Kristi Noem en Miami
Kristi Noem en Miami
En el último día del mes de enero de este año, fue noticia la visita relámpago de la inefable Kristi Noem, jefa superior del temible ICE, protagonista de los más mediáticos atropellos de la fuerza pública estadounidense, contra su propio pueblo.
Pero Noem no llegó a explicar o justificar la actuación de sus aguerridos custodios de la frontera, sino a hablar de Cuba, claro allí donde más importa el tema por el conglomerado de migrantes originarios de la Isla de la Dignidad. De paso estar a tono con la ofensiva recrudecida contra la familia cubana, decretada por la Casa Blanca, mediante una orden ejecutiva donde se asegura que un pequeño país es una amenaza para el país “más importante y grande del mundo”, según el decir del mandatario.
La existencia misma de la orden ejecutiva ya ha dado mucho que hablar y casi desde que se conoció, viene generando un creciente repudio, por las consecuencias que tiene.
A lo interno de los EEUU, una de las más obvias es el efecto que tiene sobre la población de origen cubano, que reside en el territorio de mayor presencia, como lo es en particular la ciudad de Miami. De ahí que Trump envió a su impopular secretaria de seguridad nacional a una operación de control de daños, como si a aquella no le bastara asumir responsabilidades repudiables, como orientar las tropelías del ICE.
El mandatario se percata probablemente que este recrudecimiento del bloqueo, concebido para el exterminio de la población cubana, como realmente debe describirse esta orden ridícula, puede tener un impacto político, dígase que contraproducente en el potencial electoral de origen cubano.
Es un asunto polémico pero, más allá de los deseos de Mr. Rubio, quien es el cerebro detrás de este atropello, junto a los sospechosos habituales, los congresistas cubano americanos mafiosos, existe en La Florida una masa critica de cubanos y cubano americanos que con independencia de sus opiniones sobre el gobierno isleño, son favorables a algún tipo de relación con su tierra natal, ya sea por vínculos familiares o conocidos, o simplemente consideran que es aberrante la hostilidad contra un país que no agrede ni amenaza a EEUU de ninguna forma.
Las más recientes encuestas presentadas por Cuban Research Institute, de la Universidad de La Florida, demuestran que con guarismos parecidos, esta población cubana o de dicho origen, favorecen una relación “normal” , pareciéndose de forma creciente al sentimiento generalizado en el resto de la población estadounidense, que según el medio trumpista, Fox News, en no menos del 60% están contra cualquier acción o política hostil contra Cuba.
Las posiciones en la comunidad o diáspora cubana, como también suele nombrarse, generalmente han coincidido históricamente con las posturas predominantes en la administración federal, razón algo muy visible cuando la llamada primavera Obama, ya se sabe, cuando se inició un proceso de normalización de las relaciones, posteriormente descarrilado durante la primera administración Trump.
Sin embargo, los actuales guarismos que presentan las encuestas aludidas parecen contradecir esta tendencia, en el contexto de que una mayoría prefiere un clima de normalidad, a pesar que posiblemente sea la actual, una de las administraciones más agresivas desde al menos la encabezada por Ronald Reagan, en los años 80.
Ciertamente el núcleo duro anticubano es aún muy poderoso, tanto por sus recursos financieros, en un país donde eso cuenta o incluso puede decidir un resultado electoral, pero sobre todo porque ahora dispone del mejor nivel de articulación con el gobierno federal, Mr. Rubio mediante, y porque al fin y al cabo Trump reside allí, y al parecer prefiere evitar enemistarse con sus vecinos poderosos y peligrosos, de lejano origen batistiano, que en su momento organizaron el asesinato del presidente Kennedy.
Frente a esto hay que apuntar que en los últimos 10 años han surgido nuevos elementos, algunos ya conocidos como el asociado al rechazo parcialmente generalizado de la política antimigrantes de Trump, centrado en sacar del país cuanto latino le pase por delante a ICE; como se ha comentado, esta política antilatinos ha comenzado a pasarle la cuenta a los sospechosos habituales mencionados.
A lo anterior se unen los cambios generacionales y hasta el surgimiento de un sector no estatal en la economía cubana, atractivo no calculado e inexistente antes, por caso durante la primera administración Trump, y que sugiere oportunidades para empresarios sobre todo floridianos, asunto que merecería un análisis más profundo.
Sumado a lo anterior, está el alerta lanzado por la mandataria mexicana, que destacó que la nueva agresión trumpista contra Cuba puede derivar en una crisis humanitaria, que evidentemente las autoridades estadounidenses asocian automáticamente a un nuevo capítulo de una crisis migratoria o éxodo migratorio de cubanos, ¿a dónde? pues obvio, a la Florida.
Entonces la señora Noem anunció con voz amenazante que están preparando “protocolos para enfrentar el tal éxodo”, que traducido al castellano coloquial, significa que no lo van a permitir y a tenor por la forma que opera la Gestapo ICE, reprimirán con la dureza disuasoria que les caracteriza.
Hay que recordar que este asunto del éxodo actúa como una suerte de fantasma, alimentado por las propias contradicciones de EEUU en sus relaciones con Cuba; así que por un lado, hacen lo posible por asfixiar a los cubanos que residen en su país, y luego rechazan que “huyan” de la Isla, el termino histórico usado para politizar lo que debería ser un flujo migratorio normal.
Para no salirse del guion previsto por Mr. Rubio y a tenor del sentido agresivo y fascista de la orden ejecutiva, pues naturalmente la Noem prometió revisar el pedido, tanta veces planteado por los mafiosos legisladores, de cortar todo tipo de remesas y viajes a Cuba.
En este punto hay que preguntarse porque la secretaria de seguridad nacional simplemente no anuncio este tipo de corte radical; podrían haber muchas conjeturas, por ejemplo las asociadas al eventual humor cambiante de la comunidad de origen cubano ya explicado, que supone de paso cierto comportamiento político y electoral, pero también que tipo de intereses estadounidenses se afectarían, de proceder contra los vínculos que aún se toleran.
Empezando por el conglomerado de compañías aéreas, en este momento tres, que operan en el peor de los momentos hasta 4 viajes diarios, y que se sabe, tienen relaciones institucionales le dicen, con el actual gobierno federal desde donde se impulsan medidas de desregulación y proyectos de modernización del control aéreo, contando para ello con el apoyo explicito y mediático de los principales directivos de estas empresas aéreas.
A lo anterior se suma el universo de intereses, algunos muy arraigados y poderosos, que interactúan especialmente con el sector privado que reside en Cuba. Estos en definitiva son parte de una especie de batalla campal, no muy visible siempre, entre los neobatistianos que esperan volver a una Cuba anterior a 1959 y otros, más avispados, que entienden que eso es imposible y que por el contrario hay que aprovechar las nuevas oportunidades para incrementar sus negocios, nada menos que en otro país, Cuba, parcialmente desabastecido y solo a 30 minutos de vuelo de La Florida.
En este complicado escenario aparece Trump mintiendo sobre que
hay conversaciones con el alto gobierno cubano; también negó que sea tan grave la medida del bloqueo de combustible, descartando el oportuno comentario de la mandataria mexicana sobre una crisis humanitaria.
En todo caso, fiel a su ser, Trump busca mostrar que ha logrado un expedito “éxito” al presionar a Cuba, venderlo con fines electoreros tal vez, y en todo caso si eso no prospera, culpar a las autoridades cubanas de la ruptura de conversaciones que según el, existían en ese momento, como nueva justificación para incrementar en el futuro su asfixiante política contra la Isla.
Rubio, otra vez ha metido a Trump en una trampa o quizás al revés, el inquilino de la Casa Blanca parte de la agenda personal anticubana de su canciller para auto meterse en un laberinto de incierto desenlace. Víctima de su proverbial desborde y descontrol verbal, el mandatario casi que se comprometió a aquello de cero dinero, cero combustible a Cuba, después de la euforia ante el éxito táctico en Venezuela; de paso Rubio insistió que ahora era el turno del “régimen cubano”.
Ya se sabe, lo de Trump es confundir pero en rigor también refleja que parece adivinar el costo político interno y externo que tiene esta arremetida feroz contra Cuba.
En este punto emerge el otro problema con la opacidad en los dichos del mandatario estadounidense. No está claro que quiere el tipo con Cuba, ni siquiera puede aspirar e incluso pretextar que su interés es el petroleo, como descaradamente argumentó para agredir a Venezuela.
Trump, ¿qué aspiras a negociar con Cuba? Es la pregunta de ocasión. Para empezar los argumentos de la orden ejecutiva son una sarta de falsedades o directamente irrealizables, como pedir a Cuba que rompa vínculos con Rusia o China, por solo citar algunas de las “amenazas” que “siente” provienen de Cuba.
Se podrían decir muchas cosas sobre las posibilidades de éxito de la agenda “negociadora” de Trump, pero limitándose a recordar lo que dice la Constitución cubana, se aprecia claramente lo que si no es negociable.
Dice la carta magna cubana, por ejemplo, que Cuba es un “Estado socialista de derecho y justicia social” (Capitulo 1, articulo 1), añadiendo lapidariamente que el “sistema socialista que refrenda esta Constitución, es irrevocable” (artículo 4). Por las dudas, establece que las relaciones con cualquier estado… “no podrán ser jamás negociadas bajo presión, amenaza o coerción”.
Más recientemente el presidente Diaz Canel se refirió en parecidos términos, cumpliendo el mandato constitucional y no por capricho personal, como se lee en el micro ecosistema de medios hostiles digitales, que auguran una pronta derrota de la Revolución, tal y como han dicho, cuando no existían las redes sociales, desde el 1 de enero de 1959.
En este contexto vale la pena reflexionar sobre lo planteado por el Comandante Fidel Castro, en carta dirigida a la FEU en el 2015, a propósito del tema:….. “No confio en la política de Estados Unidos ni he intercambiado una palabra con ellos, sin que esto signifique, ni mucho menos, un rechazo a una solución pacifica de los conflictos”…. Añadiendo más adelante: ... “cualquier solución pacifica y negociada a los problemas entre Estados Unidos y los pueblos… deberá ser tratada de acuerdo a los principios y normas internacionales”….
Esta por ver si Trump entiende estos conceptos; pero hasta la fecha eso de normas internacionales no aparece en su listado de prioridades; peor, más dudas genera si su canciller Mr. Rubio, permitirá cualquier conversación que no suponga una capitulación de un proceso popular como el cubano, que 12 mandatarios anteriores no pudieron doblegar.
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