DE LA TELEVISIÓN: Hablar de ciencia... y hacer drama

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DE LA TELEVISIÓN: Hablar de ciencia... y hacer drama
Fecha de publicación: 
28 Noviembre 2018
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Uno siempre espera que una teleserie dirigida por Rudy Mora trascienda, desde el punto de vista de la factura, la medianía de las puestas en pantalla de la Televisión Cubana. ConCiencia, la teleserie de los sábados (Cubavisión, 8.30 p.m.), es un producto más que digno, en algunos acápites, sobresaliente... al menos si tomamos en cuenta la «norma» cubana.

Mora es un realizador cuidadoso, interesado... Está convencido de que en un audiovisual se puede (¿se debe?) «narrar» con todo: fotografía, montaje, musicalización, «coreografía», ambientación... Y por eso, no descuida nada, le otorga importancia a todo el entramado.

Esa vocación resulta notable en ConCiencia. Y es más que plausible: muchas veces los directores cubanos confían demasiado en los libretos y en la capacidad de los actores para concretarlos... y terminan por descuidar la puesta... y por maltratar el libreto que pretendieron honrar.

Claro (y esta puede ser una apreciación polémica), en ConCiencia esa voluntad puede llegar a abrumar... y uno termina por extrañar secuencias y planteamientos «convencionales» ante la búsqueda permanente de planos interesantes, contundentes.

Pero al César lo que es del César: Rudy Mora es uno de nuestros mejores directores. Ojalá que sus creaciones marcaran los estándares de calidad de los dramatizados en la televisión.

Lo más polémico de ConCiencia, en definitiva, no es la puesta, sino precisamente la historia (las muchas historias) que la sustentan.

La ciencia puede ser un ámbito arduo para la recreación dramática. Hay muchos peligros: didactismo, especialización a ultranza, poco interés general por las tramas específicas.

La teleserie intenta salvar esos escollos y a los conflictos profesionales de los protagonistas (el abanico es tan amplio que nadie diría a estas alturas que hacer ciencia es algo aburrido) suma dilemas personales, los problemas del día a día, los dimes y diretes, las volubilidades del carácter… porque (y este parece ser unos de los presupuestos) los científicos son personas como usted y como yo: no son (solo) esas criaturas «elevadas» que presentan los reportajes de la televisión.

Lo que sucede es que los móviles de las peripecias pueden llegar a resultar demasiado enfáticos (partiendo de la necesidad misma de hacer drama desde la ciencia) y demasiados los «frentes» que se abren. El resultado es una red tan tupida y contrastante que ha llegado a asombrar a los espectadores: «¿de verdad estas son historias reales?».

Valdría aclarar (¿habría que aclararlo?) que ConCiencia es una serie de ficción, aunque, como se explicita, esté basada en hechos reales. Los espectadores que la asumen como documento limitan su proyección y demandan lo que no corresponde: veracidad antes que verosimilitud.

El realizador tiene todo el derecho a jerarquizar y organizar su material, sin necesidad de atenerse a «la realidad», respondiendo a sus presupuestos. Y Rudy Mora ha escogido lo que le ha interesado.

Su sinceridad, su ética, su compromiso están fuera de discusión; pero parece demasiado preocupado por no «frivolizar» el material… y complejiza en demasía.

De cualquier forma, la serie deja claro que en la ciencia (y en cualquier otra actividad humana) hay material para «armar» historias… aunque contarlas de la mejor manera siga siendo el reto.

No habría que exigirle a ConCiencia los esquemas tradicionales del melodrama (por más que una parte del público lo haga y la propia serie los conjure con más frecuencia de lo que esté dispuesta a reconocer). Pero sin recurrir a las fórmulas de laboratorio se podría dosificar mejor...

El tema no está cerrado…

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