Mariano Rodríguez: cubanía con alas y espuelas

Mariano Rodríguez. Autorretrato (1938), detalle.
A los 77 años, fallecía en La Habana el 26 de mayo de 1990, el pintor, ceramista e ilustrador Mariano Rodríguez Álvarez, y con su deceso, las artes visuales de la región perdían a uno de los pilares de la segunda generación de la vanguardia histórica de la isla.
Nacido en la capital cubana el 24 de agosto de 1912, Mariano consolidó una trayectoria internacional temprana que lo llevó a formar parte de la mítica exposición Modern Cuban Painters, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), en 1944.
Desde sus años de formación en México durante la década de 1930, Mariano comprendió que el arte de la Isla requería despojarse del rancio academicismo decimonónico. Su pincel, lejos de ser complaciente, se convirtió en un campo de batalla formal donde convivieron el expresionismo, la síntesis cubista y una sensualidad desbordada.

Mariano Rodríguez. “Paisaje del Almendares”, Óleo sobre tela (1956)
La asimilación que hace el pintor de las corrientes vanguardistas universales se tiñe de una urgencia local donde el guajiro, las frutas tropicales y las arquitecturas de la Isla dejan de ser simples motivos para transformarse en estructuras de resistencia cultural.
Su pintura propone una síntesis de la identidad caribeña, que junto a la sensualidad como signo, se apoya en una paleta de colores estridentes donde dominan los rojos, amarillos y azules profundos para apresar la violencia lumínica y el temperamento del entorno nacional.
Aunque su producción abordó naturalezas muertas, paisajes urbanos y dinámicas escenas del campesinado, su figura quedó ligada de forma permanente a la representación del gallo, que le sirvió de motivo para desplegar todo un laboratorio formal para experimentar con la saturación del color, la descomposición de la luz tropical y la energía de la línea.

Mariano Rodríguez. "Gallo". Acrílico sobre cartón (1972)
Mariano eleva al gallo a la categoría de emblema ético y viril del pueblo cubano, descomponiendo sus plumas y espuelas mediante líneas dinámicas que transitan de la figuración a la abstracción.
Así, convierte a esa ave en metáfora del mestizaje y la vitalidad insular, consolidando una poética visual tan cubana como universal, que desafió los cánones academicistas de su tiempo y redefinió las coordenadas de la plástica latinoamericana del siglo XX.
Piezas emblemáticas de los años cuarenta, como Guajiro con gallo o Pelea de gallos, dan testimonio de esa búsqueda de síntesis identitaria.

Mariano junto a una de sus obras. Foto: tomada de delahabanalcielo.blogspot.com
Más allá del lienzo, la influencia del artista se extendió a la gestión cultural y la política institucional del continente tras el triunfo de la Revolución Cubana. Ejerció la vicepresidencia y posteriormente, a raíz del fallecimiento de la fundadora y primera presidenta de esa institución, Haydée Santamaría, Mariano Rodríguez asumió la Presidencia General de la Casa de las Américas en 1980, cargo que ocupó de manera formal hasta 1986, cuando fue sucedido por el intelectual Roberto Fernández Retamar.la presidencia de la Casa de las Américas,
Desde Casa de las Américas, Mariano impulsó el intercambio intelectual y la visibilidad de los creadores latinoamericanos en momentos de fuerte aislamiento diplomático para el país.
Su legado material, resguardado por instituciones como el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana y colecciones de relieve internacional, sigue siendo objeto de revisión historiográfica y de exhibiciones retrospectivas que analizan su impacto en la modernidad artística latinoamericana.
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