EDITORIAL: El aporte imprescindible de la ciencia

EDITORIAL: El aporte imprescindible de la ciencia
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Fecha de publicación: 
17 Febrero 2021
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El sistema de la ciencia en Cuba trabaja intensamente para garantizar que todos los ciudadanos reciban las dosis necesarias de las vacunas contra la COVID-19. Es una tarea titánica, pero es un imperativo. Si se cumplen las expectativas (y hay condiciones para que se cumplan), este país será uno de los primeros que ofrecerán cobertura total en las campañas de vacunación frente al impacto de la pandemia.

Los detractores del sistema social cubano afirman que el desarrollo científico del país es desproporcionado. Consideran que la creación de varios polos, laboratorios, instituciones, empresas y fábricas consagradas a la investigación y la producción asociadas a la ciencia obedecen a un empeño propagandístico, más que a una necesidad real.

Cuando concluyan los procesos de los candidatos vacunales, cuando comience la vacunación masiva, encontrarán nuevos «argumentos» para cuestionar. A la grandeza de esa obra opondrán nimiedades y tecnicismos baratos. Magnificarán problemas puntuales. Desconocerán esencias del humanismo de una Revolución que ha tenido siempre entre sus prioridades la salud del pueblo.

Cuba hace ciencia, primero que todo, por el bienestar de su población. Y para contribuir con el desarrollo integral de la nación. Ciencia para crecer. La aplicación concreta de ese saber será siempre uno de los mayores desafíos.

Reducir el aporte del entramado científico a una ecuación puramente económica no es un acto «pragmático»; es ignorar el valor humanitario de un ejercicio cotidiano, al que están consagrados miles de profesionales.

En un mundo marcado por la inequidad en el acceso a los productos de la ciencia, Cuba tiene el derecho y el deber de buscar alternativas. En el enfrentamiento global a la actual pandemia se han puesto de manifiesto desequilibrios en la producción y distribución de las vacunas. Los países ricos acaparan la mayoría de la producción. Hay pocas oportunidades para naciones pobres.

Que un país subdesarrollado logre producir sus propias vacunas, que trabaje por proteger a toda su población, no es un excentricismo. Es una declaración de principios. El desarrollo de la ciencia es uno de los pilares del proyecto de sociedad que construimos.

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