Trump vs. Venezuela: ni loco ni borracho, fascista

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Trump vs. Venezuela: ni loco ni borracho, fascista
Fecha de publicación: 
4 Enero 2026
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El megalomano presidente de Estados Unidos explicó su plan para el recurso más preciado de Venezuela durante una conferencia de prensa.

Enfermo de un narcisismo contumaz el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acaba de concluir otro capitulo de su último reality show: el de la agresión a Venezuela.

La primera parte de la serie que comenzó en agosto pasado con un desmesurado despliegue militar frente a las costas venezolanas, bajo el pretexto de combatir a los carteles de la droga que desde ese país supuestamente inundan de ese flagelo las calles de Estados Unidos, concluyó ayer con el bombardeo de varias regiones venezolanas y el secuestro del presidente Nicolás Maduro.

Según declaró después, el pacifista Trump,  desde una sala de operaciones improvisada en su residencia de la Florida, pudo presenciar la acción en vivo y en directo “como si fuera una película” de Hollywood.

Más tarde, en una conferencia de prensa, y luego de celebrar la heroicidad de las tropas especiales norteamericanas que tomaron parte en el secuestro,  el presidente fue proclamado por su Secretario de Estado, Marco Rubio, como el gran protagonista de la hazaña.

De acuerdo con Rubio, quien según ha dicho el propio Trump es su cerebro para las cuestiones de Latinoamérica, papá Donald no es un presidente cualquiera sino uno que cuando dice algo lo cumple.

Algo parecido por cierto dijo recientemente su jefa de gabinete la señora Susie Wiles quien afirmó en una entrevista que el presidente, aunque no bebe, tiene “la personalidad de un alcohólico” porque «actúa con la convicción de que no hay nada que no pueda hacer. Nada, cero, nada». 

O sea, lo que en buen español significa que el también supuesto practicante de la llamada “teoría del loco” puede hacer lo que le venga en ganas. 

Algo que por cierto no es para nada descabellado si se tiene en cuenta los méritos acumulados por el actual inquilino de la Casa Blanca durante su primer mandato y durante lo que va de este segundo. 

Como Donald Trump es un personaje que “se hace el loco” y tiene la “personalidad de un alcohólico” que hace lo que le parece, pasará a la historia como el hombre que al lanzar sus huestes contra en el capitolio mancilló para siempre la leyenda de la llamada democracia norteamericana. Otro tanto ha hecho con el sistema de justicia del cual ha salido indemne de innumerables acusaciones.

En su supuesto delirium tremen ha desatado una cacería racista contra  la inmigración latina solo comparable a la realizada por el nazismo contra los judios.

No por gusto el pueblo norteamericano, al que se puede engañar una vez pero no todas las veces, ha salido en varias ocasiones  a las calles de las principales ciudades de ese país para rechazar al nuevo king de la Casa Blanca que ahora, por lo visto, después de lo que acaba de ocurrir en Venezuela, pretende autoproclamarse como emperador del mundo.

Pero el pacifista gladiador ni está tan loco ni tan borracho como suele aparentar.  En realidad el payaso Trump representa a una oligarquía que se resiste a aceptar que el mundo de hoy no es el del siglo XIX de la doctrina Monroe y del destino manifiesto de la American First.

En el mundo actual el multirateralismo defendido por países como los que integran el BRICS o el desenfrenado desarrollo económico de China han dejado en un papel segundón al imperio norteamericano.

En una era en la que el cambio climático pone en peligro la existencia de la humanidad toda, la oligarquía a la que el supuesto loco norteamericano representa, se niega a renunciar a la explotación petrolera algo que significaría la renovación de toda su economía. Por tales razones Estados Unidos no deja de apoyar el genocidio contra Gaza de Israel, su gendarme en el medio oriente, y no vacila en decir con la mayor desfachatez que el petróleo de Venezuela le pertenece.

Los 50 millones de recompensa por la captura de Maduro son una nimiedad comparados con la comisión que le deben haber ofrecido las petroleras, por mantener el status quo de la contaminación mundial, al presidente y sus halcones 

En el caso del alarde de fuerza contra Venezuela hay también otras razones de tipo personal que sin dudas determinan el proceder del demente. No hay que olvidar que Trump prometió que si salía elegido acabaría en 24 horas con la guerra de Ucrania algo que el borracho, que lo puede todo, no ha logrado conseguir.

Por otro lado está el caso del pedófilo Jeffrey Epstein en el cual  su propia base de Maga cree que el presidente está implicado. 

En un año de elecciones intermedias, gracias a los delirios arancelarios del presidente, la economía está en crisis y el pueblo norteamericano, que creyó que América iba a ser grande otra vez, sufre hoy los efectos de una inflación galopante.

La agresión contra Venezuela es, además de la sed desmedida de petróleo, una Cortina de Humo, - ¿recuerdan aquella película de Hollywood con el mismo título?- que sirve para ocultar todos esos problemas.

Para seguir ocultándolos vendrá ahora otro largo capítulo de la serie: el circo  del juicio por narcotraficantes -no por antimperialistas- al presidente Maduro y su esposa. 

Que haya una nueva temporada de saqueo, matanza y prepotencia depende de la unidad del pueblo venezolano y de la protesta solidaria de todas la personas dignas y libres del mundo que se nieguen a aceptar el yugo fascista del nuevo Nerón de la Casa Blanca. 

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