La complicada situación que vive Obama por la crisis de Oriente Medio

La complicada situación que vive Obama por la crisis de Oriente Medio
Fecha de publicación: 
7 Febrero 2012
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Además de los casos de Siria, Egipto y Libia, lo más preocupante es el posible conflicto con Irán.

 

La crisis por la que atraviesa Oriente Medio se está convirtiendo en todo un dolor de cabeza para el presidente Barack Obama que, incluso de escalar, podría ver afectadas sus posibilidades de ser reelegido para cuatro años más en la Casa Blanca.

Aunque los casos de Siria, Egipto y Libia traen serias consecuencias, es el posible conflicto con Irán lo que más desvela al ocupante de la Oficina Oval.

Si bien los tambores de guerra vienen sonando desde hace meses, este fin de semana la situación pasó de castaño a oscuro.

El Secretario de Defensa Leon Pannetta -nadie sabe si por error o con cálculo- reveló al 'Washington Post' que Israel se preparaba para lanzar un ataque contra Teherán esta primavera, en abril, mayo o junio.

El objetivo no es otro que impedir que este país perfeccione un arma nuclear antes de que sea demasiado tarde.

Irán respondió con ejercicios militares en sus fronteras y elevando la retórica de guerra.

El escenario de un conflicto entre estos dos países, por obvias razones, genera escalofríos en la Casa Blanca. Si bien Obama tampoco ha descartado el uso de la fuerza para frenar las ambiciones nucleares de Irán, viene insistiendo -y lo hizo nuevamente este domingo- en que la mejor salida es la diplomática.

De allí quizá su decisión, anunciada poco después de endurecer las sanciones contra el régimen, de congelar todos los activos del Banco Central iraní en EE. UU.

Una movida que había evitado tomar hasta ahora, pues probablemente se traducirá en aumentos de los costos del petróleo, que se prevé llegarán a los 5 dólares por galón este verano.

Y eso podría afectar la recuperación económica que tanto necesita el país y que es vista como vital para sus chances de reelección.

Ante el escalamiento de la situación, el presidente no tuvo más opción que usar el último as que tenía bajo la manga distinto a las bombas y los misiles.

Y las razones le sobran. De acuerdo con el editorialista del 'Post' Richard Cohen, una guerra entre estos dos países mandaría el precio del galón a los 15 dólares en un abrir y cerrar de ojos.

Más grave aún, EE. UU. probablemente terminaría arrastrado en el conflicto, pues de por medio está Tel Aviv, su gran aliado en Oriente Medio.

De no responder con contundencia sería presa fácil de los republicanos, que por lo general gozan de credenciales más altas en política exterior y que lo han venido criticando por su postura pacifista y diplomática.

Hasta ahora, a Obama le ha ido bien en este campo, pues salió sin rasguños del conflicto en Libia, dio caza a Osama Bin Laden y se la jugó por el pueblo en la inevitable Primavera Árabe.

Pero lo último que necesita en un año electoral, y ahora que puede sacar pecho y decir que fue el presidente que acabó con las guerras en Irak y Afganistán, es abrir otro frente de batalla, que sin lugar a dudas sería mucho peor, pues Irán cuenta con las Fuerzas Armadas más preparadas y letales de toda la región.

Igualmente delicada es la situación que se está cocinando en Egipto desde el arresto en diciembre de 43 activistas, entre ellos 19 estadounidenses.

Los activistas, miembros de una ONG, fueron detenidos por fomentar el desorden y ahora deberán enfrentar un juicio.

Entre ellos se encuentra, nada más y nada menos, que Sam LaHood, hijo del secretario de Transporte Ray LaHood, que trabajaba en la ONG International Republican Institute.

La Casa Blanca ha dicho que se trata de un problema "muy grave" y le ha pedido al gobierno de Egipto que resuelva cuanto antes la situación, pero El Cairo respondió que ellos no podían intervenir en un proceso judicial.

En cualquier caso, el Congreso en Washington, controlado por republicanos, amenaza con cortar toda la ayuda que brinda a El Cairo, que suma 1.300 millones de dólares anuales.

Algo que podría descarrilar las relaciones con este país, que hasta el año pasado era uno de los aliados más fuertes de EE. UU. en la región.

Para Obama, además, se trata de una espada con doble filo.

En cadenas como 'Fox' ya han comenzado a referirse a los detenidos como "rehenes" y se hacen paralelos con la famosa crisis en Irán de 1979.

En esa ocasión 52 estadounidenses fueron retenidos por 444 días tras el ascenso al poder de los islámicos.

El manejo de esa crisis, dicen, le costó la reelección a Jimmy Carter, en 1980.

Y aunque la comparación es de sobra exagerada, los republicanos insistirán en ella si continúa extendiéndose.

Y para sumar está Siria, donde no cesa la violencia y por cuya cuenta EE. UU. y Occidente están enfrentados con China y Rusia, que se oponen a sanciones más fuertes de la ONU contra el régimen de Bachar al Asad.

Moscú -que envió a su ministro de Relaciones Exteriores a Damasco - ha dejado claro que no permitirá un cambio de régimen por la fuerza, como el que se provocó en Libia tras la intervención de la OTAN. Y China está en la misma página.

Obama, por lo tanto, tiene en frente lo que parece una masacre de civiles, pero sus manos están atadas. Algo que también podría perseguirlo durante la campaña presidencial si Damasco continúa su violenta ofensiva contra los opositores.

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