Un mundo que se seca

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Un mundo que se seca
Fecha de publicación: 
3 Abril 2021
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Las cataratas del Iguazú

Confieso mi ignorancia y preocupación, cuando me entero tardíamente que sólo el 1% del agua del planeta es potable, y la que pudiera existir en supuesta demasía necesita siempre algún procedimiento para que lo sea.

De una manera u otra, el agua ha generado guerras continuadas en este mundo, como demuestran las agresiones, ocupaciones y continuadas presencias de tropas en territorios ajenos, mayormente en África y el Medio Oriente, principalmente por el sionismo en zonas aledañas a Israel, quizás en una acción considerada más importante que las relativas a las fuentes energéticas.

La carencia de agua en los últimos tiempos en Uruguay, por ejemplo, coincide con un pronunciado rebrote de la epidemia de la COVID-19, en la que el líquido es indispensable para su combate, algo que se puede explicar por la ausencia de recursos del Estado para proteger el ambiente y el desarrollo sustentable

Ello conlleva a explicar la situación del aledaño Sistema Acuífero Guaraní, que en buenas manos podría aliviar la existencia de millones de personas.

La situación fue aprovechada por el Banco Mundial para manejar los aportes al respecto, además de conocer al detalle la ubicación de tropas norteamericanas en las cercanías del acuífero para su “protección”.

Es un bien tan precioso que ha pasado necesariamente a ser objeto de controversia política. Hay quienes pugnan para que se lo considere un bien social, un patrimonio de todos, pero han sido derrotados por otros que defienden que sea privado.

Es que para la ley del mercado nada puede haber más atractivo ni codiciado que un recurso imprescindible y escaso como el agua. En esa tensión, nació una frase que despierta temor: "Las guerras del siglo XXI serán por el agua".

Y lo peor: esa frase fue dicha por Ismael Serageldin, ex directivo de la Sociedad Mundial del Agua, una alianza de corporaciones internacionales dedicadas a ese negocio y a impulsar la privatización del servicio público del agua en distintos países. Serageldin fue también ex vicepresidente del Banco Mundial, otra entidad muy vinculada a la privatización del agua, con prácticas non sanctas, como pasó con Aguas Argentinas.

En el sitio del BM (www.worldbank.org) figura cómo entre 1990 y 2002 hubo 276 préstamos por "suministros de agua". En la tercera parte de ellos, el banco requirió la privatización del sector antes de desembolsar los fondos. De esa fecha hasta ahora, eso ha sido superior.

Así se puede trazar un paralelo con la última guerra en Iraq y la actual apropiación de las grandes petroleras estadounidenses de la riqueza iraquí. El escritor Norman Mailer agregó algo más: "La administración de George W. Bush no fue sólo a Iraq por su petróleo, sino por el Éufrates y el Tigris, dos ríos caudalosos en una de las zonas más áridas del planeta".

El segundo escenario ya está en marcha: es la privatización del agua. En los últimos 15 años, las grandes corporaciones, llamados también los "barones del agua", han pasado a controlarla en gran parte del mundo y se calcula que, en otros 15 años, quizás menos, unas pocas empresas privadas tendrán el control monopólico de casi el 75% de ese recurso vital para todos.

La escasez de agua dulce es el principio rector de ese gran negocio: represas, canales de irrigación, tecnologías de purificación y de desalinización, sistemas de alcantarillado y tratamientos de aguas residuales y ciertamente, según los datos del Instituto Polaris, de Canadá, el embotellamiento del agua, un negocio que supera en ganancias a la industria farmacéutica.

El tema es infinito y falta el acceso a más estadísticas al respecto, pero no deja de ser un hecho, que se ha intentado de todo para controlar el agua y, por carambola, la vida mundial, algo que empeora con la presencia de gobernanzas coloniales, como las que ha sufrido el hermano pueblo puertorriqueño, acerca del cual permítasenos traer este manido, pero recurrente ejemplo, aparecido en el semanario Claridad, publicado en el colega Habana Radio, que, por sus características, llama tanto a risa como a indignación:

"El asunto es que de momento el agua apestaba y no sabían la razón, y entonces un cuarto de millón de puertorriqueños nos quedamos sin agua. Aledañas a la cuenca del río (Guaynabo), cerca de la planta Los Filtros, hay cinco industrias. El monitoreo de las mismas, al parecer, se hace con el primitivo método del olfato. Si hiede, algo anda mal. Entonces, en lo que investigan, no se puede tomar agua, ni bañarse como Dios manda... esta vez la Junta de Calidad Ambiental halló solución al misterio. No eran peces, era methyl ethylketone, hidroxy methyl pentanone, cyclohexanol y cyclohexalone. La cuestión es que, de no haber alguien con buen olfato, nos habríamos bañado con sustancias que hubieran causado irritación... Es que, con la privatización, para ahorrarse unos centavos y ganar más, ahora hay menos empleados y supervisores. Cualquiera sabe que hay contaminantes sin color u olor Habrá que tener un sabueso en los grifos".

 

 

 

 

 

 

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