Una «vitrina» para la guayabera

Una «vitrina» para la guayabera
Fecha de publicación: 
27 Agosto 2017
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La quinta Santa Elena está en una de las orillas del río Yayabo, muy cerca del célebre puente. Todo el mundo sabe que ese puente y ese río son los principales símbolos de Sancti Spíritus, una de las primeras villas cubanas. En este lugar radica desde hace algunos años uno de los más concurridos centros culturales de la ciudad: la Casa de la Guayabera, dedicada a la promoción de una prenda de vestir que identifica a este país en el mundo, y que, aseguran algunos, nació precisamente en esta zona.

No vamos a entrar en la polémica. La «paternidad» se la han adjudicado unos cuantos, aquí y en el extranjero. Pero lo cierto es que a estas alturas la guayabera ya es parte indiscutible de nuestra identidad cultural. Y es la ropa «de salir» de los «guajiros» (de algunos de ellos, que ya es difícil encontrar muchos diferencias entre los modos de la ciudad y los del campo) y la vestimenta protocolar por excelencia.

La Casa atesora la colección de guayaberas más importante de todo el país… y probablemente del mundo. No solo por la variedad de diseños y la calidad de las piezas que se exhiben, sino por la relevancia de las personalidades a las que pertenecieron. Unos pocos nombres, para ejemplificar: aquí hay guayaberas de Fidel y Raúl Castro, Gabriel García Márquez, Hugo Chávez, Alicia Alonso, Vilma Espín, Juan Almeida, Danny Glover, Miguel Barnet…

Se exhiben, algunas, en el centro de la sala de exposiciones. Pero las más representativas (que son también las más populares) tienen ya vitrinas permanentes.

Todas las guayaberas son distintas: el «espectro» de los tejidos, los colores, los diseños, las alforzas… es amplísimo. Pero la distinción mayor es la historia que «cuenta» cada pieza. La de Fidel, por ejemplo, es la que usó en la Cumbre Iberoamericana de Cartagena de Indias, en Colombia, 1994.

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Las guayaberas de Raúl, Fidel y Juan Almeida.

Fue una sorpresa para el mundo. Todos esperaban que el presidente cubano apareciera con su tradicional uniforme verde olivo, pero atendiendo a una solicitud de los organizadores, Fidel accedió a usar una guayabera. Ningún presidente fue tan fotografiado en esa cumbre. Esa fue la prenda que usó para pasear en coche con su gran amigo Gabriel García Márquez.

El vestido-guayabera de Alicia Alonso fue el que la prima ballerina usó en las celebraciones por el aniversario 30 del Ballet Nacional de Cuba, en 1978. Y la guayabera de Raúl fue un regalo de Vilma, por su cumpleaños…

Las personas que llegan a la institución tienen la oportunidad de escuchar estas y otras historias. Y de ver bien cerca las piezas. La colección es grande, la muestra se renueva cada cierto tiempo. Y por si fuera poco, pueden apreciar el proceso de confección, pues en uno de los salones trabaja un sastre.

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La guayabera más grande y algunas de las más pequeñas.

El director, Carlo Figueroa (un reconocido comunicador de los medios, que lleva años dedicado a estos menesteres), no cree que esta Casa sea un museo. «Es un centro cultural, con una muestra patrimonial. Pero nuestra intención siempre ha sido acoger una programación variada, de alto nivel: exposiciones, conciertos, ferias, presentaciones… Aprovechando la excelente ubicación, la hermosa vista. Aquí hay opciones para todos».

La Casa de la Guayabera ya es hoy un referente de la cultura espirituana. Uno de los lugares que los que llegan a esta hermosa ciudad del centro del país deberían tener en cuenta.

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