Brasil: Sin miedo

Lula autorizó la nueva fase del plan 'Brasil Soberano', que contempla una nueva línea de crédito de 18 500 millones de reales (3 650 millones de dólares) para las empresas afectadas por el nuevo arancel estadounidense.
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Guerra de aranceles Estados Unidos vs Brasil
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CubaSí

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, acaba de dar una lección más de cómo enfrentar las amenazas y acciones de cualquier tipo procedentes de la administración de Estados Unidos, poniendo en su lugar al mandatario, Donald Trump, y sobre todo a su canciller, Marco Rubio, a quien calificó de latinoamericano frustrado.

A la denuncia brasileña de que Estados Unidos trata de controlar sectores económicos de la nación suramericana, siguió  la estrategia de  enfrentar la punitiva acción de Trump de castigar con aranceles del 25% a importantes productos  brasileños, tras lo cual Lula no solo respondió a la agresión económica, sino que afirmó que, al final, Brasil saldrá más fortalecido.

Así, Lula autorizó la nueva fase del plan 'Brasil Soberano', que contempla una nueva línea de crédito de 18 500 millones de reales (3 650 millones de dólares) para las empresas afectadas por el nuevo arancel estadounidense.

En esta nueva etapa, llamada 'Brasil Soberano III', 13 500 millones de reales (unos 2 650 millones de dólares) saldrán del Tesoro Nacional y los otros 5 000 millones de reales (alrededor de 975 millones de dólares) serán aportados por el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social.

Se prevé que estos fondos, destinados a apoyar a las empresas brasileñas que operan en sectores estratégicos para la balanza comercial y resultaron golpeadas por el arancel de la Administración Trump, sean utilizados para la apertura de nuevos mercados e innovación tecnológica, entre otros escenarios.

Entre los principales beneficiarios de este plan para paliar el nuevo arancel del 25% de EE.UU están compañías dedicadas al acero, al aluminio, a la automoción, a la madera, al carbón, al papel y al azúcar, entre otros sectores apuntados por Washington.

"Tenemos las condiciones para salir más fortalecidos de esta crisis", aseguró Lula tras firmar el decreto en un acto televisado en el Palacio de Planalto en Brasilia, donde llamó a no bajar los brazos ante la adversidad. "Tenemos que encontrar una salida", pidió.

El mandatario recordó que ambas partes han negociado e incluso él mismo fue a la Casa Blanca y conversó tres horas con Trump, pero aseguró que no hubo "reciprocidad en la conversación". "Que digan que no quieren negociar", solicitó.

Todo es consecuencia del no plegamiento de Brasil a las exigencias trumpistas, verdaderamente irrazonables, debido a las exigencias del colorado mandatario de tener exclusividad sobre ciertos sectores de la economía brasileña.

En este contexto, Brasil activó el procedimiento para aplicar la llamada 'Ley de Reciprocidad', que contempla represalias a terceros países, como limitar las importaciones o suspender concesiones comerciales.

"Está claro que lo que incomoda al Gobierno de Estados Unidos es que Brasil no se haya doblegado ante las pretensiones desmedidas y las exigencias irrazonables planteadas durante las negociaciones", dijo el canciller brasileño, Mauro Vieira, en un duro pronunciamiento en Brasilia.

Vieira citó como ejemplo "las demandas de una apertura total, irrestricta y exclusiva para EE.UU. de sectores enteros de la economía brasileña, sin ninguna contrapartida para los productos brasileños".

"En otras palabras, exigían la capitulación", aseveró, y luego recordó que, desde principios del año pasado, el gobierno brasileño ha mantenido "más de 30 reuniones" presenciales, virtuales y telefónicas a todos los niveles para negociar "cualquier tema" de la agenda comercial bilateral.

Y respaldó la disposición al diálogo del presidente Lula, luego de tildar de inaceptables y ofensivas los recientes comentarios del secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, quien acusó al líder progresista de "no negociar de buena fe" y de anteponer "su ego" al interés general. "Ataca, de forma grosera y arrogante, al jefe de Estado de un país amigo", manifestó.

Así, Trump trata de compensar el traspiés que sufrió cuando la Corte Suprema de Estados Unidos tumbó el año pasado su política de aranceles.

Es algo aparentemente sin pies ni cabeza, cuando se conoce que Estados Unidos acumuló en los últimos 15 años un superávit de 424 500 millones de dólares en el comercio con Brasil, y que en el 2025, el 76 % de las importaciones estadounidenses entraron al país suramericano sin pagar aranceles.

O sea, todas las alegaciones de Trump para justificar la aplicación de los aranceles carecen de fundamento en la realidad.

NADA OCULTO

Todo este andamiaje para resquebrajar la economía de Brasil y echarle la culpa por “la poca comprensión” a Lula, fue antecedido por el abierto respaldo de Trump al ultraderechista senador Flavio Bolsonaro en las elecciones presidenciales de octubre próximo.

Al efecto, el Presidente de Brasil desafió a Rubio a "montar un comité" en favor del candidato opositor, y autorizó oficialmente el empleo de las Fuerzas Armadas para apoyar la seguridad y la logística de los comicios.

La medida establece que los militares podrán actuar en apoyo al proceso electoral en tareas relacionadas con la seguridad de la votación, el escrutinio de los resultados y el respaldo logístico, siempre a pedido de la Justicia Electoral.

El decreto, firmado por Lula junto con los ministros de Defensa, José Múcio Monteiro, y del Gabinete de Seguridad Institucional, Marcos Antonio Amaro dos Santos, determina que corresponderá al Tribunal Superior Electoral (TSE) definir los municipios donde será necesaria la presencia de las Fuerzas Armadas, así como los períodos de su actuación.

En Brasil es habitual que la Justicia Electoral solicite apoyo militar para garantizar el transporte de urnas electrónicas y reforzar la seguridad en municipios de difícil acceso, localidades aisladas y otras zonas consideradas estratégicas durante los comicios.

Las elecciones generales de Brasil se celebrarán el 4 de octubre próximo y en caso de ser necesaria una segunda vuelta para la elección presidencial o de gobernadores, esta tendrá lugar el 25 de octubre.

En los últimos sondeos preelectorales de la semana pasada hubo repunte oficialista que coincidió con el progresivo naufragio de la campaña de la oposición, obligada a recalcular su estrategia en medio de turbulencias judiciales, un incipiente clima de derrota interna y un fuerte rechazo a la injerencia de Washington en el proceso electoral.

"No hay ninguna posibilidad de que permitamos que la democracia vuelva a sufrir un solo rasguño, como ocurrió con el golpe contra Dilma (Rousseff)", sostuvo el mandatario, en referencia al juicio político que destituyó a la expresidenta en 2016, calificado como un golpe institucional. reiteró sus duros ataques contra Rubio por su respaldo a Flavio Bolsonaro y acusó a sectores de la oposición de viajar a Washington para pedir sanciones contra Brasil.

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