¿Ganan los ebooks?

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¿Ganan los ebooks?
Fecha de publicación: 
23 Enero 2020
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No pocos aseguran que los libros en papel tienen sus días contados. De hecho, es usual encontrar a adolescentes y jóvenes, cuando se ven precisados a leer algo más que los mensajes de texto en sus teléfonos, concentrados en pantallas táctiles donde se reproduce digitalmente la obra de algún escritor.

Quizás aquel autor que ahora leen se había valido de una estilográfica, o de una pluma de ganso, para crear su obra bajo la luz de un candil. Y fue tanta la grandeza del texto, que, con el pasaporte de la inmortalidad, logró sortear siglos y acomodarse entre los gigabytes de este presente.

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Mas no se piense por eso que el tal literato debería sentirse molesto al saber su libro convertido al lenguaje binario. Cuanto más desbordante es la grandeza de un hombre, mejor se adapta a lo por venir.

Del papel a la pantalla

Cuando en el siglo XV vio la luz el primer texto impreso, gracias a la genialidad de Johannes Gutenberg, aquel herrero alemán, en verdad nadie suponía entonces que el libro en papel, una revolución en la historia de la humanidad, pudiera estar hoy abocado a cierta agonía.

¿Cómo sería eso posible si la aparición de de tales impresos había facilitado masificar conocimientos y cultura, derribar oscuros muros medievales? La respuesta podría estar en que la misión desempeñada en la Europa del Medioevo por aquellos libros, la han retomado con nuevas potencialidades los soportes tecnológicos digitales y la Internet.

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En consecuencia, durante este siglo XXI ya no son pocas las editoriales que se han replanteado combinar o sustituir la impresión de libros por la producción de ebooks.

Desde 2013, tan solo en España y Latinoamérica, cerca de 400 sellos editoriales disfrutaron de un crecimiento mayor al 50% en las ventas de sus ebooks, así lo recoge el V Informe Bookwire.es 2019.

Al comenzar este siglo XXI, Google hizo pública su intención de digitalizar todos los libros del mundo para conformar la mayor biblioteca digital de que se tuvieran noticias. Sería una especie de sabio gigante... y encadenado, porque Google sería el poseedor de las llaves para liberar esos conocimientos. Una buena parte de las bibliotecas y otras entidades a las que consultó dieron su aprobación condiciones y cláusulas.

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Pero parece ser que ese megaproyecto, con trampa, no ha avanzado. No solo ha faltado el permiso de autores y editores, sino que, más de uno se niega a que sea monopolizado el saber de la humanidad toda.

Aun así, abundan los libros digitales, pero ello no debe interpretarse necesariamente como la muerte inevitable del libro en papel, aunque sí parece corresponderse con una sustancial disminución en la venta de cantidad de ejemplares.

El francés Lucien Sfez (1937-2018), experto en Comunicación, lo resumía sabiamente: “El libro no muere por defecto sino por exceso. Hay más autores, más obras, menos tiradas”.

¿Se muere?

Aunque no existen estadísticas a nivel global que puedan sustentarlo, cabe aventurar la afirmación de que, a pesar de los vientos en contra, el libro impreso no desaparecerá.

Incluso, la industria editorial -entendida en el sentido más convencional-, ha visto cierto crecimiento en sus ingresos luego del hondo bache en que cayera durante la primera década de este siglo, y aún antes.

Pero a pesar de ese discreto resurgir, condicionado sobre todo por los vaivenes de la economía mundial, no pueden ignorarse las actuales preferencias de los lectores, una buena parte de ellos nacidos en la era digital: los millennial, la generación Z y ahora la generación alfa.

De ahí que editores y lectores apuesten por determinado equilibrio entre libros de papel y ebooks, sobre todo considerando que estos últimos se afilian a una postura ecológica, no atentan contra la preservación de los bosques ni su producción contamina el ambiente.

También entre sus fortalezas se apunta el cómodo manejo del soporte tecnológico así como la posibilidad de combinar junto al texto, audios, videos y la interactividad con otros lectores, escritores o editores.

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Sin embargo, a pesar de tales ventajas, muchos lectores consuetudinarios –de esos para quienes leer es casi tan vital como respirar- aseguran que ni tabletas ni teléfonos móviles, ni computadoras de escritorio o portátiles, podrán sustituir ese placer único de hojear un libro recién comprado, olfatearle el olor a tinta y colocarlo con delicada esperanza junto a la cama, con la promesa de una noche por delante solo para él.

Escenas similares a esa se repetirán cuando, del 6 al 16 de febrero próximo, abra sus puertas la 29 Feria Internacional del Libro de La Habana.

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