¡Qué cosa la costurera!

Día mundial de la costurera
¿Usted sabe coser? ¿Al menos un dobladillo? Yo de poner botones no paso, y vaya que crecí entre máquinas de coser y con par de mujeres que eran mis modistas particulares, eso sí, mi madre y mi tía preferían hacer el milagro transformando una bata de casa de mi abuela en el vestido que todas me pedían prestado, que trabajar sobre un corte de tela nuevo. Y es que así era, teníamos costureras en casa, empíricas, y costureras de escuela y estilo. Como los zapateros, las había capaces de empezar las piezas desde el diseño hasta la última puntada y útiles remendonas, que salvaban esa ropa a la que no estábamos dispuestos a renunciar por más que se hubiera roto, manchado o nos quedara un poquito ancha.
Ahora, es más difícil encontrarlas, desde que la gente comenzó a comprar las cosas hechas en los mercados, como advirtió El Principito, sin embargo, no significa que muchos no las busquemos y añoremos sus habilidades, porque coser es un oficio y también un arte que no todos tenemos el don de realizar, así que es justo celebrar, cada 14 de octubre, un día mundial para quienes sí tienen el talento y no dudan en usarlo: las costureras.
El término costurera hace referencia a una mujer que tiene como oficio y trabajo el corte y la costura, muchos la utilizan como sinónimo de modista, porque generalmente se dedican a la confección, a gusto y medida, de prendas de vestir, pero algunas fuentes establecen ciertas diferencias, plantean que la modista diseña, patrona, crea prototipos, elije tejidos, corta, ajusta y confecciona, sin embargo, la costurera solo cose las prendas. Sin embargo, ese es un debate abierto, pues de la forma en que surgió el oficio, una misma persona cumplía todas esas funciones y hasta hoy, fuera de los circuitos industriales o de la gran moda, también la costurera hace de todo un poco.
Desde las pieles de animales hasta el desfile más refinado de Victoria’s Secret, hay que recorrer en el tiempo para contar la historia de la costura. Los primeros hombres aprovecharon rápidamente los recursos naturales para elaborar ropa y protegerse del clima. Principalmente las materias primas eran animales, como el cuero de vacas, bisontes y ovejas que se curtían y se secaban al sol para coserlas con agujas hechas con pequeños huesos o tendones de animales. Hace miles de años, en el Paleolítico, ya se recoge el uso de agujas de hueso y marfil.
En la Edad Media, comenzó a ser muy chic tener una costurera propia para elaborar la ropa, pero, con más o menos “caché”, todos tenían que recurrir a las costureras o aprender el oficio para vestir, pues la ropa era confeccionada pura y exclusivamente a mano, esto hacia que la comercialización no fuera un mercado muy rentable y las mujeres, desde muy pequeñas, aprendían a realizar trabajos de confección o arreglo a mano. En 1675, Luis XIV estableció el gremio de costureras de París, pero la vida les cambió cuando, en 1830, Barthélémy Timonnier inventó la primera máquina de coser, que daba las puntadas seis veces más rápido que a mano. El francés también inventaría luego la bordadora. Otro adelanto importante en la historia de la costura es la creación del estadounidense Walter Hunt con su máquina de punto de pespunte de dos hilos, un sistema que todavía se utiliza hoy en día.
Y aunque la aparición de la Alta Costura le dio un nuevo sentido a la confección de ropa y a la moda, el oficio de costurera nunca desapareció. A principios del Siglo XIX se produjo una demanda cada vez mayor de productos de moda. Por una parte, las mujeres de clase no tan adinerada entraron en el consumo y, por otra, la Revolución Industrial hizo posible que se abarataran y diversifican los textiles y aumentaran las confecciones. Es la época en que muchas jóvenes se desplazaron hacia las ciudades, en las que se incorporaban a talleres como costureras o trabajan por su cuenta ofreciendo sus servicios a las casas de los burgueses. Estas obreras de la aguja proliferaron en la siguiente centuria como trabajadoras a domicilio, cobrando por cada pieza realizada; como empleadas en las recién inauguradas casas de moda o como parte del sistema doméstico de las clases adineradas. La historia del trabajo de estas mujeres está relacionada con los orígenes de la industria de la confección, con el feminismo temprano y, sobre todo, con los extremos de la explotación y la lucha de clases, pero también sirvieron de inspiración para las artes y la cultura popular de la época.
Pero solo entre telares han hecho historia las costureras, algunas desde su arte han intentado cambiar el mundo. La Pola, una costurera colombiana llamada Apolonia “Policarpa” Salavarrieta Ríos, sirvió de espía para las fuerzas independentistas criollas durante la Reconquista española, fue tomada prisionera y condenada a muerte en noviembre de 1817 junto a otros patriotas. Al subir al patíbulo expresó: “muero por defender los derechos de mi patria, el Día de la mujer colombiana se fijó para el 14 de noviembre precisamente en honor a esta heroína. Otra mujer transgresora, que incluso en la ancianidad seguía poniendo alfileres y soñando trajes fue Coco Chanel, imprescindible en el mundo de la moda, esta diseñadora daba forma a sus prendas sobre el cuerpo de las modelos, a ella debemos el cambio de giro en el vestuario femenino, que también fue expresión de una emancipación de género, cuando parecía locura o pecado, Coco vistió a la mujer con pantalones. En la actualidad, la Agencia de Naciones Unidas para los refugiados, reconoce la labor de una costurera siria que fue reasentada con su familia en la ciudad de Antigonish, en la costa este de Canadá, en enero de 2016 y allí se ha convertido en una persona importante de la comunidad precisamente a través de su oficio.
En cuba, la tradición en materia de costura es amplísima, si bien ahora muchos prefieren usar la ropa industrial las costureras no pasan de moda y han sido parte del acervo cultural, histórico y social de la nación. Con el triunfo de la Revolución y el surgimiento de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) se creó el Sistema Nacional de Corte y Costura Ana Betancourt, y el oficio, que ya era bastante popular a través de otros métodos, adquirió entonces mayor auge. Aparecieron varias academias-talleres para formar a nuevas costureras que encontraron empleo en los atelieres abiertos por aquel entonces. Y aunque en los últimos años pareciera que las costureras se quedaban para arreglar o remendar, la actualización del modelo económico las ha visibilizado nuevamente como trabajadoras por cuenta propia. No faltan tampoco las que, con muchas luces creativas, forman parte de la Asociación Cubana de Artesanos Artista (ACAA), herederas de mujeres como Carmen Fiol, una guantanamera que a los 92 años se cosió su propio vestido para asistir al desfile de Chanel en La Habana. Por ella y por todas, hoy repetimos al ritmo de Van Van y con aires de buen augurio: ¡que cosa la costurera!
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