En el círculo mágico de Jorge Treto

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En el círculo mágico de Jorge Treto
Fecha de publicación: 
1 Octubre 2020
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El destacado actor de cine, teatro y televisión, Jorge Treto aclara cómo llega a la segunda temporada de la serie LCB2, La otra guerra, para encarnar un personaje que describe a un asesino real a quien nombraban Perico Sánchez, un hombre muy peligroso que actuó con su banda de alzados en las zonas de Jagüey Grande y Agramonte, en la provincia de Matanzas, durante los primeros años del triunfo de la Revolución cubana.

“Existe una primera temporada de LCB, en la cual yo debía interpretar a un agente de la CIA; pero, finalmente, aquello no avanzó porque no se pudieron conseguir las armas para la filmación. Pasaron como cinco meses y vienen unos japoneses a realizar una película sobre el Che y me dieron un personaje. Entonces, por esas cosas de la vida, me llaman para decirme si aún me interesaba continuar en el proyecto de una serie televisiva sobre bandidos y accedí. A la semana me dijeron: el lunes por la noche grabas con Alberto Luberta y al unísono debía hacerlo con los japoneses. Entonces les digo mi situación y responden que no me preocupara. Por supuesto, me habían sustituido”.

¿Cómo te insertas, entonces, en la serie LCB2, La otra guerra?

- Debo hacer un preámbulo necesario para responder tu pregunta. Me hizo muy bien trabajar con Rudy Mora. Tuve la suerte de estar en sus cuatro series: La otra cara de la moneda, Doble juego, Diana y Conciencia. Es un director que trabaja mucho al actor. Lo lleva mucho a lo humano, a despertar los resortes del temperamento. Me enseñó mucho ese camino interno de trabajar los personajes. En la serie televisiva Diana tuve la experiencia de formar parte del elenco de actores que necesitaba: Verónica Lynn (madre), Raúl Pomares (padre), Broselianda Hernández (hermana), Isabel Santos (esposa) y Néstor Jiménez (cuñado). Esa era mi familia. Cuando hice la primera escena con la señora actriz Verónica Lynn, pude madurar lo que Rudy decía: actuar sin actuar, meterse lo que está escrito para adentro y actuar, pero a tu contraparte y no mostrarle tus sentimientos.

“Por ejemplo, en una escena de un plano-secuencia (no se podía cortar) con el actor Fernando Echevarría y en la cual el ya desaparecido Raúl Pomarés debía golpear en el rostro de la actriz Broselianda, aquel consagrado actor no lograba concretar la acción y daba el golpe en el hombro de la actriz y no salía lo exigido por el director. Interviene Verónica Lynn para dar su opinión y Rudy acepta. La cuestión es que Pomares comenzaba muy alto y cuando llegaba al clímax ya estaba todo.

“Al siguiente día, con esa nota magistral de Verónica, Pomares le dio una cachetada tan grande que cuando terminó la escena se abrazaron, porque Broselianda no paraba de llorar y aquel no podía consolarla. Esa fue una escuela. Todos esos actores que tuvimos y tenemos el privilegio de tener, entre ellos Frank González, Miguel Navarro, muy experimentados y con mucho oficio. Así comencé a darme cuenta.

“A lo mejor estoy disgustado, en medio del set, y no tengo que dar un grito. Con una pausa, un silencio o una mirada se dice más que un párrafo entero. En aquella escena mi madre (la actriz Verónica) preguntaba qué me pasaba, por qué estaba triste… y no podía avanzar en mi interpretación. Entonces se me acerca Rudy para sugerirme algo inaudito: hacer un círculo con mi dedo sobre la mesa, mientras le respondía a Verónica. Ella se sentó a mi lado y puedo asegurar que no escuché cuando dijeron ¡Corten! Fue impresionante, me marcó mucho.

“Después viene la serie televisiva Conciencia y Rudy me da un personaje que me relaciona con Roly Peña, como actor. Así comienza mi relación con esta segunda temporada de LCB2, La otra guerra. Roly necesitaba encontrar quién le hiciera de Felo. Ya tenía a otros actores de la primera parte de la serie anterior como Osvaldo Doimeadios, Fernando Echevarría, Niu Ventura…, entre otros. Me cuenta que este personaje que yo hice en la serie Diana, podía darle para encontrar a quien encarnara al bandido Felo Sánchez. Lo consulta con Echevarría. Yo había trabajado con Fernando en el teatro El Público durante más de cinco años, bajo la dirección de Carlos Díaz. Juntos participamos en la obra Calígula, entre otras puestas en escena. Fernando le aseguró: “Dáselo que lo puede hacer”.

“Por entonces, terminaba la telenovela Entrega, faltaba un mes, y Roly Peña me llama y entendí que me ofrecía un protagónico en una serie de 20 capítulos. Me dijo que necesitaba que aceptara el personaje y solo disponía de diez guiones impresos. Desde la primera lectura me dije: ¡Afffppp…, esto es lo mismo de siempre! El bandido, el malo, el tipo que se emborracha…, pero me di cuenta que había algo que se podía hacer; o sea buscar lo que no está escrito.

“Al siguiente día le respondí que sí lo podía hacer, pero me reúno con el escritor -que hizo una buena investigación- y me cuenta acerca del personaje real, de este bandido que poseía una carnicería, una finca, un par de camiones, empleados, un tipo que tenía dominio de cómo manejar a la gente, un líder negativo que se valió de estas relaciones para que algunos campesinos de la zona, comprometidos con él, colaboraran bajo el terror, con su banda de asesinos. Eso me fue llamando la atención. El día que Roly nos cita para que cada cual hablara de su personaje, como lo veía, yo llevé el “reglamento de Felo Sánchez”, entre algunas cuestiones huirle al encasillamiento del guion. Por ejemplo, establecer una relación de confianza absoluta de los bandidos a Felo, prometerles cuales serían sus cargos una vez alcanzado el supuesto derribo de la Revolución.

“Decido echar una ojeada a El hombre de Maisinicú, específicamente el personaje interpretado por Reinaldo Miravalles (Cheito León), en aquel vuelco inesperado de la película en la última escena que termina con la muerte del agente de la Seguridad del Estado, Alberto Delgado Delgado, después que Cheito –sin que nadie lo supiera en su banda- hizo contacto con alguien que Alberto había asegurado se había huido a Miami. En aquella escena están comiendo y Cheito está muy normal, antes de ordenar asesinarlo.

“Después vi la cinta El Brigadista, con un jefe bandido interpretado por el actor Mario Balmaseda, en un personaje muy alocado; pero no me convencía para lo que tenía en mente con respecto a Felo Sánchez. Hablé con Roly Peña, director de LCB2, y le expliqué que necesitaba quitar del guion todo lo relacionado con el gusto por una botella de ron. Le pedí que me gustaría que este bandido fuera adicto al café. Se muera por una taza de café. Roly me dijo: ¡Dale, confío en ti!

“Estuvimos un mes en el entrenamiento de tiro y le dije a Roly, mira déjame el vestuario. Quería que mis ropas y botas tuvieran la suciedad de los meses de filmación. Entonces Roly decidió que todos debíamos ir con el vestuario, todo el tiempo. Los siete meses de rodaje me vestí de Felo Sánchez, desde mi casa, en el Vedado. Todo el atuendo que incluía el cuchillo, las polainas y solo lavaba la camisa cuando ya no quedaba otro remedio… (Ríe).

“Nos llamaban a las cuatro o las cinco de la mañana para recogernos porque a Roly, le gusta aprovechar la mañana. Si la locación era en Managua (al sur de La Habana), cuando el sol despuntaba un poquito ya se comenzaba a filmar. Después vienen las escenas en las cuales Felo asesina y traté de hacerlo como la actriz Verónica Lynn sugería: actuar lo más tranquilo del mundo, porque lo demás estaba escrito en el guion. Evité caer en el cliché, de lo contrario no puedo matizar lo peor de la psicología de aquel siniestro, pero inteligente personaje”.

¿Está satisfecho con el resultado?

- Viendo la serie he considerado que, en algunos momentos, mi actuación, está muy alta todavía. Felo era el clásico asesino cínico. En una escena donde un personaje le pide clemencia solo le observa con una mirada indiferente. Se hicieron cosas mejores en fotografía. Sobre todo, el último capítulo Rudy logró un helicóptero, aunque se hicieron algunos planos con el dron, pero él quería se viera un helicóptero.

“Doscientos extras, estuvieron en la ciénaga, Solo una mañana estuvo esa nave aérea y todos los planos se lograron filmar porque Alexander Escobar, director de fotografía, encontró en el joven piloto del MI-8, un aliado que vio aquello como un combate de verdad y hacia vuelos rasantes, de picada. A veces en la edición se eliminan estos momentos, esas tomas. Es la inconformidad que tengo”.

¿Escena memorable?

- En el capítulo 14, en una escena estoy tirando tiros durante el asalto a una estación de policía y poco después, en la siguiente, alguien tiene un radio encendido y le digo, fuera del guion: ¡Apaga la mierda esa!  La primera secuencia resultó como lo había soñado. En una de las escenas con el actor Erdwin Fernández, me di cuenta que estaba improvisando y cuando le voy a hablar me suelta una molesta bocanada de humo en la cara. Le quité el tabaco de la boca y lo lancé al suelo porque me dio rabia aquel humo. Entonces Roly vino corriendo y me dijo ¡Como me gustó eso!

“En otro momento, cuando matan a los tres últimos hombres de mi banda, con el helicóptero arriba de nosotros, les digo que se dirijan hacia otro lugar con la promesa de reencontrarnos. En realidad, los colocaba como carne de cañón. En la ciénaga podían perderse. Hay un plano que recoge la mirada cómplice entre Felo y Tafia, su hombre de confianza e igual de asesino. No estoy seguro si logramos la efectividad de ese gesto, como muestra de lo sucedido después”.

¿Impresiones del equipo de filmación que guarda en su memoria?

- Muchas, por ejemplo, en la ciénaga Alexander nos pide, en el primer plano que monta, que viniéramos hacia la cámara metidos en el fango. El actor Carlos Massola es más pesado y no podías detenerte porque el fango te hacia hundir. Tenías que mantenerte en movimiento, cuando dijeron ¡Acción! solo corrimos... Se respiraba un profesionalismo general entre los involucrados en la serie, deseos de hacer las cosas bien.

“El actor Luis Carrere, cuando hace el cuento del héroe mambí y da un cierre estelar a ese capítulo, Jorge Enrique Caballero…, una actuación destacada y qué decir de Osvaldo Doimeadios y Fernando Echevarría, actores que arrastran. Para sostener una escena con ellos no puede estar en la bobería. O sea, no es que se quisieran comer la escena, es que lo tienen todo bien pensado”.

¿El teatro?

- El teatro te entrena, pero consume mucho tiempo. Puedes estar ensayando una obra durante meses y van a verte pocas personas. Hice el Rey Lear y después de cinco meses, solo se puso en escena cinco veces. No obstante, considero que los actores recién graduados deben aprender la exigencia y disciplina del teatro, el trabajo en equipo. Después llega el momento en que necesitas madurar como actor y es importante hacer un personaje que quede.

¿La Televisión?

- Estoy muy satisfecho con la telenovela Entrega, de Luberta, muy bien escrita por el guionista Amilcar Salati, se le ha coláo muy bien a la dramaturgia de escribir telenovelas. La magia de la dirección de actores del maestro Osvaldo Doimeadios. Es quien me propone. Habíamos trabajado juntos en Conciencia y él es como Verónica, tiene esa magia de a poquitos. Me retrató el personaje con una sola frase después que dijo: es un gerente malversador, aprovechado un descaráo, pero quiere mucho a su familia. Y dije: ¡Ahí está! Ningún ser humano es bueno, bueno, ni malo, malo. Cuando en el papel eso está es más fácil para el actor encontrarlo. Es la clave de los buenos guiones como el de las series televisivas: Entrega y Lucha Contra Bandidos LCB2.

“Recuerdo una anécdota con el desaparecido actor Miguel Navarro, cuando fuimos a ver los guiones de la película Operación Mangosta y él rechazó que el escritor caracterizara al agente de la CIA con un viso de homosexualidad para el personaje jefe de la estación CIA. Le dijo Navarro ¿por qué lo haces? Mientras más inteligente sea yo como agente enemigo, más inteligente es el agente que se infiltra. Hazme fuerte y veraz cuán fuerte es tu personaje. Pasaron cuatro días y le llamaron. El escritor dijo a Navarro Usted tiene toda la razón”.

¿La familia?

- La familia que conformo está integrada por actores. Mi esposa Emma Robaina, es además realizadora. Mi hija Laura Treto, fue una sorpresa. De niña no mostraba inclinación por nuestra profesión; sin embargo, jugaba con una amiguita utilizando los guiones que tenía en casa de nuestros trabajos actorales. Fue a los nueve que comenzó a mostrar esa inclinación. Fíjate que nosotros no presionamos, solo mantuvimos el apoyo.

“El día que fue a hacer las pruebas en la Escuela Nacional de Arte (ENA) vi suspender a hijos de actores como Jorge Perugorría, y su padre no influyó para cambiar la decisión del jurado. Laura se batió duro y logró su propósito. Recuerdo que para la telenovela Latidos compartidos, mi hija Laura, hizo el casting, y le dan el personaje de Susana que hacía de mi hermana como personaje. No me gusta decirle por dónde orientar o cómo hacer su papel. Cuando teníamos escenas juntos, trataba de sorprenderla.

“Pude lograrlo en una donde estoy en la cocina y sé que a Laura no le gustaba la cocina. Comienzo a pelar la primera yuca y le digo: Ayúdame aquí. Su mirada fue determinante. Yo quería jugar con ella, las relaciones superexcelentes de padre e hija. En otra escena ella viene y me acaricia y la disfruté, porque sientes que estás haciendo la escena dentro del personaje y te olvidas que están las cámaras, los micrófonos y cinco personas mirándote.

“Mi esposa Emma Lobaina, actriz y realizadora. Es la asistente del destacado director de televisión Rudy Mora. Tiene la capacidad de preparar actores. Laurita nació entre actores y se crió casi en el teatro. Nosotros sobre la escena y pendientes de que no se fuera a caer de la silla (su cochecito) donde la sujetábamos.

“A los nueve años, utilizaba los guiones nuestros y escribía y jugaba con una amiguita, era muy tímida aún lo es. Entonces llegó el momento de entrar a la Escuela Nacional de Arte (ENA) y le dijimos tienes que ganarlo tú. Se batió duro, considero que todos los días le dimos una lección sobre la disciplina y hoy somos muy exigentes entre los tres. Cuando trabajamos juntos debo ser el más disciplinado de todos”.

 

 

 

 

Comentarios

Muchas felicidades, Señor Actor. Hay un detalle que disfruté, que se aparta de muchas realizaciones anteriores, y que se aborda en la entrevista. La credibilidad del malo. Muchas veces colocamos al adversario en una posición ridícula, quizás por la idea de que el drama necesita la imposición del personaje "bueno" sobre el "malo". Pero en que papel tan bajo situamos a nuestros héroes al definir un malo como alguien incapaz, bruto, casi bobo. Ese jefe de bandas no solo creíble por su humanización, el hombre tiene sicología propia, características de líder, de jefe, no solo por su pasado, según se cuenta, de dueño de propiedades, de fincas, etc, sino de aptitudes para sobrevivir y triunfar en ese mundo del bandidaje. Es astuto, calculador, cínico, siniestro, inspira respeto. Conoce de táctica y estrategias militares y pone su inteligencia y experiencia en función de lograr sus objetivos. La grandeza de nuestros milicianos está también en que se enfrentaron a este tipo de personajes y los vencieron.
energetico@blauvaradero.tur.cu

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