso no son fenómenos aislados ni inevitables. Con esta guía la OPS busca lograr aquellas maniobras, que ya demostraron funcionar, lleguen a quienes toman decisiones, a los profesionales que trabajan con adolescentes y a las familias que acompañan su desarrollo.

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Adolescente víctima de ciberacoso llorando frente a a la pantalla

Foto: tomada de ayudaenaccion.org

Britta Baer, asesora regional en prevención de la violencia y lesiones de la OPS y coautora de la guía, señaló que la ocurrencia de estos hechos durante la infancia y adolescencia, deriva en una forma de violencia entre pares que puede tener consecuencias importantes para la salud física, sexual, mental y emocional.

En tal sentido dijo que lo más importante está en que niños, niñas y adolescentes entiendan que esas conductas no son aceptables ni tienen que enfrentarlas sin apoyo.

Obviamente, el acoso y el ciberacoso representan una emergencia de salud pública que no admite esperas ni treguas. Organismos internacionales como la OPS lo asumen como un decisivo e inaplazable frente de batalla.

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