CRÍTICA DE CINE: Personal Shopper

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CRÍTICA DE CINE: Personal Shopper
Fecha de publicación: 
30 Agosto 2017
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¿Se acuerdan de la chica que quería ser vampira en la saga de Crepúsculo (Twilight)? Pues ha seguido su curso en el mundo de la actuación con cintas como Personal Shopper, donde encarna a una joven cuyo trabajo es comprarle la ropa a una actriz famosa.

Atención. ¡La película reinventa el cine de fantasmas! Lean este peculiar argumento: Kristen Stewart está en París porque allí es donde murió su hermano gemelo. Él ha muerto de una afección cardiaca, una rara enfermedad que también ella padece. Antes de morir hicieron el pacto de que si existía vida después de la muerte, él regresaría a decírselo mediante algún tipo de señal.

La nostalgia por el hermano se hace en esta cinta eco de la soledad de un mundo narcisista, donde estamos rodeados de teléfonos iPhone y de un marketing constante, pero nos seguimos preguntando lo mismo que nuestros antepasados, hace miles de años: ¿existe o no vida después de la muerte?

Incluso desde la incredulidad, el deseo de volver a ver a su hermano es tanto, que Kristen Stewart espera que su fantasma le dé alguna señal. Lástima que lo haga con la interpretación excesiva que la caracteriza. Demasiados tics y caras de angustia, y lo peor, una vez que te pones a pensarlo… ¿no son los mismos gestos de cuando interpretó a Bella Swan, la chica enamorada de un vampiro de 117 años?

Personal Shopper envuelve al espectador en un callejón sin salida… lleno de pistas falsas. Es el caso de cuando la protagonista empieza a recibir mensajes en su móvil de un desconocido que la acosa y la confunde. Incluso después de terminada la cinta, ni ella ni nosotros tenemos idea de si quien le escribía era un acosador común o un íncubo sin alma… ¿o algo intermedio? Quién sabe. Por momentos, ella piensa que puede ser el hermano muerto, pero ese detalle nunca se aclara.

La cuestión es que en medio del buen gusto, la estupidez y la tecnología que la rodea, el personaje que encarna Kristen le empieza a contar a ese desconocido que le envía sms, sus más íntimos pensamientos y deseos. Antes de escribir en el móvil estaba sola, llorando la muerte de su hermano. De luto. Pero desde la conversación con el extraño que escribe sms, pero que no quiere identificarse, hay algo de alivio, algo de consuelo y compañía en el medio de su desesperación y ensimismamiento.

De ahí que la mirada ansiosa que tiene Stewart ante su móvil encarna un poco la preocupación que provoca lo sumergidos que vivimos en las redes sociales. (Bueno, quizás no en Cuba. Pero ya sabemos que Cuba no es el mundo). En el resto del mundo el universo tecnológico está omnipresente. Tanto, que turba. Tanto, que es fácil que, en un momento de debilidad, una chica termine contándole a un desconocido lo que está haciendo, lo que hará. El que está del otro lado de la pantalla puede no tener rostro, pero está leyéndonos. Está ahí para nosotros. Y es más de lo que muchos tienen.

Personal Shopper (Olivier Assayas, 2016) es un filme inquietante, pero cierto en tanto cruce entre el cine de fantasmas y la estupidez social que se vive hoy día.

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