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CUBA: Cuando llega el verano

Disfrutar el verano no significa ignorar sus riesgos, sino aprender a convivir con ellos.
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CubaSí

El verano es un desafío. Una estación tan alegre puede convertirse en un tormento porque no es fácil soportar la constante e intensa temperatura. Salir a la calle es una tortura, pero quedarse en casa lo es igual. El calor se encuentra en todas partes y ni siquiera el alivio de una ducha es suficiente. Por eso, cuando llegan estos meses solo pensamos en las horas de luz, calor y la apuesta de mantenernos frescos.

Es casi imposible, pero existen algunas claves para que sea llevadero, sobre todo en este contexto de cortes de electricidad.

El verano es una estación asociada a las vacaciones, las playas, los atardeceres interminables y la vida al aire libre. Todo es un motivo para salir de casa, aun cuando es afuera donde más caliente se está, pero, si no es en esta etapa de receso escolar, ¿cuándo?

Sin embargo, también es un período que pone a prueba nuestra capacidad de resistencia y adaptación, especialmente en países tropicales como Cuba, donde el calor, la humedad y las limitaciones energéticas forman parte de la vida cotidiana.

Y es un hecho, la electricidad es fundamental para refrescar el entorno y nuestros cuerpos. Es el ventilador —y otros equipos— lo que nos baja la temperatura corporal, así como el poder beber líquidos fríos porque, además de calmar de inmediato ese calor cuando el agua —o lo que elijamos— baja por nuestra garganta, evita que nos deshidratemos en días de mucho sudor.

Cada año se registran nuevos récords en las temperaturas medias globales. Según organismos meteorológicos internacionales, la última década ha sido la más cálida desde que existen anotaciones modernas. El calentamiento global es un hecho, es real, y provoca que las olas de calor sean más frecuentes, más intensas y más persistentes. Esta es una verdad que se percibe con claridad en el Caribe, pero también en otros destinos como en Europa muy recientemente como podemos leer en este informe.

En Cuba, el verano suele llegar acompañado de temperaturas superiores a los 35 grados Celsius durante buena parte del día. Sin embargo, la sensación térmica puede ser mayor debido a la elevada humedad ambiental porque cuando el aire está cargado de vapor de agua, el sudor se evapora con más dificultad y el cuerpo pierde parte de su capacidad natural para enfriarse. Es muy agotador, nos sentimos cansados sin hacer mucho.

A este escenario se suma un fenómeno ya recurrente, la llegada de polvo procedente del desierto del Sahara, que parecerá una locura, pero cada año, millones de toneladas de partículas atraviesan el océano Atlántico impulsadas por los vientos y cuando esas masas de aire alcanzan el Caribe pueden provocar cielos brumosos, atardeceres espectaculares y una impresión de calor aún más intensa porque no llueve, el cielo se mantiene casi sin nubes y un brillo raro, amarillo, lo abarca todo.

Además, un dato de color es que por esos polvos del Sahara las personas con asma, alergias o problemas respiratorios suelen notar sus efectos con mayor fuerza. Como si fuera poco.

Frente a estas condiciones, la protección de la salud es sumamente esencial. Lo primero que debemos anotar, aunque parezca evidente, es que la exposición prolongada al sol puede quemar, insolar, agotar por calor y deshidratación. No obstante, y es una paradoja, es en este tiempo cuando las personas más están en la calle, como si fuera allí más fresco a pesar de que en casa no tengamos electricidad.

Los especialistas recomiendan evitar el sol directo entre las diez de la mañana y las cuatro de la tarde, utilizar sombreros de ala ancha, ropa ligera de colores claros y telas que permitan la transpiración como el algodón. Y aquí existe otro comportamiento popular porque las personas creen que al llevar menos ropa estarán mejor, y no, si usan poca vestimenta el sol les pegará directo a la piel y el calor, y todo lo demás, será peor.

Otras opciones son beber agua con frecuencia, incluso antes de sentir sed porque a veces estamos entretenidos y no nos percatamos de las señales que el cuerpo nos envía. Ya sabemos que fría es mejor, alivia más, pero cualquier agua que no venga directamente del grifo nos ofrecerá alivio y ayudará a regular nuestro termostato interior.

La comida es capítulo aparte porque es muy difícil que las personas cambien su manera de comer por una estación. Es un tema también de tradición, muy a pesar de que actualmente en Cuba comemos lo que podemos y es muy complicado llenar la mesa y conservar alimentos. Pero, solo un recordatorio, para estar nutridos no necesitamos platos extremadamente elaborados, basta con que esté bien cocinado porque en verano se puede estropear fácil con poca refrigeración. Y por otra parte, pasarse tres horas en la cocina, al calor de las llamas, es asegurar el cuerpo caliente por un buen rato. Una recomendación puede ser, gusto y posibilidad mediante, elegir lo que podamos de rápida cocción, o que se pueda consumir fresco y crudo como vegetales y frutas.

Un aspecto importante de nuestra cultura popular es la playa, uno de los grandes símbolos del verano cubano y una excelente opción para muchos. Sin embargo, conviene recordar que la arena y el agua reflejan parte de la radiación solar, aumenta la exposición a los rayos ultravioleta. Buscar sombra periódicamente y utilizar protección solar sigue siendo importante incluso en días nublados.

Pero ¿qué hacer cuando el calor se instala dentro de casa y no hay aire acondicionado ni siquiera un ventilador?

Existen estrategias sencillas que ayudan, y parece una locura, pero una de las más efectivas consiste en mantener cerradas puertas, ventanas, persianas y cortinas durante las horas de mayor insolación. Sonará contradictorio, pero es cuestión de física. Abrir completamente la casa y permitir que entre el sol solo hará que se calienten el suelo, las paredes y todo lo que toque y que allí se quede durante horas. Dejar ventanas abiertas al mediodía solo hará que entre más calor del que sale, por eso lo ideal es ventilar temprano en la mañana y nuevamente durante la noche, cuando la temperatura exterior desciende.

Ya sé que en Cuba las temperaturas son extremas, pero pruebe y verá que encontrará diferencia y habrá un poco de frescura al interior de su casa, aunque lo ideal sea abrir y que corra el aire. Otras sugerencias son las cortinas claras porque ayudan a reflejar parte de la radiación solar, y, muy importante, es aconsejable, de ser posible, evitar el uso de hornillas, hornos y otros equipos que generen calor durante las horas centrales del día. Para muchos no habrá alternativa, pero lo ideal sería cocinar temprano o después del atardecer. Sin dudas con estas pocas medidas puede marcar una diferencia apreciable en el ambiente interior.

La hidratación merece un artículo completo. El cuerpo humano pierde agua constantemente a través del sudor, incluso cuando no se percibe, por eso es imprescindible tener siempre agua a mano, y evitar aquellas que contengan exceso de azúcar para contribuir a mantener el equilibrio necesario para enfrentar las altas temperaturas.

El verano tropical también tiene otro protagonista: las tormentas de la tarde.

Los cubanos conocemos bien la escena. El día comienza despejado, el calor aumenta progresivamente y, de repente, enormes nubes oscuras aparecen en el horizonte. En cuestión de minutos llegan los truenos, la lluvia intensa y un descenso temporal de la temperatura. Ese es el recuento de un día perfecto de verano porque refresca.

La explicación es fascinante y nos la han dado los excelentes meteorólogos que nos acompañan día a día en radio y televisión nacional. El fuerte calentamiento del suelo durante el día provoca que el aire caliente ascienda muy rápido, y al elevarse, se enfría y el vapor de agua se condensa formando nubes de desarrollo vertical, y cuando las condiciones son favorables esas nubes se convierten en tormentas eléctricas que descargan grandes cantidades de lluvia en poco tiempo.

Estos episodios forman parte de la dinámica natural del verano, aunque los científicos advierten que el cambio climático está alterando los patrones de precipitación en muchas regiones del mundo y favorecen fenómenos más extremos y menos predecibles.

A pesar de los desafíos, el verano es una de las estaciones más esperadas. Es tiempo de encuentros familiares, de mangos y aguacates maduros, de juegos al aire libre y de cielos que parecen pintados por impresionistas. Es una época que obliga a ralentizar el ritmo, a buscar la sombra de un árbol, a añorar la lluvia cuando se escucha el rumor de una tormenta lejana y a recordar que la naturaleza tiene sus propios tiempos.

Disfrutar del verano no significa ignorar sus riesgos, sino aprender a convivir con ellos. Con precaución, hidratación y algunas medidas para mantener los espacios frescos, es posible aguantar los meses más cálidos del año de forma segura y saludable.

En verano celebramos la luz solar, y como todo festejo, se disfruta mucho más cuando se hace con cuidado y conciencia.

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