Argentina para USA, según Milei
Me decía hace no mucho un amigo argentino que para Milei, Macri y todos como ellos es poco 20 000, 30 000 o 50 000 millones de dólares, porque rápidamente los hacen desaparecer en la entrega y fuga. “Estaremos en el horno del Dante por muchos años, y todo gracias a gran parte de la gente ignorante, bruta que lo voto. Nos quedamos sin país”, consideró, mientras otro que se quejaba por igual de cómo el susodicho se aprovechó de la división y perspectiva adversaria, hacía sentir así más procazmente su molestia, porque el melenudo acaba de entregar el país en un acuerdo hecho a la medida y conveniencia de Estados Unidos:
“Tengo que ir urgente al baño. ¿A quien le tengo que pedir permiso?, ¿al FMI o a EE.UU.?
Bajo el discurso de la “prosperidad” y la apertura al mundo, el Ejecutivo firmó un acuerdo comercial y de inversión con Estados Unidos que profundiza la dependencia económica, debilita la industria nacional y consolida un modelo de ajuste interno y negocios externos para unos pocos.
Milei celebró bailando y cantando -debía haber intentado dedicarse a ello- como si se tratara de un logro histórico. Fotos, sonrisas y frases grandilocuentes acompañaron un anuncio que, lejos de marcar un rumbo de desarrollo soberano, confirma una política de alineamiento automático y subordinación económica frente a la principal potencia del continente.
No hay sorpresa: el acuerdo encaja a la perfección con el programa económico oficial, recuerda Página 12: Apertura indiscriminada, desregulación, retirada del Estado y confianza ciega en que el capital extranjero —esta vez, estadounidense— vendrá a “salvar” una economía devastada por el ajuste. La historia argentina, sin embargo, ya conoce este libreto: promesas de inversiones que no llegan, industria que cae y trabajadores que pagan la cuenta.
Mientras se firman acuerdos en el exterior, puertas adentro crecen el desempleo, la caída del salario real y el derrumbe del consumo. El contraste es brutal, sacrificios para la mayoría, garantías para las corporaciones. Porque eso es lo que aseguran este tipo de pactos: seguridad jurídica para el capital, facilidades para girar ganancias y reglas de juego favorables a las grandes empresas, no al entramado productivo local.
Economistas locales advierten que el gobierno vende el acuerdo como una oportunidad de inserción internacional, pero omite un dato clave: la relación con Estados Unidos es profundamente desigual. No hay simetría posible entre una economía periférica en crisis y una potencia que protege su mercado, subsidia su producción y defiende sin pudor sus intereses estratégicos. Mucho menos cuando se habilita la seguridad jurídica y facilidades para girar ganancias, poder colocar todos sus productos sin obstáculos, se le facilita acceso a minerales críticos, a la entrega de datos, entre otras cosas.
ADIOS A LA SOBERANÍA
Al revés de Carlos Gardel que abandonaba tristemente a su Pampa para ir a tierras extrañas, Milei no cabía en sí de gozo cuando vendía la soberanía del país a tan poderosa como voraz nación.
El impacto sobre las pequeñas empresas, la industria nacional y el empleo aparece como daño colateral aceptable para el oficialismo. La apertura comercial, en un país sin políticas de protección ni desarrollo, no genera competencia virtuosa, al contrario, genera destrucción productiva. Más importaciones, menos producción local, más precarización laboral.
Todo esto avanza, además, sin debate público y con opacidad. No se conocen en detalle las cláusulas del acuerdo, ni sus condicionamientos futuros. El Congreso, donde debe enviar dicho acuerdo, aparece relegado y la sociedad excluida de una decisión que compromete el rumbo económico del país.
Lejos de ser un error o una ingenuidad, el acuerdo con Estados Unidos expresa una definición política clara: abandonar cualquier intento de desarrollo autónomo y aceptar el lugar de proveedor de materias primas y mercado para bienes extranjeros. No es inserción inteligente, sino una entrega planificada.
EFE así lo corrobora cuando apunta que Milei escenifica su alineamiento con Trump a través del acuerdo comercial que limita las posibilidades de desarrollo de Argentina a la relación asimétrica con EE.UU; y puede tensionar el vínculo con Brasil y China.
TODO EN FAVOR DEL IMPERIO
AFP explica que el denominado Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproco con Estados Unidos, que debe ser convenio, que debe ser refrendado por el Congreso argentino, impactan de forma directa en los recursos naturales y la producción local en favor de Washington. El pacto contempla muchas más obligaciones para Argentina: el país cede, sin contraprestación alguna, sus atribuciones de control de calidad en industrias como la farmacéutica, la alimentaria y la automotriz. Por ejemplo, deberá aceptar la importación de vehículos estadounidenses fabricados según las Normas Federales de Seguridad y emisiones previas de la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) para dispositivos médicos y productos farmacéuticos.
La Cancillería argentina ha justificado la firma del acuerdo en que promoverá exportaciones: “Washington eliminará aranceles recíprocos para 1 675 productos de una amplia gama de sectores productivos, lo que permitiría recuperar exportaciones por 1 013 millones de dólares”, ha informado el Ministerio encabezado por Pablo Quirino, quien fue el encargado de rubricar el texto.
Como contrapartida, “Argentina dejará en cero los aranceles para 221 posiciones, bajará al 2% otras 20, principalmente autopartes, y otorgará cuotas para vehículos, carne y otros productos agrícolas que ingresen desde EEUU”.
Expertos argentinos rechazan que haya una relación simétrica, porque Estados Unidos tiene un enorme Producto Interno Bruto comercial, y la apertura se realiza en un contexto de guerra fría entre la Administración Trump y China, lo cual perjudica aún más a la industria y los sectores que generan trabajo.
Pedro Gaite, economista y jefe de FIDE ( Fundación para el Desarrollo Económico), señala a elDiario.es que “un convenio de libre comercio con un país que tiene un nivel de productividad tanto más alto que el de Argentina lo que hace es profundizar las relaciones centro-periferia tradicionales, y de ello se puede desprender un aumento de la primarización de la estructura productiva local. Argentina exporta más productos primarios y materia prima e importa más manufacturas de alto valor agregado y contenido tecnológico”.
Para Gaite, el convenio también puede generar un impacto negativo en las relaciones comerciales de Argentina con otros países del Mercosur –bloque que integra junto con Brasil, Paraguay y Uruguay– y, en particular, con Brasil. “La inmensa mayoría de las exportaciones industriales de Argentina van a los países del Mercosur, sobre todo las de autopartes a Brasil. Este tratado comercial levanta muy fuertemente los aranceles de autopartes de Estados Unidos, entonces, es muy probable que el acuerdo sectorial de comercio de automóviles con Brasil entre en crisis, que es lo que ya se está viendo, pero es probable que se profundice”.
En fin, Estados Unidos encontró en Milei un socio incondicional que lo elige por encima de China y Rusia y que no vota más junto a Brasil, y menos con Luiz Inácio Lula da Silva ocupando la presidencia, con quien no ha disimulado su encono.
El mandatario ultra argentino recibió una ayuda crucial de Trump que le permitió ganar cómodamente las elecciones legislativas de octubre pasado. La elección se presentaba cuesta arriba en medio de turbulencias en la economía y temores de devaluación, pero el secretario del Tesoro de EEUU, Scott Bessent, anunció un rescate financiero de 20 000 millones de dólares condicionado al triunfo del gobierno actual.
El retroceso moral es en toda la línea, incluido el político, en el que Milei mostró su vasallaje, al llevar a Argentina al asentimiento del criminal bloqueo de Estados Unidos contra Cuba en la más reciente votación al respecto en Naciones Unidas.
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