Accidentes en Cuba: Ese fantasma junto al timón (+ Video)

Accidentes en Cuba: Ese fantasma junto al timón (+ Video)
Fecha de publicación: 
26 Marzo 2018
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A inicios de año escribí sobre la baja percepción de riesgo de los cubanos. Lamentablemente, la cantidad de accidentes de tránsito, sobre todo los de carácter masivo, acontecidos en lo que va de este 2018 parecen darme la razón.

Tantas son las irresponsabilidades de todo tipo en carreteras, avenidas y calles cubanas que los accidentes en ellas constituyen la quinta causa de muerte en esta Isla, condicionada en primer lugar por el actuar humano.

Se escribe con pocas palabras pero cuánto de sufrimiento, lágrimas y pérdidas acompañan a los 31 siniestros de ese tipo que aquí ocurren como promedio diariamente.

Unos 17 fallecidos y cerca de 208 lesionados indican las estadísticas desde este enero. Cuando se pone uno a pensar en que la mayoría –quizás todos- pudieron evitarse, no queda menos que concluir cuánto de irrespeto a la vida anda al timón y con el pie en el acelerador.

Sucede que, de acuerdo con las investigaciones llevadas a cabo por las autoridades competentes, entre las principales causas de estas tragedias se apuntan el exceso de velocidad, llevar más pasajeros que los autorizados para el tipo de transporte, un solo chofer conduciendo por largos tramos sin tomar los descansos requeridos, desperfectos técnicos en los vehículos, así como modificaciones estructurales en el mismo que comprometían su seguridad.

18 de marzo: El hecho ocurrió al impactarse un camión y un ómnibus de Transtur en los predios del Hospital Psiquiátrico Provincial, en las cercanías de Cabaiguán. Foto: Escambray.

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El camión que viajaba en dirección a Sancti Spíritus se impactó con un ómnibus de Transtur. Foto: Escambray.

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Así quedó la guagua Transtur.

Aun cuando los daños acumulados en la vías no son pocos y requieren de importantes inversiones a las que nuestra economía parece no poder enfrentarse en la actual coyuntura, en solo dos de los accidentes cuantificados , la causa fueron estos daños, que ponen en tensión a conductores y peatones.

En cada uno de los siniestros la asistencia médica ha sido rápida y eficaz, pero mejor hubiese sido no tener que requerir de ese personal, que tanto se esmera, por ejemplo, porque Cuba mantenga una muy baja tasa de mortalidad infantil.

Pero qué doloroso que esos niños cuyas vidas fueron tan protegidas, encuentren su fin en un accidente del tránsito al llegar a la adolescencia y juventud. Vale este amargo contraste si se tiene en cuenta que en el último quinquenio, según reportaba el NTV recientemente, 265 cubanos menores de edad no alcanzaron a cumplir sus quince años.

Al menos hace dos años, en el 2016, el primer motivo de muerte de los cubanos entre 15 y 29 años de edad eran los accidentes del tránsito.

Así se dio a conocer en el programa Mesa Redonda efectuada en febrero último sobre la accidentalidad en la vía y donde se reiteraba que entre las principales causas de dichos accidentes se también se incluían el irrespeto al derecho de vía, la desatención del chofer a la conducción del vehículo y el exceso de velocidad.

En el verano pasado, como antesala del Noveno Período Ordinario de Sesiones de la Octava Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, los diputados de la Comisión de Defensa Nacional debatían sobre los mil 670 accidentes de tránsito ocurridos en el país durante los primeros cinco meses de ese año y coincidieron en que debía ser más rigurosa la aplicación del Código de seguridad vial.

A este análisis parlamentario le había antecedido, dos mese antes, en mayo pasado, una audiencia parlamentaria efectuada en la capital con las comisiones de Atención a los Servicios y Defensa Nacional de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Junto a conductores, estudiantes, delegados de circunscripción, autoridades del territorio y otros asistentes, revisaron con ojo crítico las estadísticas de accidentes en la capital, que se ubica entre los territorios más perjudicados por este flagelo.

En aquella oportunidad Rafael Ruiz Pérez, presidente de la Comisión de Defensa Nacional calificó de epidemia lo que acontecía en las vías urbanas y rurales, y a un mayor rigor para impedirlo.

Debe haber, exhortó, una exigencia superior hacia choferes y peatones unida a la persuasión y educación desde las edades tempranas, para que niños y adultos no repliquen las irresponsabilidades de los mayores, reclamó el también vicepresidente del Instituto de Planificación Física.

Aunque había tenido lugar menos siniestros que en igual período del año anterior, los diputados insistían en que el asunto no eran los números sino las vidas. Mientras se registre la pérdida de una vida humana el asunto seguirá siendo prioridad, subrayaban.

Ahora que los números parecen ir cuesta arriba mientras la prioridad se mantiene, ¿cómo proceder?

En aquella oportunidad recordaban que como parte de las acciones para prevenir accidentes se habían realizado mejoras en la señalización y en los semáforos de las principales vías de la capital y a partir de la imposición de multas y el decomiso de los animales, se insistía en impedir el ganado suelto en la vía.

En general, continúan intensificándose las multas y también el rigor en las inspecciones técnicas y sigue trabajándose en las señalizaciones así como en el empleo de las pistolas-radares para detectar la velocidad de los autos.

En paralelo, debería igual intensificarse la información sobre causas y consecuencias de esos desastres en la vía, insistir sobre el uso de cinturones de seguridad, en la exigencia de no consumir alcohol si se maneja, y en mantener toda la atención en la vía que n, lo mismo para conductores que para peatones, no debería ser desviada por teléfonos celulares, reproductores ni otras variantes tecnológicas.

Es cierto que por las calles del país rueda un parque vehicular envejecido, que la infraestructura vial no está en el mejor estado como tampoco las señales. Pero no sumemos a dichas adversas condiciones objetivas la dosis de irresponsabilidad que coquetea con la baja percepción del riesgo, ese fantasma que junto al chofer, temerariamente, hace girar el volante y pisa el acelerador ignorando el infinito valor de una sola vida humana.

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