México, aún más fuerte

México, aún más fuerte

Las políticas impulsadas durante el gobierno de Donald Trump, diseñadas para presionar económicamente a México, terminaron generando efectos inesperados. Según el economista Richard Wolff, la renegociación comercial, las amenazas arancelarias y la presión sobre las cadenas de suministro obligaron a México a adaptarse, diversificar y fortalecerse.
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Guerra de aranceles México EEUU
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CubaSí

En lugar de aislarse, México consolidó su papel como socio estratégico de Norteamérica, atrajo inversión  y reforzó sectores clave como manufactura, exportaciones y logística.  Estos ajustes elevaron su resistencia frente a choques externos y le dieron mayor peso regional.

Y es que decisiones pensadas para debilitar pueden, en ciertos contextos, acelerar la transformación y el crecimiento, por lo cual se explica por qué México ocupa hoy una posición más sólida en el escenario global.

CONTRADICCIÓN

Hay una ironía suprema, casi teatral, que recorre los pasillos de la Casa Blanca en este preciso instante.

Donald Trump regresó al poder con la promesa de hacer a Estados Unidos grande otra vez con el proteccionismo más virulento, tal como un martillo mágico que blande una y otra vez contra quienes discrepan.

Sin embargo lo que Estados Unidos no logra comprender, debido a su arrogancia  imperial,  es que cada golpe que lanza contra el comercio global no está sometiendo a México, sino que, paradójicamente, lo está fortaleciendo.

México no está resistiendo la tormenta de Trump, sino que se organiza para fortalecer su posición en el contexto del capitalismo mundial y reducir de una manera que Washington todavía no logra procesar su dependencia estructural histórica del mercado norteamericano.

Olvidemos la crisis fronteriza y la disputa por el aguacate. Lo que está en juego es la reconfiguración del valor de la cadena de América del Norte.

ESTRATEGIA MEXICANA

México ha desplegado una estrategia de tres movimientos simultáneos:

Primero se ha posesionado matemáticamente como el único beneficiario viable de la guerra santa declarada por Estados Unidos contra la República Popular China.

Segundo, y es lo más brillante: ha comenzado a copiar la propia plantilla arancelaria de Trump, pero aplicándola contra Asia para obligar a esas potencias a convertir capital físico dentro de territorio mexicano.

Y tercero, ha iniciado una diversificación silenciosa, pero letal de sus socios energéticos y comerciales, abriendo válvulas hacia Europa y el Pacífico que antes estaban soldadas por la dependencia exclusiva del Tío Sam.

Para Richard Wolff, un marxista, Estados Unidos sigue siendo el Sol alrededor del cual gira la economía mexicana. Eso es innegable. Pero la órbita ha cambiado. México deja de ser un satélite pasivo para convertirse en un cuerpo celestre que puede alterar las mareas en Washington.

Para entender la profundidad de este cambio, debemos sumergirnos  en el contexto tóxico de la guerra comercial total bajo la era de Trump.

La economía mexicana sigue dependiendo de Estados Unidos. Las amenazas sobre los aranceles de un 25% fue una bravata para convertir a México en su muro fronterizo y gendarme antinarcóticos. La lógica de Trump es lineal y brutal, que llega a amenazar con destruir el Tratado de EE.UU. con México y Canadá y aumentaba los aranceles a productos, chinos, indios y vietnamitas para destruir la dependencia a esos mercados asiáticos.

GEOPOLÍTICA DE ALTO NIVEL

México diversifica su comercio y en este año China rebajó sus aranceles a productor que necesita México. En fin es una geopolítica de alto nivel cuando aumenta su comercio con China, explora al respecto en Europa y gestiona bloques comerciales en Suramérica, disminuyendo su dependencia de Washington.

Ya en el 2025, la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, exponía el fraude sobre los aranceles que Trump imponía sin utilizar para nada al Congreso norteamericano, como está dispuesto constitucionalmente, señalando que las deficiencias al respecto eran obra de las propias corporaciones norteamericanas, y previó soluciones para reducir el déficit comercial sin afectar a la economía mexicana y a los trabajadores de los dos países.

La propuesta mexicana es aumentar las compras de productos agrícolas estadounidenses, facilitar inversiones estadounidenses en la industria energética de México, que luego exportaría electricidad hacia el Norte; expandir programas de trabajadores temporales que luego legalizarán flujos migratorios laborales, y desarrollar zonas económicas en la frontera donde ambos gobiernos aprovecharían la  capacidad productiva.

Estas proposiciones reconocen los problemas estructurales de  Estados Unidos porque consume más de lo que produce, ahorra menos de lo que invierte y tiene un déficit comercial crónico que solo puede beneficiarse con la entrada de capital extranjero, que a su vez está en contradicción con ese déficit mediante la balanza de pagos.

Lo que Sheinbaum explícitamente está diciendo es que si quieren realmente disminuir el déficit comercial, necesitan abordar el desequilibrio económico de su propia economía, aumentar el ahorro de su tasa nacional, reducir su déficit fiscal o aumentar genuinamente la capacidad productiva en sectores de la economía interna.

Los aranceles no resuelven estas cosas, simplemente redistribuyen quien paga por el déficit, trasladando el costo de corporaciones a los consumidores y generando ingresos  fiscales que podrían en teoría ayudar a reducir el déficit fiscal del gobierno federal, pero que en la práctica de la administración Trump están siendo utilizados para financiar otros recortes de impuestos de los corporativos en un juego de suma cero, donde los trabajadores estadounidenses terminan subsidiando a las corporaciones estadounidenses mediante un impuesto al consumo disfrazado de política de seguridad nacional.

México, al abordar las causas estructurales del déficit comercial, expone que Trump no está resolviendo lo que dice que está resolviendo, porque su objetivo real es la recaudación fiscal, no la corrección de desequilibrios comerciales.

 

 

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