Cuando un amigo se va

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Cuando un amigo se va
Fecha de publicación: 
5 Abril 2019
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Los nacidos en los 90 y después, es probable que no lo recuerden, pero una gran parte de los cubanos no olvidará aquella figura imponente, vestida estrictamente de negro, que derrochaba pasión en los escenarios.

Ahora, Alberto Cortez ha muerto. Dejó de alentar este jueves, en Madrid, a los 79 años. Pero su aliento de artista grande y comprometido con sus seguidores persiste intacto.

“En cada una de mis actuaciones pretendo cumplir el mandato de Antonio Machado: La verdadera misión del artista es servir a los demás, motivar a los demás”. Así había revelado durante su primera visita a Cuba, en mayo de 1982.

Asombro primero, empatía después, y afecto para siempre sembró el argentino en esta tierra desde aquella presentación en un teatro Karl Marx abarrotado hasta en los pasillos.

Tres años después de aquel descubrimiento mutuo, regresó a la Mayor de las Antillas y en un intercambio con la prensa declaraba:

“Somos los artistas extranjeros los que venimos a pasar un examen en Cuba, porque encontramos aquí un público sensible, pendiente de percibir nuestra sensibilidad o una comunicación sensitiva a través de la música, a través de las canciones, a través del trato cotidiano”.

El "cantautor de las pequeñas cosas", como algunos gustaban llamarle, confesó que daba 45 mil vueltas a cada verso que escribía como muestra de su respeto al público.

Guiado precisamente por ese respeto a quienes se conmovían y reflexionaban con su música, el cantautor argentino decidió, como parte de su vasta obra, musicalizar poemas de autores del llamado Siglo de Oro español.

De esa forma, composiciones de Machado, Unamuno y Pío Baroja –entre otros- pudieron escucharse de sus labios como recién nacidas del corazón.

Durante su carrera, Cortez fue merecedor en 2007 del Grammy Latino a la Excelencia junto a otras figuras como Lucho Gatica. Compartió escenario, entre otras figuras de la música, con Mercedes sosa, Ricardo Arjona y Juan Manuel Serrat. Su vasta discografía concluye en 2013 con el álbum Sólo para coleccionistas (2013).

Referirse a él llamándole José Alberto García Gallo sería arriesgarse a que pocos lo identifiquen. Pero de este nacido en La Pampa basta con mencionar números como Mi árbol y yo, En un rincón del alma, Te llegará una rosa, A partir de mañana, El abuelo o Cuando un amigo se va, para inmediatamente asociarlos con la figura de Alberto Cortez.

Su obra de excelencia, respeto y amor al prójimo lo trasciende y perpetúa entre los amantes de la buena música y la poesía. Por eso ahora, aunque el amigo se fue, no queda un espacio vacío.

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